Kevin Warsh se afianza en la Fed y no descartan suba de tasas en diciembre


G.G.: Por tres canales distintos que fueron muy eficaces. Primero, nos avisó John Williams, el presidente de la Fed de Nueva York, quien además maneja la mesa de operaciones, y, por ende, asiste a todas las reuniones con voz y voto.

P.: Williams habló cuando el mercado de bonos estaba al borde del colapso nervioso. Y el berrinche se podía interpretar cómo un mensaje sin filtro – son palabras de Warsh – hacia la Fed de que debía aumentar fed funds pari passu. Pero dijo que no.

G.G.: Tal cual. La nueva medicina, en ese aspecto, es similar a la vieja prescripción. Poner a los bonos en el asiento del conductor de la política monetaria no tenía sentido. Fue un error que duró poco. Warsh lo sugirió, pero tampoco lo defendió a rajatabla. Williams recordó lo básico. La Fed se va a guiar por la data, su evaluación de la situación y sus propios tiempos que no tienen por qué ser los que dictan el pulso de los mercados. Los gobernadores Phillip Jefferson, vicepresidente de la Fed, y Chris Waller repitieron el mismo argumento. Va a haber más subas de tasas, dijeron, pero no hay urgencias.

P.: Comprobamos hoy que, en efecto, no hay apuro. ¿Queda en pie la señal de otra suba de tasas en diciembre?

G.G.: Todo lo demás constante, sí.

P.: ¿Aunque Warsh haya esquivado una respuesta, precisamente por su negativa a anticipar sus próximos pasos?

G.G.: Correcto. Es como el mapa de puntos que se publica una vez por trimestre. Warsh está en contra, no aporta sus “puntos”, pero se sigue difundiendo con la opinión de los 18 altos funcionarios restantes que participan de las deliberaciones.

P.: Y sabemos que es un documento oficial que encierra información relevante.

G.G.: El mapa de puntos (dot plan) conserva su denominación. La forward guidance que no brinda Warsh ni la institución en sus mensajes oficiales, pero que sí han vertido los funcionarios a título personal, no osa llamarse por su viejo nombre. El gobernador Waller ha sugerido denominarla señalización.

P.: Pero sirve igual.

G.G.: Cumple la misma función. Y Warsh, a decir verdad, no se queja. Más bien disfruta de ella. Creo que si no se le complicaría mucho la gestión de la política monetaria (y no ganaría nada).

P.: Es la cuarta reunión que preside Warsh. Dos tuvieron desenlaces acordados por unanimidad. No fue el caso en julio. Tampoco ahora. ¿Qué hay detrás de ese patrón? No es muy normal en una institución que siempre puso el acento en resolver por consenso.

G.G.: No subir las tasas en julio era un riesgo importante. Con el diario del lunes, fue un error. Hubo mucha gente en el comité que lo debe haber pensado así, pero solo tres voluntades no estuvieron dispuestos a transigir. A pesar de que era revelar una discrepancia fuerte con Warsh, prácticamente en el estreno de sus funciones. Ese fue el peor momento del chairman porque tampoco supo explicar la razón de su decisión.

P.: Esa conferencia de prensa fue muy mala.

G.G.: Cómo habrá sido que Warsh las acortó de 45 minutos a media hora. Los argumentos de los disidentes eran simples, fáciles de entender, de sentido común. Era mejor comenzar a subir las tasas de a poco y no tener que hacerlo de forma brusca eventualmente más adelante. Y Warsh no supo exponer ni siquiera la función de reacción que guio su decisión (incluyendo por qué rechazó la propuesta de los disidentes).

P.: Y ahora que volvieron los votos en discrepancia, ¿cuál es la lectura? ¿Es otro paso en falso de Warsh?

G.G.: No. Para nada. Warsh se corrigió en Jackson Hole. Fue más consistente. Y la decisión de septiembre adoptó la posición de los díscolos en junio. Era hora de comenzar a subir las tasas. ¿Quién podía decir que no? Nadie.

P.: ¿Y ahora? La inflación aumentó en septiembre. Volverá a hacerlo en octubre. Basta echar un vistazo a los mercados de energía para saberlo.

G.G.: En septiembre, Warsh tenía que romper lanzas con la presión del presidente Trump. La moción de aumentar las tasas, la misma que rechazó en julio, la presentó él mismo, que era otro paso importante que tenía que dar.

P.: Warsh tenía que probar su independencia de Trump y Bessent. O sea, de sus mentores.

G.G.: Warsh tiene que conducir la Fed. Debe construir su liderazgo. Como lo hizo Jay Powell en su momento. Y dado lo que públicamente piden Trump y Bessent – que es bajar las tasas, no importa cuándo, siempre – y lo que requiere la situación actual, tenía que ejecutar lo que hizo en septiembre. En julio hubiera sido mejor. Pero, ya lo dijeron Williams y los otros, no hay urgencias.

P.: Estas dos disidencias lo cuestionan menos que las tres de julio.

G.G.: La puerta está abierta para otra suba de tasas en diciembre. La discrepancia así es menor.

P.: ¿Los disidentes se repiten o no?

G.G: Han sido cuatro. Tres presidentes de distrito, Kashkari, Logan y Hammack en julio. Hammack volvió a estar en desacuerdo y se sumó, esta vez, la gobernadora Lisa Cook.

P.: ¿Razones?

G.G.: Las sabrá mañana o pasado. Hammack ha dicho que ella es partidaria de una sucesión de pequeñas subas, aunque había dado a entender que podía esperar. En cambio, Logan parecía más apurada y sin embargo se tomó un respiro.

P.: No es tan común que un miembro de la Junta de Gobernadores disienta como hizo Lisa Cook. Ella fue despedida por el presidente Trump, pero permanece en funciones por orden de la Corte Suprema hasta que se resuelva su caso. ¿Cuánto pesa la política?

G.G.: Es la primera vez que Cook se desmarca. Y su decisión no mueve el amperímetro. Acerca de la presión de Trump sobre la Fed, es una constante desde su primer mandato. Nunca hizo mucho por ocultarlo.

P.: ¿La Fed no quiso interferir en la campaña electoral con una suba de tasas a días de la votación?

G.G.: No creo que haya jugado ningún papel en la decisión.

P.: ¿Se afianza la gestión de Warsh? ¿Cómo tomarán los mercados los detalles de la reunión? ¿Habrá algún gato escondido en las minutas, que se difundirán después de la votación?

G.G.: En esta nueva era, no le escuchamos todavía la voz a Jay Powell, que ya no es el chairman, pero sigue siendo gobernador. Y tampoco la necesitamos. Con Warsh y la colaboración de Williams y los demás nos arreglamos bien. La Fed ya demostró que puede subir las tasas, aunque Trump se disguste. Y ya se sabe lo que piensa hacer. Gatillará en diciembre. Si hace falta, repetirá en marzo. Corolario: la nueva Fed no es muy distinta de la vieja. Warsh quiere ponerle su sello personal. Habrá siete reuniones el año que viene en vez de las ocho de antes. Una se dedicará exclusivamente a analizar “la estrategia amplia de política monetaria”.

P.: Ni que Warsh fuera Milton Friedman.

G.G.: Tiene ese tipo de veleidades. Pero mientras no haga daño, poco importa. ¿Qué harán los mercados? La Fed ya no les preocupa. El asunto que viene es la elección, y la reacción de Trump. Dentro y fuera de EEUU. Las guerras sin concluir son un tema. No se puede tensar tanto la cuerda de la crisis de la energía. Pero lo más importante es la marcha de la IA y esbozar una respuesta viable a las quisquillosidades sobre su financiación. Por supuesto, el IPO de Anthropic dará la orden de largada para ensayar el próximo avance. Y en ese sentido lo que los mercados necesitan es que cuando el boom descarrile, la Fed pueda proporcionar la contención en la crisis. Y para eso lo esencial es que no se dañe su credibilidad. Y hoy preservar su músculo y reputación no luce como exigir demasiado. A diferencia de cuando se cometió la gaffe de julio.



Los comentarios están cerrados.