Los secretos de Colapinto en el simulador de Alpine: por qué su trabajo fue clave en la mejoría del equipoPor Darío Coronel
Hace unos 30 años el automovilismo tuvo una de sus grandes revoluciones con la llegada de los primeros simuladores. El desarrollo tecnológico llevó a que estas herramientas tengan todos los matices y reproduzcan cada detalle para la formación y entrenamiento de los pilotos. En la Fórmula 1 cumplen un rol preponderante, al punto de tener un equipo trabajando de forma conjunta los fines de semana de carrera. El corregir rápido la puesta a punto de un auto puede valer puntos y eso es lo que hizo Franco Colapinto la semana pasada en Alpine.
La historia cuenta que el primer simulador de F1 lo creó uno de los máximos revolucionarios de la Máxima, Colin Chapman, el fundador de Lotus y autor de cambios que marcaron épocas, como los Lotus 78 y 79, que impusieron el efecto suelo. En los años sesenta, el inglés montó un simulador basado en un auto de la época, para que los fanáticos pudieran despuntar el vicio y hoy puede verse en el Museo World of Speen en Wilsonville, cerca de Portland, Oregón, en los Estados Unidos.
Fue McLaren el que inició el camino súper profesional y uno de sus principales “productos” formados en el simulador fue un chico que por entonces tenía 13 años, Lewis Hamilton, quien encaró al jefe de la escudería inglesa y le dijo que algún día quería correr para ellos. El de Stevenage se instruyó en el simulador del team de Woking y sumado a su talento combinó un entrenamiento que le permitió hacer estragos desde sus épocas del karting. Otros abanderados de los simuladores que alcanzaron la gloria son Sebastian Vettel y Max Verstappen, ambos coronados con Red Bull.
Los simuladores son clave para que un piloto pueda conocer al menos de forma virtual un circuito en el que aún no corrió. Entregan las referencias de frenado, los radios de giro que se deben emplear para encarar una curva, las velocidades que se deben utilizar en diversos sectores de un circuito. A medida que sus desarrollos en software y hardware se fueron potenciando, también crecieron los detalles de los autódromos, el consumo de las gomas y otros desgastes mecánicos en el coche, y en la actualidad hasta se incluyen condiciones climáticas.
No se trata solo del aprendizaje de un trazado. Debido a las herramientas y variables que tienen los simuladores actuales, se puede lograr mejorar el rendimiento de un auto real pese a que esté a 6.400 kilómetros de distancia, como lo hizo Colapinto el viernes pasado en la base de Alpine en Enstone, y que sirvió para que los autos de Pierre Gasly y Jack Doohan pegaran un salto de calidad.
Franco, cada vez que asiste a los trabajos en el simulador, suele tener dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Aunque en los fines de semana de carrera, en el momento de ayudar a conseguir una óptima puesta a punto y encontrar en qué sectores del circuito se pierden importantes décimas, no suelen haber horarios. El viernes pasado, si bien el bonaerense de 21 años subió en su cuenta de Instagram dos fotos entre las 19 y las 00, en realidad estuvo muchas horas trabajando.
El pilarense conoce muy bien los simuladores de F1 y desde su llegada a Williams en su etapa de la academia profundizó la tarea en ellos. “Trabajé mucho en el simulador, me acostumbré mucho desde el primer momento en el que subí. Estuve bastante competitivo y fue algo importante para empezar a acostumbrarme a todos los mandos y controles del volante de un F1″, contó en una entrevista con Infobae en 2023.
“Está muy bueno empezar a entender cómo funciona la F1. Esta preparación sirvió para sacarle el máximo potencial. Es una posibilidad única”, subrayó el campeón argentino de karting en 2018 y de la Fórmula 4 Española en 2019.
Sobre los circuitos en los que giró en el simulador durante ese primer año, reveló que “probé en la mayoría, en Budapest, en Spa-Francorchamps, en Bakú (Azerbaiyán), Australia, Monza, Sakhir (Bahréin), Montmeló, en Barcelona y en el Circuito de las Américas (Austin, Texas). Fue lindo poder probar en el simulador y empezar a entender cómo funciona un F1″.

Para conocer más detalles, este medio también habló con Juan Cruz Álvarez, ex piloto argentino que corrió en la GP2 (actual Fórmula 2) en 2005. “En la época en la que estaba en la GP2 no existía mucho el simulador porque en ese momento no estaba el problema de límite presupuestario en los equipos de F1 y la mayoría iba a probar. No tenía mucha intención en hacer simulación. Después, cuando empezó todo este tema, obviamente los equipos desarrollaron mucho ese aspecto”, recuerda el arrecifeño.
El testimonio de Álvarez sirve como referencia de cómo son los simuladores de F1. “Me tocó hacer la instalación del simulador viejo de Williams, antes de que lo reemplazaran en el año 2019. Aquel simulador igual es una locura y tiene un montón de variables. Lo compró Teo Martin (dueño de un equipo de competición y un instituto que forma profesionales para el automovilismo), que tiene un centro de formación impresionante en España”, agrega. Si bien el simulador era de vieja generación, era óptimo para trabajar en distintas condiciones climáticas. “Se instaló en una sala que tenía condiciones climáticas de humedad y de temperatura, para poner el piloto en contexto del próximo Gran Premio”, subrayó.
En el trabajo, el piloto no está solo: lo respalda un mini staff de carrera en el que solo faltan los mecánicos. “Detrás de la sala donde está el simulador hay otra, de ingeniería, donde están todas las computadoras conectadas a la telemetría del simulador. Tenés un ingeniero de carrera, un ingeniero de estrategia de neumático que lo va probando. Además, un ingeniero en lo que es el simulador y en el hardware para que funcione todo en condiciones. Después, cada equipo obviamente desarrolla su software para aplicar todos los datos que obtienen del CFD (Computational fluid dynamics o Fluidodinámica Computacional)”.

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