Juampi González, del stand-up a la comedia romántica: “Es un juego distinto”

Con una carrera que arrancó en el stand-up y se expandió al streaming, la televisión y las giras por todo el país, Juampi González se consagró como una de las voces más originales de la nueva comedia argentina. Dueño de un humor sagaz y una espontaneidad que cautivó a miles en las redes sociales, Juampi construyó un camino propio, saltando de los micrófonos de bares porteños a los teatros más importantes del país. En exclusiva con Teleshow, el actor y comediante habló de su presente profesional, el salto a nuevos desafíos y el aprendizaje constante que implica animarse a salir de la zona de confort.

A lo largo de los años, logró transformar su pasión por hacer reír en un fenómeno que trasciende formatos. Desde sus primeros monólogos hasta sus personajes virales y la interacción diaria con el público, supo capitalizar la cercanía con los fans y reinventarse en cada etapa. Hoy, lejos de conformarse con los logros alcanzados, González se anima a explorar matices diferentes en Regla de tres simple, la comedia romántica contemporánea que protagoniza junto a Nancy Gay y que lo pone a prueba en el escenario, más allá de los límites del stand-up tradicional.

El regreso al teatro porteño, de la mano de esta obra escrita y dirigida por Hernán Krasutzky, no solo le permitió sumar nuevas herramientas actorales, sino también conectar con un público ávido de historias frescas, risas y emociones genuinas. Entre anécdotas de sus inicios, recuerdos de su familia, y la experiencia de alternar entre el humor más agudo y la reflexión sobre los vínculos actuales, el humorista comparte el detrás de escena de un presente vibrante, en el que la creatividad y el deseo de seguir creciendo son el motor para seguir apostando al arte y al encuentro con la gente.

—Vos venís del stand-up y las redes sociales. ¿Qué tiene el teatro para vos que esos formatos no?

—Yo vengo muy de la comedia estricta. Y ahora que me embarqué en una obra de teatro donde se ven otros matices, donde se juega con otras intenciones, también con el público, tiene su parte sensible, reflexiva, emotiva por momentos. Esto también es una novedad para mí: visitar esos lugares me gusta y me divierte, salirme solamente de la comedia. Creo que acá se le propone más un viaje al espectador, que tiene que comprar desde el minuto cero y después llevarlo al destino que queremos. Es mi primera vez proponiendo eso. Si bien con el stand-up hay una propuesta, la persona por ahí se puede desconectar en algún momento y volver, se va a enganchar igual. Acá la idea es que se embarque desde el primer momento y no perderlo hasta el final.

—¿Cuál fue el puntapié para decir: “Tengo ganas de probar teatro y dejar, no totalmente, la comedia que hacías, que no era tan estructurada”?

—En parte, la propuesta me gustó porque me permitía continuar con ese lado. A la par, si bien ahora por el estreno y los ensayos puse en pausa un poco mi parte de comediante, este sábado arranco con el personal de vuelta y el mes que viene tengo gira. Algo que me gustó es intentar ponerme a prueba en esa dualidad. Yo venía con ganas de hacer teatro, mis personajes en los shows y en las redes son más caricaturas. El detonante principal fue que me presentaran la obra y me gustó, me divirtió, me reí de solo leerla. Con una frecuencia de chiste muy grande, la gente se ríe mucho. Además, que el contacto lo hiciera Nancy Gay, mi compañera de elenco, tremenda comediante y amiga de mucho tiempo, ayudó mucho. Fue un combo: mis ganas, el proyecto y el equipo.

—En tu pasado estudiaste ingeniería. ¿Cuándo dijiste: “Quiero dedicarme a la comedia y dejar ese mundo”?

Fue cuando terminé la cursada de la carrera. Ahí empecé a tener más tiempo libre y me animé a embarcarme más en la comedia. Más o menos tres años después de la muestra de fin de año del curso de stand-up que hice mientras cursaba ingeniería, ya habiendo terminado la cursada, acepté lo que venía sintiendo: que esto era para mí, que mi desarrollo iba por acá. Siempre sentí un disfrute muy grande en hacer reír, era un poco mi objetivo en los grupos en los que estaba. El rol de hacer reír. No lo concebía como una profesión hasta que vine a Buenos Aires, empecé a hacer cursos, actué, y ver que funcionaba, que me iba bien, que la gente me empezaba a elegir, fue clave. Las veces que funcionaba bien eran muchas más y siempre tuve mucha autoexigencia, así que fue por varios motivos que elegí este camino.

Romper con mandatos familiares y de amigos. Nadie en mi entorno había elegido algo artístico, el salto me quedaba más lejos. Terminé el colegio en Neuquén, donde lo artístico no se incentiva tanto como en Buenos Aires. Vine a estudiar a Capital, lo que facilitó encontrar cursos y ofertas. Lo más desafiante fue animarme y asumir la decisión, y después ver cómo hacer que eso rinda, porque lo artístico conlleva inestabilidad económica. Convertir esa linda sensación en un trabajo suficiente para mantenerme fue un desafío grande.

—¿La obra con Nancy te sacó de tu zona de confort?

Sí, totalmente. Ensayar, que me dirijan, todo me sacó a una incomodidad linda, que tenía ganas de vivir. Es distinto estar acostumbrado a estar solo en el escenario y ahora amoldarme a otro, generar química. Por suerte con Nancy es fácil porque tenemos un código de humor similar. Pero también fue desafiante. Estoy aprendiendo y supongo que esto será un camino largo, no es que a la cierta función ya está. En mis unipersonales rompo mucho los monólogos, interactúo con el público para divertirme y para que no sean todas iguales. Acá, aprenderme un guion que no escribí yo, es un juego distinto.

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