La producción de petróleo alcanzó en mayo su nivel más alto de la historia, impulsada por el shale neuquino, que ya explica la mayor parte de la oferta local.

Hace tiempo que todo lo relacionado con el crudo viene ganando relevancia en la Argentina. No solo por su impacto macro, sino también por el lugar que empieza a ocupar dentro de la historia de varias compañías locales vinculadas a la producción, transporte, almacenamiento y comercialización de energía. El último dato disponible de producción de hidrocarburos, correspondiente a mayo, volvió a reforzar esa idea. En ese mes, la producción de petróleo en Argentina marcó un nuevo récord y alcanzó un promedio diario de 893,2 kbbl/d, el nivel más alto de la historia. La marca no es una sorpresa. Más bien confirma una tendencia que viene ganando fuerza desde hace varios años: el país produce cada vez más crudo y ese salto está directamente ligado al desarrollo de Vaca Muerta.
Entrando en detalle, el avance se explica casi por completo por el shale. Mientras la producción convencional mantiene una caída gradual, el no convencional volvió a crecer con fuerza y alcanzó los 622,7 kbbl/d a nivel nacional, una mejora de 39% frente a mayo del año pasado. Esto permitió compensar el retroceso de las cuencas maduras y llevar el total a niveles que no se veían desde fines de los ’90. En el fondo, lo que se observa es una mutación cada vez más clara de la matriz petrolera argentina. El convencional, que durante décadas sostuvo la oferta local, va perdiendo peso, mientras que el shale pasó a ser el principal motor del sector. Esta transición también está en línea con la estrategia que vienen impulsando las principales compañías, entre ellas YPF, que con su plan 4×4 puso el foco en acelerar el desarrollo del no convencional y orientar una parte creciente del volumen hacia la exportación.
Para ponerlo en perspectiva, el promedio anual histórico más alto había sido de 846,9 kbbl/d en 1998, mientras que en lo que va de 2026 ya se ubica en 885,9 kbbl/d. La diferencia es que aquel pico respondía a una estructura productiva distinta, mucho más apoyada en yacimientos convencionales. El récord actual, en cambio, llega con el shale como protagonista y con una base que todavía tiene margen para seguir ampliándose si las obras de midstream necesarias avanzan.
En este punto, el peso de Neuquén dentro del mapa energético argentino es determinante. La provincia, donde se concentra Vaca Muerta, explica cerca del 71% de la producción total del país y en mayo alcanzó los 636,3 kbbl/d, con un salto de 35,8% anual. El dato muestra hasta qué punto cambió la estructura del sector. En Neuquén, el shale llegó a 616,6 kbbl/d y ya representa prácticamente toda la producción de crudo provincial. El convencional, en cambio, continúa perdiendo participación y se ubicó en apenas 18 kbbl/d.
Hacia adelante, la clave pasa por sostener este ritmo. La capacidad productiva viene mejorando, pero durante años la evacuación fue una de las principales limitantes del desarrollo no convencional. No por falta de recursos, sino porque para convertir ese potencial en barriles efectivos hacen falta ductos, terminales, almacenamiento y capacidad de exportación. En ese sentido, Vaca Muerta Sur aparece como una de las obras más importantes. El proyecto busca conectar la producción neuquina con la costa atlántica de Río Negro, donde se desarrollaría una terminal que permitiría aumentar significativamente las exportaciones de crudo. Si avanza según lo previsto, una parte de esa traba logística podría empezar a quedar atrás a principios de 2027.
A esto se suman otros desarrollos que también podrían jugar un rol importante en los próximos años. El RIGI aparece como una herramienta relevante para darle mayor previsibilidad a las inversiones de gran escala, especialmente en proyectos vinculados a Oil & Gas. Además de la infraestructura de evacuación, también hay iniciativas asociadas directamente al aumento de la oferta. Entre ellas, YPF presentó el proyecto LLL Oil, enfocado en acelerar el desarrollo de Vaca Muerta con una mirada exportadora, mientras que Chevron solicitó el ingreso de El Trapial, otro desarrollo no convencional de gran magnitud. En conjunto, este tipo de proyectos apunta a que el avance del shale no quede condicionado por restricciones operativas o logísticas. Si las obras y las inversiones avanzan, Argentina podría posicionarse como un jugador internacional relevante en la producción y exportación de crudo.
Desde una mirada de mercado, las compañías más expuestas a esta tendencia ya tuvieron un muy buen recorrido en el último tiempo. Aun así, si los volúmenes continúan subiendo y la capacidad de evacuación acompaña, el sector energético argentino todavía tiene terreno por recorrer. Dentro de ese universo, nuestros top picks son Vista Energy (VIST), YPF (YPFD) y Pampa Energía (PAMP), tres compañías que están directamente expuestas a esta historia. Vista por su exposición más pura al shale y su crecimiento operativo, YPF por su escala y rol central en Vaca Muerta, y Pampa por su presencia integrada dentro del sistema energético local.

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