La Escuela Juan Mantovani es finalista del concurso internacional de escritura


La Escuela Juan Mantovani, de Albardón, quedó entre los tres finalistas de un concurso internacional de escritura y ahora buscará quedarse con el primer puesto mediante una votación abierta al público. La institución participa de la 6.ª edición de «Alumnit@s – Argentina te escuchamos con un cuento escrito» por dos alumnas de 5.º grado.

Alma Ruiz y Maite Lara son las autoras de “El secreto de las termas de La Laja”, la producción seleccionada para representar a la escuela en la instancia decisiva. El relato toma como escenario uno de los lugares característicos del departamento y combina elementos fantásticos con un mensaje relacionado con el cuidado del agua y la naturaleza. Alumnito Producción 1°

La definición será este lunes 28 de septiembre, entre las 10.30 y las 12 horas. La votación determinará qué producción ocupará el 1.º, 2.º y 3.º lugar entre los escritos seleccionados.

Cómo votar por la escuela de Albardón

Quienes quieran acompañar a las alumnas deberán ingresar a durante el horario habilitado. Allí estarán disponibles los tres escritos seleccionados de la región y posteriormente aparecerá el botón para emitir el voto.

La organización estableció que se podrá votar una sola vez por dispositivo en cada región. Un mismo celular, computadora o tablet podrá realizar hasta seis votos en total, siempre que corresponda uno a cada región.

Desde la comunidad educativa buscan sumar apoyo para que la producción de Alma y Maite pueda alcanzar el primer lugar y llevar a Albardón a lo más alto del concurso.

El cuento que llevó a Albardón hasta la final

La historia tiene como protagonista a Lila, una niña que descubre el misterio que esconden las Termas de La Laja. A través de una guardiana de las aguas, el relato plantea la importancia de respetar los recursos naturales y devolver a la tierra parte de aquello que brinda.

“El secreto de las termas de La Laja”

En el valle escondido de San Juan, donde los cerros se visten de nieve eterna y el sol se filtra entre las nubes como hilos de oro, se encuentran las Termas de La Laja. Son aguas calientes que brotan de la tierra desde tiempos inmemoriales, con un color turquesa que parece robado al cielo y un vapor que se eleva como susurros invisibles. Los lugareños saben que no son aguas comunes… pero pocos conocen su verdadero secreto.

Lila era una niña de diez años que visitaba San Juan todos los veranos con su abuelo. Vivían cerca de las termas. Él siempre le decía:

—No te quedes sola al atardecer, ni hables con quien no tiene sombra, ni toques la piedra blanca que está en el fondo del pozo más grande.

Pero las reglas, cuando una es niño, parecen hechas para ser desobedecidas.

Una tarde, el sol se escondía lentamente detrás de los cerros. Lila se acercó a las termas sin que nadie la viera. El aire olía a azufre y a flores silvestres, y el agua brillaba con una luz propia. Se sentó en la orilla, mojando los pies, cuando escuchó una voz suave, como un susurro tembloroso.

La guardiana señaló el pozo más profundo, donde una piedra blanca relucía bajo el agua, tal como su abuelo le había advertido:

—Esa es el corazón de La Laja, la fuente de todo nuestro poder. Pero está perdiendo su brillo porque nadie le ofrece nada a cambio. Las aguas no son solo para ocupar de ellas… también hay que dar.

Lila miró sus manos, y luego miró a la mujer que empezaba a desvanecerse, cada vez más transparente. Sin pensarlo dos veces, se quitó el collar que su abuela le había regalado, un pequeño pedazo de cristal de roca, lleno de recuerdos y amor. Y se sumergió en el agua.

El calor la envolvió como un abrazo antiguo. Llegó hasta la piedra blanca y colocó el collar sobre ella.

En ese instante, todo cambió. Las aguas se iluminaron con un resplandor cegador, el vapor se elevó en columnas danzantes y se escuchó un sonido profundo y hermoso, como si la tierra misma cantara. El corazón de La Laja latía de nuevo.

—¿Por qué vinieron los humanos solo a curar sus cuerpos y nunca escucharon lo que el agua tiene que decir? —preguntó la voz.

Lila levantó la vista. En medio del vapor, apareció una figura: una mujer de cabellos que parecían hechos de agua líquida, con el color de los temores y piel que brillaba como la luna sobre la piedra. No tenía sombra.

Era la guardiana de las aguas, el espíritu que habitaba las termas desde que el mundo era joven.

—¿Quién eres tú? —preguntó Lila sin miedo, pues su voz era tan dulce como el canto de los pájaros.

—Soy el alma de estas aguas —respondió la mujer, acercándose lentamente—. Durante siglos hemos dado calor, curación y vida a este valle. Pero la gente olvida respetarnos. Toman, ensucian el agua sin medida y la tierra se va secando poco a poco. Si las termas se apagan, yo desaparezco y conmigo toda la magia que guardan.

Lila sintió un nudo en la garganta. Recordó a su abuelo, que ya no podía caminar bien y venía aquí con esperanza. Recordó a los vecinos que venían de lejos para aliviar sus dolores.

La guardiana apareció de nuevo, más sólida y radiante que nunca.

—Has dado lo que más querías —dijo ella, con una sonrisa que iluminó todo el valle—. No se trata de riquezas, sino de amor y gratitud. Ahora las aguas volverán a ser fuertes. Pero te doy un regalo: tu collar volverá a ti, transformado, para que recuerdes siempre lo que hoy has hecho

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