Las zoonosis son enfermedades infecciosas transmisibles naturalmente desde animales vertebrados al ser humano, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En ese sentido, por ejemplo, los gatos “pueden ser portadores de gérmenes dañinos que pueden enfermar a las personas. Esto puede ocurrir incluso cuando parecen sanos y limpios“, tal como advierten los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
Aunque la posibilidad de transmisión es baja, los expertos plantean que es fundamental el cuidado responsable de estos felinos.
En determinados contextos, los organismos de salud recomiendan adoptar precauciones adicionales. “Las personas inmunodeprimidas y las mujeres embarazadas no deberían limpiar la caja de arena si es posible”, destacan los CDC, y sugieren el uso de guantes y lavado de manos inmediato si no hay otra opción.
Por su parte, el Departamento de Salud de Wisconsin advierte que “los gatos callejeros tienen más probabilidades de portar parásitos intestinales e infecciones bacterianas que pueden transmitirse a usted o a su familia”. Por eso se recomienda evitar su adopción sin una revisión veterinaria previa y mantener a los gatos domésticos dentro de casa.
La prevención es la principal herramienta para evitar la transmisión de enfermedades zoonóticas. La Cornell University College of Veterinary Medicine aconseja:
También se sugiere mantener la higiene del entorno, cambiar filtros del aire acondicionado, desinfectar superficies y limpiar con frecuencia el área donde duerme el animal. “El contacto con tierra contaminada por excrementos de gato es una fuente común de exposición a parásitos”, aclara el Departamento de Salud de Wisconsin.
Provocada por el parásito Toxoplasma gondii, esta infección puede pasar a los humanos por contacto con heces de gato infectadas, tierra contaminada o carne cruda. Según la Mayo Clinic, “la mayoría de las personas infectadas no presenta síntomas”, no obstante, “la toxoplasmosis durante el embarazo puede provocar un aborto espontáneo y defectos congénitos”.
Los gatos pueden excretar el parásito durante una o dos semanas después de infectarse, pero los ooquistes permanecen activos en el ambiente durante meses, según explica la Cornell University.

Salmonella es una bacteria que puede encontrarse en las heces de gatos infectados. Se transmite por contacto con materia fecal o alimentos contaminados. “Los síntomas pueden comenzar entre uno y tres días después de la exposición”, explica la Mayo Clinic, e incluyen fiebre, diarrea, vómitos y calambres abdominales.
El riesgo aumenta si el gato es alimentado con carne cruda o si caza aves o roedores.
Esta parasitosis causada por Toxocara cati se contrae al ingerir accidentalmente huevos presentes en tierra o superficies contaminadas. “Los gatos pueden eliminar estos huevos sin tener síntomas”, explica el Departamento de Salud de Wisconsin. En humanos, las larvas pueden migrar al hígado, pulmones o incluso a los ojos, lo que provoca fiebre, tos persistente o pérdida de visión.

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