A 20 años de la muerte del feroz represor “Pajarito” Suárez Mason, que articuló la maquinaria del terrorismo de EstadoPor Ángel Chollet

Si bien llevaba el apodo en apariencia inocente de “Pajarito”, también se lo conocía como “El carnicero del Olimpo”. Y ese último lo describía con precisión a Carlos Guillermo Suárez Mason, uno de los militares más crueles y temidos de la dictadura y uno de los cerebros del golpe que derrocó a María Estela Martínez de Perón el 24 de marzo de 1976. En aquel tiempo era responsable de la Jefatura II de Inteligencia y del Primer Cuerpo de Ejército, controlando en forma absoluta la Policía Federal, la de la Provincia de Buenos Aires, la Gendarmería y la Prefectura.

Fue decisivo su rol mientras el primer triunvirato, conformado por el entonces teniente general Jorge Videla, el almirante Eduardo Massera y el brigadier Ramón Agosti, pergeñaban el golpe de Estado e iniciaban el llamado por ellos mismos “Proceso de Reorganización Nacional”. Y así se mantuvo hasta 1979.

El “Señor Suárez” como se lo llamaba en el club de sus amores, Argentinos Juniors, donde fue arquero en divisiones inferiores y luego dirigente, también compartió la promoción en el Colegio Militar de la Nación con los mencionados Videla y Viola, ex presidentes de facto.

Fue nada menos que el responsable del funcionamiento de más de 60 Centros Clandestinos de Detención y Tortura, entre otros Automotores Orletti, el Pozo de Banfield, La Cacha y El Olimpo, donde se ganó el mote mencionado de “carnicero” por su ferocidad y violencia, que le valieron acusaciones por homicidios agravados por alevosía reiterados, privación ilegal de la libertad agravada por amenazas y violencias reiteradas: tormentos reiterados, tormentos seguidos de muerte; robos reiterados; sustracciones de menores; reducción a servidumbre; usurpación; secuestros extorsivos, supresión de documento público y apropiación de hijos de desaparecidos.

Era tan poderoso que además tenía bajo su control al por demás temido jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, Ramón Camps, y al Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, desde donde surgía la organización y ejecución de los secuestros.

Los antecedentes de Pajarito resultaban más que útiles para el gobierno de la dictadura. En 1951 formó parte del frustrado derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón que supo liderar el general Benjamín Menéndez, terminó exiliándose en Uruguay y recién pudo volver al Ejército después del golpe concretado por la Revolución Libertadora.

Durante el gobierno de otro dictador, Juan Carlos Onganía (1966/70) fue agregado militar de la embajada argentina en Ecuador. En 1975 fue clave en el desarrollo del Operativo Independencia durante el gobierno de Isabel Perón, puesto en marcha el 5 de febrero por el Decreto N.º 261/75 para “neutralizar y/o aniquilar” el accionar de lo que se definía como “elementos subversivos” en la provincia de Tucumán, que un año después culminó en el golpe de Estado.

Cuando fue jefe del Estado Mayor General del Ejército durante la crisis entre Argentina y Chile de 1978, promovió la ejecución de la Operación Soberanía por la disputa del canal de Beagle. Además coordinó acciones extraterritoriales de expertos argentinos en Bolivia, Honduras, El Salvador y Nicaragua, todo en el marco de la guerra contra el comunismo.

Luego de pasar a retiro en 1982 y concluida la guerra de Malvinas resultó designado interventor en YPF y su tarea fracasó y generó un cuantioso pasivo para la empresa. Cuando llegó la democracia en 1983 escapó hacia Centroamérica y Estados Unidos bajo la sospecha de haberse llevado documentos secretos con la intención de que desaparecieran y se convirtió en prófugo.

El pedido refería específicamente a un sistema de órdenes secretas verbales llamadas a controlar la conducta de los miembros del Primer Cuerpo de Ejército dadas por Suárez Mason. En 1988 fue traído a la Argentina para ser juzgado. Pero en diciembre de 1990, el presidente Carlos Menem lo terminó indultando.

No obstante, en 1998 la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina determinó que se lo investigue por la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos en cautiverio, delito no contemplado en los indultos ni en las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. Por eso fue detenido con prisión preventiva y por su edad recibió el beneficio del arresto domiciliario. Pero como se le ocurrió festejar su cumpleaños con un asado en Argentinos Juniors, se le revocó la detención domiciliaria y terminó preso en la cárcel de Villa Devoto.

En 1999, durante el juicio por la apropiación de doce hijos de desaparecidos, develó que el ministro del Interior Albano Harguindeguy era el que tenía listas de personas detenidas por cuestiones relacionadas con la lucha contra la subversión.

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