La mano de Ponzio en River: cómo hizo el histórico capitán para cambiarle la cara al equipo en apenas dos partidos

Después de la salida de Eduardo Coudet, River ganó dos partidos y mostró una nueva cara, con Leonardo Ponzio como técnico interino y capitán -ahora desde afuera- del barco riverplatense. Son solo dos encuentros, es cierto, pero se respira otro aire y más allá de los triunfos ante Banfield e Independiente Rivadavia, hay cuestiones futbolísticas y hasta externas a lo que pasa estrictamente en el campo de juego que le permiten a los hinchas ilusionarse con por fin ver a un River diferente y más cercano a la identidad del club. ¿Cuáles son las razones de este cambio?

Las modificaciones posicionales

En River hay un manual de estilo futbolístico histórico que marca un juego con la pelota al pie, por abajo, con un equipo que sea protagonista y ofensivo. Y para ello, es importante el diagrama del equipo. En su inicio como DT, Leonardo Ponzio dejó de lado el doble cinco (que puede servir en circunstancias puntuales pero no como algo permanente), jugó con un “5” posicional como Fausto Vera, soltó a Thiago Almada para ser enganche y colocó a Tobías Andrada y Tomás Galván como internos. Así, con Sebastián Driussi como “9”, el flamante entrenador juntó a los buenos con los buenos, generó sociedades y River tomó vuelo futbolístico.

Los cambios no tiraron al equipo para atrás

Si bien ante Independiente Rivadavia demoró un poco en hacer los cambios, cuando los hizo, Ponzio dio en la tecla. Y al igual que con Banfield fue clave no tirar al equipo para atrás, sino que siguiera atacando. No puso a un defensor para armar línea de cinco como hizo varias veces Coudet.

De hecho, tres minutos después de los ingresos de Juan Cruz Meza y Lucas Beltrán, River convirtió el tercer gol frente a Independiente Rivadavia con un golazo de Tomás Galván tras un remate de afuera del área luego de recibir un pase de Beltrán.

Incluso, el propio Ponzio desde el banco les pidió a los jugadores que siguieran atacando y buscando el tercer gol tras el descuento del paraguayo Alex Arce para Independiente Rivadavia de Mendoza.

Los millones invertidos empiezan a dar sus frutos

Ángel Correa ya venía mostrando sus destellos con Coudet y en los últimos dos partidos confirmó su categoría. Es capaz de inventar una jugada para abrir caminos aun cuando River no está en partido. Y no solo juega sino hace jugar al resto. Lleva la pelota cortita al pie y cuando encara en velocidad le genera dificultades a los marcadores que lo terminan volteando y al hacerlo dentro del área, genera penales, como sucedió el domingo con Independiente Rivadavia.

Thiago Almada es un gran socio para Correa porque tiene el mismo lenguaje futbolístico y en el toque corto se potencia. También lleva en el alma la gambeta, un sello de su estilo de potero, lo que le permite destacarse en espacios reducidos. Y desde su llegada, River empezó a jugar mejor, incluso en el final del ciclo de Coudet.

Tobías Andrada empieza a soltarse cada vez más y desde atrás filtra los pases para que la pelota les llegue con claridad a Almada y Correa y hasta se asocia a ellos en el ataque.

Así, los 45 millones de dólares invertidos entre estos tres futbolistas empieza a dar sus frutos.

La motivación de los jugadores

Los cambios traen nuevas oportunidades y hay otro semblante en los futbolistas, que son conscientes también que deben poner la cara tras varios momentos de frustraciones. Hay un plantel renovado, que terminó de armase hace muy poco y se percibe una química diferente. Hasta los que arrancan como suplentes se encuentran motivados y con ganas de mostrarse.

Los suplentes entran bien y este lunes jugaron un amistoso (dos tiempos de 25 minutos) en el RiverCamp de Ezeiza, contra All Boys, al que golearon 3 a 0 con goles de Lautaro Pereyra, Rafael Borré y Lucas Beltrán, en un equipo que formó con Ezequiel Centurión; Givanni González, Tobías Ramírez, Lautaro Rivero, Francisco Ortega; Meza, Lucas Silva, Mauro Arambarri, Pereyra; Borré y Beltrán.

La mesura y el conocimiento del club de Ponzio

A pesar de las dos victorias consecutivas en su estreno como entrenador, Leonardo Ponzio fue cauto en la conferencia de prensa, en la que se maneja con buen vocabulario y frases cortas.

“La actuación fue buena contra un equipo que juega muy bien. Lo bueno es que nos asociamos, tuvimos un buen juego asociado y sostenido, lo que es viable por los jugadores que tenemos y así pudimos sacar la diferencia», comentó el santafesino.

Y agregó: «El que me conoce sabe que hablo con el corazón y conozco a esta casa. A los jugadores les hago notar que todo es día a día, recién pasaron diez días desde que arrancamos y hay que ir paso a paso. Todos los días nos ponemos a prueba, eso es algo que aprendí de los entrenadores que tuve. Estamos en un club en el que siempre hay que dejar todo e ir para adelante siempre, hay que enfocarse en eso y dar el 100%».

Si bien Ponzio no nació en la cuna riverplatense, estuvo 10 años como jugador en Núñez entre sus dos etapas y pasó por todas. Desde los días más difíciles a los más gloriosos. Puso el cuerpo en el ascenso, y después de ser rescatado por Marcelo Gallardo, ganó dos Libertadores y como capitán levantó la Copa en Madrid.

A su vez, se convirtió en el jugador con más títulos en la historia de la institución, con 17. Tuvo su partido despedida, está en la bandera de los ídolos, y antes de ponerse al frente del equipo, estuvo trabajando en la secretaría técnica. Ahora, le toca liderar desde el banco de suplentes, con el traje de DT.

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