Lo que se pretende es que no ocurra. El objetivo es el mismo, el fin, no solo del gobierno de Maduro sino del régimen castrochavista, pero se hace en forma tal que el propósito es máxima presión, pero en lo posible, evitar una acción militar que se prolongue en el tiempo, y si ocurre, que sea de entrada y salida.
¿Es algo nuevo? ¿Una aplicación de la “Doctrina Trump” del uso de la fuerza militar? ¿Una decisión solo para Venezuela que persigue su adaptación a la legislación existente para este tipo de casos?
Me explico.
El primer paso fue la declaración que decía que el gobierno era ilegítimo, ya no más una coalición política, sino un instrumento bajo control de la delincuencia organizada transnacional, el segundo, fue definirlo como un Cartel del narcotráfico, el de Los Soles, cuyo líder era Maduro, a quien se le duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a su captura, estrategia que diera resultado en casos como el de Sadam Husein. El tercer paso se hizo presente cuando se señaló públicamente que el grupo en el poder era, además, un grupo terrorista que desarrollaba una guerra híbrida contra EEUU por distintas vías tales como alianza con Irán y Hezbollah, inmigración masiva ilegal, ser uno de los principales abastecedores de cocaína, utilización del Tren de Aragua como recurso delincuencial contra la potencia.
El cuarto paso fue de igual o aun mayor importancia, el presidente Trump, el secretario de Estado Marco Rubio, la fiscal general Pamela Bondi, la directora de Seguridad Nacional Kristi Noem, todos quienes tienen algo que decir en este tema han declarado públicamente que Venezuela no tenía presidente, sino que desde el 28 de julio del año pasado, Maduro además de un prófugo de la justicia, era un usurpador después que se robara esa elección, cumpliendo así con la que era y es un requisito legal para poder hacer lo que se está haciendo. ¿Por qué? Porque desde Reagan hay una directiva presidencial que dice que EEUU no puede actuar contra gobiernos legítimamente electos, consecuencia de las recomendaciones del Comité Church, que en 1975-76 revisó en el Senado la intromisión de Washington en la política interna de Chile como también pasó revista a operaciones de inteligencia que incluyeron intentos de asesinatos contra líderes extranjeros, lo que después se reflejó en diversas decisiones políticas.
Es, por lo tanto, un requisito legal para la intervención de la Casa Blanca, lo que se unió a otra declaración de la mayor importancia, Terry Cole, el director de la DEA (la Administración de Control de Drogas) acusó a la dictadura de colaborar con el ELN y las FARC para enviar droga a EEUU, por lo que la definición de Venezuela como un narcoestado en alianza con la guerrilla colombiana tampoco es algo menor, sino de la máxima relevancia por la cantidad de resoluciones y dineros destinados a combatir guerrilla y narcotráfico vía el Plan Colombia, donde entre el 2001 y el 2016, sobre USD 10.000 millones en ayuda fueron entregados, solo superado por Israel en esos años, además que Petro ha hecho mucho por enemistar a la Casa Blanca, unido a otra advertencia importante, la hecha a ciudadanos y residentes de EEUU. para que no viajen a Venezuela por el riesgo de detención ilegal o secuestro, basado en antecedentes reales donde ciudadanos estadounidenses han sido encarcelados solo para extraer concesiones de Washington.
Ir contra las drogas utilizando recursos militares no es novedad en EEUU, toda vez que existe una “guerra” contra las drogas al menos desde el gobierno de Nixon, una que acumula muchas más derrotas que éxitos. El narcotráfico, es sin duda, el mayor instrumento del crimen organizado, y no solo en Latinoamérica, ya que ha estado muy presente en Afganistán y en la guerra civil de Siria, siendo un importante instrumento de financiación de Hezbollah, solo por citar un ejemplo en el Medio Oriente, y en la actual relación de la dictadura venezolana con movimientos terroristas, desde los colombianos a los musulmanes, como también con los carteles mexicanos, otra preocupación estadounidense.
Lo que ha variado es que la relación entre crimen organizado y narcotráfico ha pasado a ser quizás el mayor peligro para la democracia en Latinoamérica, con la aparición vía el castrochavismo de los narcoestados, de los cuales Venezuela y el Cartel de los Soles son ejemplos paradigmáticos. Sin perder la democracia, lo habían sufrido antes los colombianos en los 80s como también México en este siglo, sobre todo, con los “abrazos” de López Obrador. Faltaba EEUU, por ello pasa a ser tan relevante que la llamada Doctrina Trump haya definido al crimen organizado transnacional como lo que efectivamente es, una potente amenaza contra la seguridad nacional.
En cierto modo, lo que está pasando con Maduro no es novedad ya que también se intentó en el primer gobierno de Trump, al menos en dos ocasiones. En el año 2018 Washington mantuvo contactos con tres grupos de militares disidentes, pero al final nada se hizo, fundamentalmente por desconfianza que se tuviera éxito debido a que los interlocutores no les parecieron lo suficientemente serios.
Hoy, tal como se puede deducir de los pasos dados por la administración Trump, todo indica una mejor preparación, es decir, una elaboración más detallada para generar la caída de Maduro. El tema ya no es más si cae o no la dictadura, sino el cuándo y cómo ello se produce, no si pasa. Es un cambio profundo.
La verdad es que, por demasiado tiempo, EEUU ignoró el hecho que haber perdido no cualquier aliado, sino uno que poseía las mayores reservas de petróleo del mundo, era no solo una fuerte derrota geopolítica, sino que desde Caracas el chavismo fue una amenaza permanente para EEUU y otros países aliados en la región. Sin duda alguna, ahora no se organiza una movilización militar que consulta buques de asalto, tres destructores, más de 4000 tropas de elite, aviones de reconocimiento y submarinos solo para buscar drogas, ya que cuando Washington incurre en ese costo y junta a esta fuerza, es solo en una de tres ocasiones, primero, ejercicios militares con países amigos y/o aliados (ej. OTAN, Operación Unitas), segundo, advertencia para disuadir a un adversario o enemigo (ejemplo, Hutíes, Corea del Norte), tercero, ataque militar (Irak). No es ninguna de estos tres, pero tampoco es un aviso a China o Rusia que no intervengan, ya que nada indica que lo vayan a hacer, aunque seguramente apenas terminen las negociaciones con China por los aranceles, van a tener que discutir con ellos un tema de su seguridad nacional, como lo es el abastecimiento de petróleo.
Lo que ha movilizado EEUU puede causar mucho daño, pero es insuficiente para ocupar un país como Venezuela, además de recordar que después que se derrotara con facilidad a Saddam Husein el 2003, hubo caos a partir del día siguiente, por la insuficiente cantidad de tropas que pudieran proporcionar seguridad. Más aún, si se piensa que la invasión de Panamá se resolvió militarmente en minutos, a pesar de ello, si se le suman las distintas acciones de apoyo, se requirió movilizar más de 30.000 efectivos.

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