Rember Yahuarcani: «El arte no necesita del paternalismo histórico académico»Por Juan Batalla

“Mi nieto va a llevar el conocimiento de los abuelos y de los ancestros por el mundo”, dice Martha, abuela del pintor peruano Rember Yahuarcani, quien se presenta en el Museo Marco La Boca, con Juma. Preservar la memoria. Imaginar el futuro, una maravillosa muestra que ingresa en la iconografía Uitoto, pueblo indígena amazónico al que pertenece el artista.

La frase -que forma parte del documental El canto de las mariposas de Núria Frigola Torrent– es una suerte de presagio, ya que se produjo años antes de que Yahuarcani tomara el vuelo internacional que lo llevó este año a participar de la muestra central de la Bienal de Venecia y en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

En su DNI figura como Santiago Nazareno Rember Yahuarcani (Pevas, 1986). Aunque él se reconoce como Ribetɨaɨ, su nombre originario, que refiere a las plumas superiores de las aves, las que ayudan a alzar vuelo y a mantener el equilibrio. Así, tal como predijo su abuela, desde sus inicios en 2004, Yahuarcani tomó altura para exponer en diferentes partes del mundo más allá de Latinoamérica, como Norteamérica, Europa y Asia.

Este es el debut en el país de Yahuarcani, un artista y activista que en su obra condensa los saberes y la historia de la Nación Uitoto y lo hace con una voz propia, con un estilo en el que sus seres luminosos surgen de una oscuridad que, si bien está relacionada con el origen de la cosmogonía que representa, puede pensarse también como un estado de las cosas, en las que las comunidades enfrentan desafíos por sobrevivir y, a su vez, la necesidad de que sean los propios pobladores quienes relaten sus orígenes.

Yahuarcani pertenece al clan de la Garza Blanca, que es de donde proviene el nombre de la muestra que, curada por Sandra Juárez, se despliega en los dos niveles de Marco, con una riqueza de historias representadas, eso que los antropólogos llaman mitos y leyendas.

Juma es un personaje importante dentro de la cosmovisión de la familia. Literalmente sería el hombre garza. O sea, los pueblos indígenas asentados en la Amazonía generalmente no tienen apellidos, solamente nombres. Y entonces, dentro de esta gran sociedad originaria, se reconocen por animales, peces, árboles o algún fenómeno natural. Los uitotos somos del clan de la Garza, porque mitológicamente el hombre garza es nuestro primer antecesor, descendemos de él. Y él vivió en este territorio que hoy conocemos como La Chorrera, nuestro territorio ancestral”, explica el artista en un recorrido con Infobae Cultura.

El artista viene de una familia de artistas que producían obras para turistas. “Mis padres hacían pinturas muy básicas al principio, como costumbrista, escenas de la cotidianida, pintábamos loros, guacamayos, pirañas. Un arte más de demanda del turista. Pero ya a partir del 2003, que yo llego a muestras hay como una suerte de profesionalización, y nos vamos separando de eso, para armar un discurso más artístico”.

Por su parte, Júarez comenta sobre el espíritu de la muestra: “El norte principal fue que no sea la voz del curador, sino la del artista. Trabajo en general las curadurías como procesos y me interesa mucho saber qué es lo que quiere decir y mostrar en ese momento. Lo que hice fue tender el puente hacia el público para comprender una cosmovisión, un cúmulo de conocimientos que nos son ajenos, pero desde un lugar de mucho respeto hacia lo que él quería decir”.

Y el artista suma: “Normalmente, cuando se presenta un artista indígena en un museo, se tiende a folclorizar o exotizar, con una carga muy importante de objeto de estudio. Entonces, durante este proceso y las veces que discutimos con Sandra de cómo debería ser esta muestra, no queríamos alimentar esos estereotipos que a nosotros nos han mantenido en los márgenes del debate y la discusión”.

“Entramos a la maloca y la idea es que una vez que se traspasa el conocimiento indígena, ya estamos listos para recorrer la muestra y aparecen todos estos seres”, dice sobre la instalación, que está intervenida con líneas que representan a los ríos, sobre un fondo negro que “es el primer color” y refiere a Buinaima, quien “sobre la oscuridad, el agua y el frío creó el mundo” y es por eso, explica, que un muchas de sus obras la oscuridad se repite como fondo.

A la izquierda, la pieza Elaboracipon de Llanchama revela esta creación del mundo, “con el primer dios en aparecer en la tierra, el Sol, y después la Luna, y así. A partir de eso, aparecen los seres que habitan en los territorios indígenas y los nuevos dioses de acuerdo a las necesidades de estos primeros humanos, que tenían formas vegetales y animales, con membranas. Entonces somos lo que vemos en los cuadros, aves, peces, serpientes, árboles o flores”.

La pieza, como otras de la expo, está realizada sobre llanchama, una corteza de árbol con “la que los pueblos construyeron su cushma (NdR: vestido de una sola pieza) al no tener acceso al algodón”, situación que se presenta en la pintura de 2004 Elaboración de Llanchama.

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