Ante esta coyuntura, más que analizar cada factor de forma aislada, el principal riesgo es que estos factores comiencen a retroalimentarse entre sí. Una mayor emisión puede presionar los rendimientos al alza, tasas más elevadas encarecen el refinanciamiento y el crédito, mientras un nuevo shock inflacionario puede dificultar cualquier relajamiento monetario.
Si esas condiciones terminan afectando el consumo y la actividad, el deterioro fiscal podría exigir todavía más financiamiento y profundizar el mismo proceso.
En ese contexto, algunos analistas empiezan a discutir si la acumulación de estas tensiones puede derivar en una “tormenta perfecta” para los mercados, pese a que Wall Street todavía opera cerca de máximos históricos. Consultados por Ámbito, especialistas analizaron cuáles son hoy los principales focos de riesgo, cómo podría desarrollarse una crisis de este tipo, qué activos ofrecen mejores oportunidades y cuáles podrían ser las consecuencias para Argentina.
El mercado de deuda concentra las primeras señales de tensión
Para Alberto Bernal, jefe de Estrategia Global de XP Investments, la señal más preocupante está en la velocidad con la que vienen subiendo las tasas internacionales. En particular, destacó el movimiento de 15 puntos básicos en una sola rueda del Treasury a diez años, tratándose del bono más líquido del mundo.
“El incremento que estamos viendo en las tasas de interés internacionales es muy agresivo”, sostuvo Bernal. A su vez, consideró llamativa la relativa tranquilidad que todavía conserva el mercado de acciones y ubicó al mercado de renta fija entre los principales riesgos sistémicos del momento.
El problema, según explicó, es que las herramientas para revertir esa dinámica son limitadas. Por un lado, vinculó parte de la presión sobre las tasas con la interrupción de los flujos energéticos a través del Estrecho de Ormuz, cuyo impacto sobre el petróleo vuelve a alimentar las expectativas de inflación.
Además, apuntó al incremento de la emisión corporativa de los grandes hyperscalers para financiar infraestructura de inteligencia artificial, que agrega demanda de capital al mismo tiempo que los gobiernos mantienen fuertes necesidades de colocación.
Sin embargo, Tomás Sisto Bourel, research & investment analyst de Fortress Capital, introdujo una distinción importante. Para el analista, el petróleo constituye principalmente un riesgo coyuntural, ya que antes del conflicto las proyecciones para 2027 mostraban un mercado con mayor oferta que demanda y un Brent por debajo de u$s60. Por eso, consideró que una normalización geopolítica podría revertir una parte importante del shock actual.
En cambio, Sisto Bourel ubicó el problema de fondo en otro lugar. “El escenario de tasas parece encaminado a mantenerse elevado por más tiempo”, explicó, mientras el deterioro fiscal y el crecimiento de la deuda estadounidense aumentan las necesidades de refinanciamiento. Así, incluso si el petróleo retrocediera, la tensión vinculada con el costo y el volumen de deuda podría permanecer.
Impactos de la suba de tasas y el riesgo de un círculo vicioso
La preocupación aumenta porque la caída de los bonos no queda encerrada dentro del mercado financiero. A medida que bajan sus precios y suben los rendimientos, el costo del dinero se traslada al resto de la economía mediante tasas hipotecarias, préstamos personales, tarjetas y financiamiento corporativo.
Bernal señaló precisamente ese mecanismo como uno de los principales riesgos hacia adelante. Si las tasas continúan aumentando, sostuvo, también se encarecerá el crédito hipotecario y de consumo en Estados Unidos, en un momento en que los hogares ya enfrentan problemas de «affordability», es decir, una creciente dificultad para sostener determinados niveles de gasto con sus ingresos.
De esa manera, una dinámica inicialmente concentrada en los bonos podría comenzar a retroalimentarse. Tasas soberanas más altas elevan el costo del crédito, un financiamiento más caro reduce el consumo y la inversión y, si la desaceleración se profundiza, vuelve a aparecer el riesgo de recesión.
El análisis de Fortress pone el foco en otro posible canal. Sisto Bourel considera que la persistencia de déficits elevados y una deuda creciente podría terminar traduciéndose en una pérdida de poder adquisitivo del dólar, ya sea a través de una inflación más persistente o de una depreciación de la moneda en términos reales.
En ese escenario, afirma que los bonos que pagan intereses fijos quedarían particularmente expuestos, porque los pagos que recibe el inversor perderían valor frente al aumento de los precios. Por eso, la renta fija tradicional podría ofrecer una peor protección que determinados sectores de acciones o activos reales.
Ante estos escenarios, se vuelve relevante identificar no solo dónde puede originarse una eventual tensión, sino también por qué duración pueden tener estos desequilibrios y qué activos están mejor preparados para atravesarlos.
A partir de ahí, la discusión pasa de identificar los riesgos a definir cómo posicionarse frente a ellos. La respuesta depende, en buena medida, de cuánto duren estas tensiones y de qué factores terminen predominando.
Dónde aparecen las oportunidades si aumenta la tensión
La paradoja es que estas tensiones conviven con mercados accionarios que todavía permanecen cerca de niveles récord. De hecho, el Nasdaq volvió a marcar máximos esta semana impulsado por las compañías vinculadas con inteligencia artificial, aun cuando el mercado de bonos viene atravesando episodios de fuerte volatilidad.
Para Bernal, esa divergencia entre renta variable y renta fija resulta difícil de ignorar. Sin embargo, lejos de descartar por completo los bonos, actualmente ve oportunidades precisamente en la renta fija de EE.UU., bajo la hipótesis de que una eventual descompresión del conflicto en Medio Oriente reduciría el precio del petróleo y aliviaría parte de la presión inflacionaria sobre las tasas.
El estratega vinculó esa apuesta con su expectativa de que las negociaciones con Irán puedan retomarse después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
Según su lectura, una eventual reducción de la tensión geopolítica debería provocar una caída del crudo y, con ella, mejorar las condiciones para determinados instrumentos de renta fija.
Sisto Bourel adopta una estrategia diferente. Dentro de la renta variable, Fortress observa una relación riesgo-retorno atractiva en minería y energía, dos sectores que podrían desenvolverse mejor en un escenario de mayor inflación global y pérdida de poder adquisitivo de las monedas.
Aun así, tampoco abandonan el atractivo del sector tecnológico. Sisto Bourel señaló que mantiene una visión favorable sobre las Magnificent Seven y determinados segmentos de semiconductores, aunque incorporó una advertencia sobre el volumen de capital que está absorbiendo la inteligencia artificial. Para el analista, los actuales niveles de inversión vinculados con IA representan un riesgo importante y justifican una mayor cautela.
Argentina ante un mundo de tasas altas y activos reales
Para Argentina, el escenario presenta una combinación particular. Por un lado, una suba persistente de las tasas internacionales representa una dificultad para una economía que necesita recuperar acceso estable al crédito externo, ya que eleva la tasa libre de riesgo sobre la cual se agrega el spread soberano argentino.
Sin embargo, Sisto Bourel considera que la composición productiva del país podría ofrecer una contrapartida importante. Desde Fortress destacan la exposición de Argentina a energía, minería y agro, sectores vinculados con activos reales que, bajo su hipótesis de pérdida de poder adquisitivo del dólar y mayor inflación internacional, podrían verse favorecidos.
La minería aparece especialmente como una apuesta de largo plazo. Sisto Bourel reconoció que todavía falta tiempo para que el sector modifique de manera significativa la balanza comercial, aunque sostuvo que eventualmente podría convertirse en uno de los principales motores estructurales de generación de divisas de Argentina.
De esta forma, el mismo escenario global que encarece el financiamiento puede abrir oportunidades por otro canal. Si las tasas altas, la presión fiscal y la búsqueda de activos reales sostienen el valor de commodities estratégicos, Argentina podría beneficiarse por su capacidad de aumentar las exportaciones de energía, minería y agro, aunque el resultado dependerá de que ese potencial productivo logre materializarse al mismo tiempo que el país enfrenta un mercado internacional de capitales más exigente.





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