Boca, con épica y mística en Brasil: Paredes, sobre la hora, le dio el triunfo contra Vasco da Gama y lo metió en la final de la Copa Sudamericana
El Maracaná es un templo. Desde la calle parece una nave espacial y desde adentro es un viaje de emociones por toda la galaxia. El paseo por la oscuridad de la noche de Río de Janeiro dura 90 minutos y si el capitán es Leandro Paredes se abre un universo de posibilidades. Al campeón del mundo se le ocurrió meter una maniobra llena de astucia para que el vértigo del paseo, además, fuera memorable. Paredes es de otro planeta y llevó a Boca a Barranquilla, donde el 21 de noviembre jugará la final de la Copa Sudamericana.
El triunfo del equipo del Vasco Arruabarrena en Río de Janeiro por 3-1 contra Vasco da Gama quedará en el recuerdo de los hinchas de Boca que viajaron a Brasil y que se hicieron sentir en el mítico estadio y también en los que lo siguieron por televisión y reventaron las gargantas para despertar a los vecinos con ese grito pelado por los balcones cuando a los 43 minutos del segundo tiempo Paredes tiró una pared con Milton Delgado y le pegó desde afuera del área para que el balón hiciera una curva en el aire, le picara cerca de los pies a Leo Jardim y se instalara en la red para sellar la victoria y también la ventaja en la serie, que hasta ahí se iba a los penales.
Boca ganó con autoridad en el Maracaná. Debía revertir el 0-1 de la ida en la Bombonera y a los 4 minutos ya había igualado con el cabezazo letal de Lautaro Di Lollo tras un córner desde la izquierda de Lautaro Blanco. El central le ganó en el salto a Santiago Sosa y apagó rápido la euforia de los más de 70.000 hinchas del Vasco da Gama que ya se sentían con un pie en la final.
Al Vasco Arruabarrena le salió todo bien. Primero, la decisión de guardar a Paredes en el banco; segundo, la inclusión de Sebastián Villa desde el inicio para armar un 4-3-3 con el colombiano, Merentiel y Flores en un campo amplio y abierto como es el del Maracaná. Y tercero, porque en ningún momento metió al equipo demasiado cerca de Alvaro Montero, una tentación en el inicio del complemento cuando estaba 2-0 arriba en el marcador y por primera vez arriba en la llave. El gasto físico y emocional ahora era del local, y armar una línea de 5 para cuidar la ventaja era una opción. Pero Arruabarrena mantuvo la postura. Y ganó.
También le pagó Miguel Merentiel, que en la ida comió banco para que jugara Enner Valencia, y el uruguayo definió con la tranquilidad que a veces le falta para aumentar el marcador cuando se escapó solo a espaldas de los centrales después de la asistencia de primera de Villa. Iban 34 minutos del primer tiempo y Boca ya había hecho lo más difícil de la serie de 180.
Al Vasco el Maracaná al final le jugó en contra. Porque la amplitud del campo favoreció a Boca y porque el público rápidamente empezó a mostrar su fastidio. El local no pateó al arco en todo el primer tiempo. Las piernas le empezaron a pesar y las ideas no llegaban a la cabeza. Y la visita tuvo niveles individuales muy altos. Di Lollo y Facundo Herrera fueron impasables. Rodrigo Battaglia nunca perdió el rumbo en la mitad de la cancha. Mientras que Milton Delgado y el Ruso Ascacibar son dos sabuesos que van a todas y después juegan. A esa dupla se sumó Paredes a los 13 minutos del segundo tiempo. Y congelaron el partido.
Pero nunca no se sufre en las copas. Una transición rápida, una pelota de izquierda a derecha, donde el entrenador portugués Pedro Emanuel había cargado de gente con los ingresos de Marino Hinestroza y el Puma Rodríguez, y fue el lateral uruguayo el que clavó un derechazo para el descuento que igualaba la serie. El público se encendió y otra vez el griterío fue ensordecedor. Pero Boca no se volvió loco y manejó la pelota siempre por abajo, con tranquilidad, con precisión. Y con la clara idea de buscar rápido a Villa o a Flores a las espaldas de los laterales.
El partido se volvió a aplacar y el camino a los penales parecía inevitable. Pero a la novela de la semana, Paredes le tenía guardado un final épico. Con los ingresos de Valencia y Alan Velasco, Boca revitalizó la energía en el ataque. Y en una jugada aislada, el capitán sacó el derechazo letal que se le metió a Jardim. Desgarrado y todo. Con apenas 11 días de recuperación, después de haber coqueteado con ser titular para despistar al rival, sin parte médico oficial y luego de un tratamiento especial con plasma para curarse más rápido. Solo Paredes y Arruabarrena saben qué pasó puertas adentro. Pero salió todo redondo. Y Paredes condujo a Boca para dar otra vuelta por el espacio para aterrizar en Barranquilla en busca de una nueva estrella.
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