Roberto Vassolo: “Las empresas que se van lo hacen cansadas de la Argentina y del maltrato” Por Sergio Serrichio
Telefónica, Mercedes-Benz, ExxonMobil, Equinor, Procter&Gamble, Itaú, Makro. La salida de empresas extranjeras que venden sus negocios a empresarios locales y se van de la Argentina es extensa y no fue revertida por el cambio de orientación de la política económica, del intervencionismo estatal a una economía más abierta y en proceso de desregulación, aunque todavía con cepo cambiario y varios dólares.
Según Roberto Vassolo, las dos grandes fuerzas detrás de las salidas son el hartazgo con el “maltrato” argentino y, en algunos casos, reacomodamientos globales a los que el país no se adaptó favorablemente.
Vassolo es profesor titular de Política de Empresas del IAE Business School de la Universidad Austral. Licenciado en Economía de la UCA, con postgrado de la Universidad di Tella y Ph.D en Gerenciamiento Estratégico de la Purdue University (EEUU). Es uno de los dos co-editores de Long Range Planning el más antiguo Journal de investigación de estrategia empresarial del mundo, de la editorial científica Elsevier y ha escrito en publicaciones con referato, como Harvard Business Review. Sus libros incluyen Strategy as Leadership (Stanford University Press), Dirección Estratégica en Países Emergentes (Granica) y El Negocio de la Grieta (Galerna).
En los últimos 20 años Vassolo trabajó en consultoría estratégica con empresas argentinas, multilatinas y multinacionales de distintos sectores industriales. Argentino al fin, su campo de investigación se lee así: “dirección estratégica en entornos de alta incertidumbre, con foco en el impacto de la volatilidad macroeconómica en las empresas de negocio, y el liderazgo estratégico”.
En diálogo con Infobae, Vassolo explicó la salida de empresas extranjeras, evaluó la capacidad de medidas como el RIGI y las desregulaciones para revertir ese proceso, subrayó la importancia del consenso político y la seguridad jurídica, explicó el “sesgo cognitivo” y la “memoria corta” que suelen tener las empresas y cuál es el atractivo del discurso del presidente Javier Milei a escala global. La Argentina, recordó, tiene 5 o 6 puntos menos de inversión en relación al PBI que el promedio mundial, y sin inversión no es posible mejorar la productividad ni reducir la pobreza. Además, dijo que para las empresas es más importante salir del cepo ordenadamente que cuanto antes y que la persistencia de fenómenos como la inflación y los problemas con el dólar son “inentendibles” para las casas matrices de las multinacionales que operan en la Argentina.
—Si tuviera que jerarquizar las causas por las que las empresas extranjeras se van, o querrían irse, de la Argentina, ¿cuáles serían las más importantes y por qué?
—En la salida de empresas hay reacomodamientos inerciales, la concreción de decisiones que se venían madurando desde antes que asumiera el actual gobierno. Por eso en un marco de mayor normalización se materializaron salidas de empresas cansadas de la Argentina y del maltrato. Hay dos motivos principales: por un lado, como dije, el cansancio con un país que te maltrata e interviene en los flujos de negocios, expropiándote. Porque cambiarte el tipo de cambio, impedirte la remisión de utilidades o imponerte nuevos impuestos luego de realizar una inversión son formas de expropiación. Y el segundo motivo son los reacomodamientos globales, como los casos de Wal Mart o Telefónica. Cuando hay reacomodamientos globales y un país no hizo su tarea, cae en la volteada. Pero en la mayoría de los casos la causa de la salida es el maltrato. Por eso algunas empresas aprovechan la normalización para irse, ejecutar decisiones ya tomadas. Esas dos razones, maltrato y reacomodamiento global, explican la mayor parte de las salidas.
—¿Qué reformas podrían detener y eventualmente revertir este proceso? ¿Políticas como la desregulación de la economía o herramientas como el RIGI son suficientes para atacar los problemas que menciona?
—Son buenas medidas para incentivar la inversión en la Argentina. El empresario o el capital nacional tiene mayores mecanismos de recuperación o de presión sobre sus derechos adquiridos que un capital extranjero. Si voy a poner capital bajo tierra, eso tiene riesgo. El RIGI, además de incentivos, te da herramientas: si el gobierno cambia las reglas puedo ir a litigar a Nueva York y protegerme. Y la desregulación que está haciendo Federico Sturzenegger puede hacer viables proyectos que hoy son inviables por el costo regulatorio. Pero en cualquier caso importa cuál es la percepción de los inversores sobre la madurez del sistema político, sobre lo que puede suceder en el futuro. Preguntas como ‘¿el que viene después cuán de acuerdo estará con estas reglas?’. Ahí los capitales en general son muchísimo más prudentes. No ven que lo que esté diciendo Milei esté necesariamente extendido al arco opositor.
-Muchísima, aunque un decreto puede estar enmarcado en lo que la ley permite. En todo caso uno puede preguntarse si es bueno que la ley argentina brinde tanto espacio a los decretos. Como regla general, es mucho mejor una ley que un decreto. Una Corte Suprema de Justicia con miembros designados por decreto no es lo mejor, no ayuda. Luego está la interpretación de los constitucionalistas. Pero la ley tiene un límite cuando hay mayorías que van y vienen y revierten derechos adquiridos. Como regla general, cuanto más consenso haya entre la dirigencia, mejor. A menor nivel de consenso, mayor inseguridad jurídica. Es lineal. La desregulación y el RIGI son buenos, pero mejores si se complementan con consensos a largo plazo. Los consensos del 100% son impensables, pero es deseable que haya algunos consensos que excedan al gobierno de turno.
—Ud señala que las empresas globales “tienen una memoria más corta de lo que uno esperaría luego del maltrato sufrido”. ¿En qué sentido o por qué lo dice?
Si uno analiza el comportamiento de la Argentina en los últimos 80 años, es muy difícil justificar la entrada de capitales al país. Tenemos récord de violaciones sistemáticas de la ley, tenemos políticos en gobernaciones importantes que han sido violadores seriales de contratos. Y aún así algunas capitales vuelven. Son miopes, pero tampoco es que se estén tirando de cabeza a la Argentina. En el RIGI hay dominancia de YPF y capitales nacionales. El mundo no viene corriendo a la Argentina. Están viendo, observando. Y es sorprendente que lo hagan, dado nuestro comportamiento histórico. La rentabilidad es una zanahoria muy fuerte. Y hay buena rentabilidad en algunos sectores. Además, hay sectores como minería y petróleo y gas acostumbrados a operar en países y entornos muy difíciles, cosas a las que otros sectores, como consumo masivo, no están acostumbrados.

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