No es una pregunta capciosa, ya que por muchos años me ha interesado el tema de cuál es el momento en que un autor abraza la doctrina por él creada, ya que en las ciencias sociales no es habitual un descubrimiento, sino un proceso de años, entonces me he preguntado qué pasa con las ideas que desarrolló antes, aún más si en el caso de Marx nos encontramos con algunas que después se transformaron en doctrina de Estado.
En mi caso, lo que había ocurrido es que hasta hoy siempre lo había hecho en publicaciones y congresos académicos y por primera vez me propongo hacerlo con un público más amplio, a propósito de una segunda pregunta, en el siglo posterior al colapso de la Unión Soviética, me pregunto si sigue teniendo influencia, y si la tiene, de cuál Marx estamos hablando, toda vez que hay varios Marx, así como hubo y hay varios marxismos. Muchos de sus libros recién serán publicados en el siglo XX, y algunos de los más conocidos son polémicas con otros socialistas, ya que, en su vida, no se le concedió la santificación que recibió después de muerto, como también otros están escritos a cuatro manos con su amigo y benefactor, Engels. En su obra hay tanto escritos rigurosos como panfletarios, al igual que escribió en más de un idioma. Hay textos teóricos, análisis extremadamente detallados y otros, muy generales. Más aún, muchos de sus artículos y columnas periodísticas, algunas habituales, muchas de las cuales fueron escritas por su hija Jenny, una de las tres que tuvo, que al igual que las otras dos fueron relevantes en la difusión de sus ideas, un rol no siempre reconocido en la historia del marxismo. Otros cuatro murieron en la infancia.
Marx fue esencialmente un crítico de la sociedad que le tocó vivir, y contrariamente a lo que se cree, esta abundante obra tiene pocas referencias a cómo entiende que será concretamente la futura sociedad socialista, no más de tres de alguna relevancia, y aún menos, salvo consignas proféticas, el comunismo, de tal modo es cierto lo anterior, que cuando se transforma en política de Estado, se le agrega el leninismo después de un guion.
No hay una definición sociológicamente precisa de clase social, aunque ello se confunde con la importancia que le atribuye al proletariado como portador de la historia, y por ello, ante su pérdida de importancia, nuevas generaciones les han transferido ese rol a otros portadores. Mao lo encontró en el campesinado, y en el progresismo actual caracterizado por la “interseccionalidad identitaria” abundan quienes lo encuentran en grupos indígenas, géneros variados y el color racial.
Me tocó estudiarlo en varios países, sobre todo en estudios formales, aunque fue llamativa mi experiencia en un Diploma Internacional de Planificación en la Universidad de Varsovia, donde quizás no curiosamente en los años que precedieron la irrupción de Lech Walesa y el sindicato Solidaridad, como testimonio de los años que se vivían, solo uno de los profesores se identificaba como tal y los otros eran liberales que proclamaban las ventajas del capitalismo. Todo un cambio a lo que conocí después de terminar Leyes al matricularme en un Magíster latinoamericano en Economía que no terminé, y donde se impartían cursos separados para cada tomo de El Capital.
Después de todo esto, tengo claro porque no soy “marxista”, aunque me considero un estudioso crítico de una obra relevante, pero cuya importancia fue exagerada, aunque indiscutiblemente influyente. Y no hablo del aspecto político, sino estrictamente que diversas disciplinas vivieron en los ambientes universitarios en constante diálogo acerca de sus escritos. En todo caso, aprendí que algunas de las explicaciones más lúcidas, no se encuentran en sus libros, sino en su correspondencia, por ejemplo, con sus editores.
A mediados de la década del ochenta del siglo veinte, casi la mitad de la población del mundo vivía bajo gobiernos de autoritarios a dictatoriales, que se consideraban seguidores de sus ideas, aunque, por cierto, sería poco serio culparlo a él de lo que se hiciera a su nombre en otras latitudes. Fue un hombre de su época, con opiniones poco gratas, hasta algunos hoy dicen racistas, de los mexicanos, o aseveraciones injustas sobre trabajadores hindúes cuando eran comparados con los escoceses, no por el trabajo hecho sino por la plusvalía. Tuvo el optimismo y la creencia en el progreso indefinido que abundaba en el Londres en el que vivió, aunque es notable cuán poco importante fue su influencia en vida, ya que en general, se asoció siempre con grupos marginales.
Es solo después de su muerte que el sillón que ocupaba en la Biblioteca del Museo Británico pasó a tener su nombre coincidiendo con el despliegue rápido y masivo de sus ideas. Fue el proceso que lo condujo a ser ideología oficial de países, pero también afectó de tal manera sus escritos, que se necesitó de algunos estudiosos para separar sus aportes originales de los múltiples cambios efectuados después de su muerte, sin su participación.
Hoy tiene Marx el problema de muchos clásicos, citados, pero no leídos. En los llamados países comunistas o del socialismo real, rara vez los estudiantes lo leían en serio, ya que eran obligados a hacerlo, como si de la Biblia se tratara. Después de la caída del Muro de Berlín, en occidente, donde se lee cada vez menos, mucha gente se llama a sí mismo marxista, y probablemente no lo han leído nunca, y si lo han hecho no habrá pasado del Manifiesto Comunista. En la vereda opuesta ocurre lo mismo, aquellos que lo descalifican a veces repiten ideas suyas, por cierto sin saberlo, sobre todo, en esquemas materialistas (que por lo demás, vienen de Hegel) o en la exageración de la influencia de lo económico sobre otras facetas de la vida, como también de lo contrario, de quienes utilizan una expresión por él jamás usada, el Marxismo “cultural”, para urdir una especie de teoría conspirativa que estaría imponiéndose en el mundo, en una manera no bien explicada.
A Marx, cuya vida transcurre entre 1818 (Alemania) y 1883 (Londres) se le calificó de varias formas, filósofo, historiador, economista y/o revolucionario. Fue criado en un hogar de clase media acomodada. Su familia era de origen judío, pero su padre se convirtió al protestantismo por razones de posición social, quebrando con una tradición familiar de varios rabinos. Marx, rompe intelectualmente con su herencia en un libro conocido como La Cuestión Judía, publicado en 1844 como reseña de dos obras de Bruno Bauer.
A los 17 años ingresó a la Facultad de Leyes de la Universidad de Bonn, y en el curso de sus estudios se comprometió con la hija de un prominente Barón, con la cual se casó. Con seguridad, poco debe haber imaginado Jenny von Westphalen que su matrimonio con este seguidor del romanticismo alemán, la arrastraría a una vida de privación y pobreza. Posteriormente, Marx se trasladó a la Universidad de Berlín, donde empezó a militar en el movimiento de los “Jóvenes Hegelianos”, grupo de seguidores de este importantísimo filósofo, Hegel, muerto en 1831. Sin embargo, el grupo no se limitaba al debate teórico, también combatía al gobierno de Prusia, hecho de capital importancia, ya que su carácter opositor le impidió hacer docencia universitaria, su vocación. A cambio, saldrá posteriormente de Alemania, para ser expulsado de Francia, y posteriormente de Bruselas, viajará a Londres, donde residirá el resto de su vida.
Es en Francia que conoce a la persona con quien más colaboraría y se identificaría en toda su vida, su amigo y camarada Federico Engels, quien no solo publicó sus libros, sino que también fue quien le permitiría dedicarse a estudiar y escribir, gracias a una empresa textil en Manchester, propiedad de su padre. Además, será Engels quien reconozca a Freddy, el hijo que Marx tuvo con Elena Demuth, la criada de su esposa, un poco conocido incidente, permanentemente olvidado por algunos de sus biógrafos.

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