las claves del paper con el que Javier Milei y Demian Reidel buscan dar sustento teórico a la desregulación
El presidente Javier Milei publicó, junto con el físico y extitular de Nucleoeléctrica Argentina, Demian Reidel, una investigación preliminar, aún sujeta a revisión y discusión académica, que busca darle sustento formal a una idea central del programa económico oficial. Según ese enfoque, la eliminación de trabas y la recuperación de los incentivos al trabajo no sólo mejorarían el funcionamiento de la economía, sino que ayudarían a construir una base mínima desde la cual crecer.
El trabajo, titulado «Minimum Viable Scale, Extinction and Escape under Increasing Returns» (Escala mínima viable, extinción y escape bajo rendimientos crecientes), fue anticipado por el Presidente en Davos en 2026. Ahora aparece como el marco teórico de una tesis más amplia, según la cual una economía necesita cierto tamaño, inversión y trabajo para crecer y, si no alcanza ese piso, puede quedar atrapada en el estancamiento.
Lo presentaron como un modelo de «rendimientos crecientes y trabajo endógeno». En términos simples, la idea es que, cuando una economía gana escala, puede combinar mejor capital, trabajo y conocimiento, y producir más también la hace más eficiente. A la vez, el modelo no trata el trabajo como una cantidad fija, sino como una variable que depende de los incentivos y de la decisión de las personas de participar en la actividad económica.
Qué temas trata el paper
A partir de esa premisa, el paper ordena el problema en tres niveles. El primero es el piso físico, que marca cuándo una economía tiene suficiente trabajo efectivo para sostener el capital que se desgasta. El segundo es el piso de retorno, porque no alcanza con que el capital se mantenga. También tiene que rendir lo suficiente para que invertir tenga sentido. El tercero es el umbral de despegue, que aparece cuando una trayectoria de mayor escala se vuelve más conveniente que quedarse en una zona de bajo crecimiento.
El propio documento lo resume al señalar que «algunos stocks de capital no pueden mantenerse» y que algunas economías sólo pueden alcanzar una escala alta si logran superar trayectorias intermedias o salidas hacia abajo. Dicho de otro modo, puede haber situaciones en las que el capital no alcanza para sostenerse, otras donde apenas permite sobrevivir y otras donde crecer pasa a ser la mejor alternativa.
Para sostener esa conclusión, los autores recurren a herramientas matemáticas pensadas para analizar economías donde no hay un único camino posible. En ese marco, Reidel sostuvo que «la realidad es mucho más compleja y no alcanza con la matemática tradicional». Por eso, el paper no busca medir qué tan cerca está una economía real de ese punto, sino mostrar que pueden existir umbrales que los modelos tradicionales no alcanzan a ver.
A partir de ese razonamiento, el trabajo introduce las llamadas «cuñas» (wedges), que son factores que reducen la productividad o debilitan la relación entre esfuerzo y resultado. En la práctica, una cuña puede ser una traba, un impuesto distorsivo, una regulación excesiva o cualquier obstáculo que haga que producir, invertir o trabajar rinda menos. Según el modelo, cuando esas cuñas aumentan, también sube el piso mínimo que una economía necesita para sostenerse, de modo que capitales que antes eran viables pueden quedar por debajo del nuevo umbral.
Sobre esa base, llevaron el resultado al terreno político. Según remarcan, hay dos fuerzas que pueden empujar a una economía hacia esa zona de riesgo. Por un lado, la pérdida de la cultura del trabajo. Por otro, el exceso de regulación. En sus palabras, ambas «suben el piso para sobrevivir y bajan el techo de lo posible». Así, el argumento del paper no presenta la regulación sólo como un costo más, sino como una fuerza que puede achicar el espacio donde la economía todavía puede sostenerse y crecer.
Qué intenta explicar el paper
El paper no busca explicar una coyuntura, sino darle forma matemática a una discusión más amplia sobre crecimiento. La pregunta de fondo es por qué algunas economías logran saltos de productividad y otras quedan atrapadas en trayectorias de baja escala. Para Milei y Reidel, la respuesta pasa por los rendimientos crecientes, la división del trabajo, la acumulación de capital, el conocimiento, la tecnología y la función empresarial.
Ese punto conecta con el discurso de Milei en Davos. Allí, el Presidente sostuvo que los rendimientos crecientes están detrás del salto histórico del PBI per cápita desde la Revolución Industrial. La idea es que, cuando una economía gana escala, la producción puede volverse más eficiente en lugar de encarecerse.
Milei lo vinculó con la fábrica de alfileres de Adam Smith, donde la división de tareas permitía que un grupo de trabajadores produjera mucho más que si cada uno hiciera todo el proceso por separado. En esa misma línea, comparó a la inteligencia artificial con «la versión del siglo XXI» de esa fábrica y la definió como «un potenciador de rendimientos crecientes».
La conclusión política, en este sentido, es directa. Si el crecimiento depende de la escala, la innovación y la apropiación de los frutos del esfuerzo, entonces la regulación no es sólo un costo administrativo. En Davos, Milei dijo que regular empresas para llevarlas al molde de la competencia perfecta implica «matar los rendimientos crecientes» y, con ello, el crecimiento. También afirmó que «las regulaciones destruyen el derecho de propiedad» y que eso reduce el crecimiento.
Paralelos con Argentina y límites del argumento
Ahí aparece el vínculo con la agenda local. Milei presentó en Davos al área de desregulación como el «Ministerio de los Rendimientos Crecientes» y destacó la tarea de Federico Sturzenegger, a quien le atribuyó «13.500 reformas estructurales». En la misma línea, el Gobierno busca asociar la eliminación de trabas, la baja de impuestos distorsivos y la reforma del Estado con una mejora de la eficiencia dinámica.
La otra pata es la cultura del trabajo. Al respecto, el resumen de divulgación del paper sostiene que el modelo «no modela la cultura, modela su consecuencia». Es decir, si una sociedad moviliza menos trabajo efectivo, el piso de supervivencia sube y el techo sostenible baja. Reidel lo sintetizó con una fórmula política al afirmar que la batalla cultural y la desregulación «son, literalmente, cuestión de supervivencia».
Ese punto se conecta con el discurso oficial sobre planes sociales, empleo público, capital humano e incentivos a la producción. En Davos, Milei lo resumió con una frase: «Dejar de regalar el pescado para enseñar a pescar».
Sin embargo, los límites del paper son tan relevantes como sus conclusiones. Los autores aclaran que se trata de «un paper de teoría certificada, no de macro calibrada». También advierten que las economías usadas para probar los resultados son «entornos estilizados de prueba, no calibraciones». Por eso, el trabajo no demuestra que Argentina esté cerca de un umbral de colapso, ni estima cuánto pesa la regulación local, ni prueba que una política concreta garantice el despegue.
La potencia política del documento está en que convierte una consigna habitual del Gobierno –desregular y recomponer la cultura del trabajo- en una proposición formal. Bajo ciertas condiciones, el deterioro económico no necesariamente es gradual, sino que puede cruzar umbrales.
De hecho, los autores advierten que «una decisión de política equivocada puede gatillar un colapso económico». Pero la discusión empírica queda abierta. El paper ofrece una arquitectura teórica para leer el programa económico de Milei, no una prueba de que la Argentina ya esté del lado correcto, o incorrecto, de la escala mínima viable.

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