San Juan se convirtió en un verdadero imán turístico, registrando un movimiento masivo que superó ampliamente las proyecciones iniciales de ocupación hotelera, que se estimaban en un 75%. Según un reciente informe de CAME, la provincia cuyana brilló con un lleno casi total en sus destinos más emblemáticos.
Localidades como Calingasta e Iglesia alcanzaron niveles de alojamiento del 95% y 90% respectivamente, demostrando ser los puntos predilectos de los visitantes. Valle Fértil también exhibió un notable desempeño con un 75% de ocupación, mientras que Jáchal llegó al 55% y el Gran San Juan (Capital y alrededores) se ubicó en un sólido 50%.
La clave del éxito radica en la gran diversidad que ofrece San Juan: paisajes imponentes, experiencias culturales enriquecedoras, una propuesta gastronómica variada y una agenda de actividades religiosas que atrajo a un público heterogéneo. La provincia recibió tanto a turistas con reservas previas como a un importante número de visitantes espontáneos, ávidos por descubrir sus encantos.
La agenda diagramada para los visitantes incluyó recorridos por iglesias y monumentos históricos, festivales de música que vibraron en distintos puntos de la provincia, ferias artesanales donde se lucieron los productores locales y paseos por escenarios naturales únicos, con el imponente Parque Provincial Ischigualasto como estrella indiscutible.

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