La barra de Rosario Central, ese oscuro objeto del deseo: una saga criminal tiene en vilo a una ciudad al rojo vivo
Ema, Chicha, Hugo y otros cinco barrabravas de Central encapuchados bajaron armados con un Magnum .357 y un 32 largo aquel 15 de marzo de 2002 de una Traffic blanca, cerca de la medianoche, y corrieron a un par de muchachos que llegaban de pescar. En ese sector de Villa Gobernador Gálvez lindero con Rosario, cazaron a uno de los blancos y le metieron un par de culatazos, y siguieron a otro joven hasta una casa. Allí, uno de los tiradores gatilló varias veces buscando darle, y un disparo atravesó en la cabeza y mató a un niño de tres años, Nahuel Taiana. Pese a que la versión oficial sostuvo que fue una represalia por el robo de una caja de herramientas, los vecinos dieron cuenta de que los apuntados por el crimen siempre andaban “a los tiros contra otros barras del barrio”.
Ema es Juan Carlos Emanuel Ferreyra y Chicha, su hermano un año menor, Juan Domingo Ferreyra. Ambos terminaron presos por ese crimen cometido 23 años atrás, el día en que se confirmó que un ídolo de Central, César Luis Menotti, dirigiría el primer equipo en un contexto de riesgo por la ubicación del equipo en la tabla de promedios y por la violencia en la tribuna.
El sector oficial de la barra, liderado por Andrés Pillín Bracamonte, arrancaba por entonces su hegemonía, al aliarse con Paco Mono Ferreyra, medio hermano de Ema y Chicha –y célebre por haber incendiado la sede del club en 1994–, en oposición al sector de Los Chaperos, que habían liderado el paravalanchas hasta un par de años antes, cuando empezaron las refriegas, que comenzaban a dejar de lado puñetes, manoplazos y puntazos para elegir directamente dirimir diferencias con armas de fuego.
“Nadie quiere dirigir a Central por la complicación externa que vive el club”, dijo en referencia a la violencia de la barra el entonces presidente auriazul, Juan Carlos Campagna, dirigente al que le adjudicaban buen diálogo con Bracamonte. Un año antes, por ejemplo, un ladero de Pillín, Martín Leopoldo Pitito Martínez, había baleado a un policía tras un clásico en la cancha de Newell’s.
Chicha, Juan Domingo Ferreyra, vivió un tiempo más que Pillín. Histórico de la barra con su hermano Ema en el barrio Tablada, fue ultimado días atrás, el sábado 12 de abril, en su casa de dos plantas de Ameghino al 500.

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