las últimas señales de la Fed complican la estrategia del Tesoro


Antes de su debut como presidente de la Reserva Federal (Fed), existían dudas sobre qué tan distanciado iba a estar Kevin Warsh de la política económica de Donald Trump, conducida por su secretario del Tesoro, Scott Bessent. No solo porque ambos fueron «alumnos» del reconocido inversor Stanley Druckenmiller, sino por las declaraciones «dovish» de Warsh antes de su asunción, alineadas con las críticas de Washington a Jerome Powell por no bajar las tasas de interés lo suficientemente rápido.

Sin embargo, los dichos del titular de la Fed en Jackson Hole el viernes pasado dejaron en claro que su principal objetivo es bajar la inflación hasta la meta del 2% interanual, incluso si tiene que volver a subir la tasa. La novedad tomó por sorpresa al mercado, debido a la negativa de Warsh de dar «forward guidance» (orientación prospectiva) sobre la política monetaria del organismo. Aunque eso no evitó que los inversionistas ahora descuenten su próxima reunión dentro de dos semanas.

«El nuevo enfoque comunicacional de Warsh no facilita las cosas», reconoció el economista de Eco Go, Honorio Zabaleta, ante la consultora de Ámbito. «El ‘forward guidance’ dejaba un sendero claro, ahora el mercado está constantemente tratando de adivinar sobre las pocas palabras que Warsh da en conferencias».

Comentó que entre los analistas del mercado entienden que esa es la forma de Warsh de hacer política monetaria: «Que el mercado haga por sí solo el ajuste sobre las tasas largas para así combatir la inflación«. Y explicó que eso «choca con la estrategia de Bessent» de reducir los rendimientos de los bonos de más largo plazo.

«El secretario del Tesoro quiere las tasas bajas, lo vimos en su nuevo anuncio de recompras en el tramo largo. A su vez Warsh pone presión al alza en el mismo tramo. En este tire y afloje, la volatilidad sobre la curva soberana aumenta«, detalló.

En uno de sus últimos informes, el banco londinense Standard Chartered llegó a una conclusión similar. Desde su perspectiva, la iniciativa de Bessent «no aborda los factores fundamentales» detrás de la volatilidad de la deuda soberana norteamericana, es decir, «la carga fiscal y el alejamiento de las orientaciones prospectivas de la Reserva Federal«.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh.

Los distintos factores en juego

Sin embargo, el detonante en esta ocasión fue el reinicio de las hostilidades en Medio Oriente, lo que volvió a disparar los precios del petróleo. El economista de Pepperstone, Felipe Barragán, sostuvo que ese repunte «eleva el riesgo de que la inflación energética vuelva a contaminar expectativas, transporte y costos industriales», lo que contribuye a la narrativa de una suba de tasas.

«El punto clave para las próximas sesiones será determinar si esta combinación representa simplemente un shock temporal de oferta o si comienza a afectar salarios y precios subyacentes. Mientras esa incertidumbre persista, resulta difícil anticipar una caída sostenida de las tasas largas«, agregó.

Otro factor de peso es la competencia a la que se enfrentan los bonos soberanos frente a los bonos corporativos de las grandes empresas tecnológicas. Desde Portfolio Personal Inversores (PPI) explicaron que esas compañías «emiten volúmenes récord de deuda larga para financiar infraestructura de inteligencia artificial».

A modo de comparación, estimaron que «esto ya supera en muy poco tiempo lo invertido en otros grandes proyectos de la humanidad como el ferrocarril, la red de autopistas interestatales, el programa F-35, el Plan Marshall y el programa Apolo«.

Otro factor es el cambio en la naturaleza de los tenedores de deuda estadounidense durante el último tiempo. «Los bancos centrales y fondos soberanos (compradores insensibles al precio, que compran por mandato) redujeron su participación del 59% al 43% del total, y del 63% al 45% en el tramo largo». Ese espacio vacío fue ocupado por el inversor privado, «que exige más rendimiento por cada unidad de riesgo».

La ramificación global

Por último, se encuentra la presión global sobre los Treasuries, ya que no solo los bonos soberanos de EEUU están experimentado una venta masiva. El bono a 10 años del gobierno australiano saltó a 5,18%, su mayor nivel desde 2011. Una situación similar ocurrió con el Bund alemán a 10 años, que avanzó a 3,34%. Episodios similares también se dieron en la deuda de Francia y Reino Unido.

Sin embargo, en donde más se hace notar ese impacto es en la deuda japonesa, con el papel a 10 años cotizando al 3%, su nivel más alto desde 1996. «Los inversores japoneses, uno de los principales tenedores de Treasuries a nivel global, tienen mayores incentivos para repatriar sus ahorros«, explicaron desde PPI ante este fenómeno.

Ese incremento en los rendimientos de los bonos japoneses también impacta sobre el yen, actualmente en torno a los 160 por dólar, un nivel cercano al de la reciente intervención del Tesoro de EEUU. «La debilidad del yen tiene además implicancias más amplias ya que Japón ha sido durante décadas una fuente importante de capital barato para los mercados mundiales«, comentó Barragán.

Y agregó que «un aumento sostenido de las tasas locales podría incentivar repatriación de fondos y reducir la demanda japonesa por bonos extranjeros, agregando presión adicional sobre Treasuries y otros mercados de renta fija».



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