Investigaciones y decisiones en el FMI y en otros lados

“Las ideas de los economistas y de otros intelectuales, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que generalmente se cree. En realidad, el mundo se maneja por poco más que eso. Las personas prácticas, quienes se creen independientes de toda influencia intelectual, son normalmente esclavos de algún economista difunto”, afirmó John Maynard Keynes en la última página de La teoría general. ¿Será esto cierto?, me volví a preguntar, a raíz del nombramiento de nuestra compatriota Silvana Tenreyro como directora de investigaciones económicas del Fondo Monetario Internacional.

Al respecto, conversé con el alemán Norbert Whilhelm Kloten (1926 – 2006), quien enseñó en la universidad de Tubinga, donde fue nombrado profesor permanente cuando sólo contaba con 33 años, ocupando una prestigiosa cátedra que entre 1817 y 1819 había dictado Friedrich List. Presidió el Banco Central Nacional, en Baden-Wurttemberg, a partir de 1976 fue director del Bundesbank, y entre 1992 y 1996 presidió el Consejo Asesor Económico del ministerio federal de finanzas de Alemania. Según Horst Otto Frowen, fue uno de los economistas más influyentes de la República Federal de Alemania, contribuyendo de manera decisiva a su reconstrucción, luego de la Segunda Guerra Mundial. Al comienzo de su carrera académica publicó muchas biografías y trabajos sobre historia del pensamiento económico. Las ideas de pensadores como Enrico Barone, Gustav Cassel, William Stanley Jevons, Alfred Marshall, John Stuart Mill, Vilfredo Pareto, Jean Baptiste Say y otros constituyeron una influencia permanente sobre su pensamiento.

– ¿Para quién trabaja la oficina de investigaciones del FMI?

– Excelente pregunta, nadie piensa que dedica esfuerzos para analizar “lo que se le canta” a cada investigador, sino que colabora con sus hallazgos a mejorar la toma de decisiones de la institución. Parecido a lo que ocurre con el Consejo de Asesores Económicos de Estados Unidos, bien descripto como “una consultora que tiene un solo cliente”.

– ¿Está usted diciendo que la oficina de investigaciones del Fondo se dedica a racionalizar cada cosa que se le ocurre a la directora gerente, o al directorio de la institución?

– No tanto, pero… como voy a explicar en un instante, algunas de las investigaciones fueron publicadas en las “monografías del staff”, como se denominaba a la revista técnica que publicaba el Fondo. Ejemplos clásicos: las escritas por John Marcus Fleming, Robert Alexander Mundell y Jacques Jacobus Polak, que modelaron cuestiones relevantes, sobre el diferente impacto que tienen las políticas fiscal y monetaria en regímenes de tipo de cambio fijo y flotante, y explicaron el “modelo” que utilizaba el Fondo, para asistir a los países que le solicitaban ayuda. Pero no cabe esperar que todas las investigaciones se hagan públicas.

– El “pero” probablemente se refiera al episodio que vivió Guillermo Antonio Roberto Calvo.

– Efectivamente. Jacob Frenkel le pidió que fuera al FMI porque quería cambiar la “cultura” de la institución, para lo cual pretendía incorporar académicos que pensaran y se integraran al resto del personal. Guillermo trabajó con un grupo integrado por Carlos Vegh, Pablo Guidotti, Carmen Reinhart y Michael Dooley. Un día se le ocurrió meterse en las tareas del Fondo, y ahí apareció el choque de culturas.

– ¿Qué pasó?

– A comienzos de la década de 1990, luego de visitar varios países de América Latina y ver que todos estaban teniendo apreciación del tipo real de cambio, acumulación de reservas, se preguntó: “Esto no puede ser. Hay algo que está haciendo mover esto, más allá de las políticas económicas de los países. ¿Qué tal si fuera la política monetaria de Estados Unidos?”. Porque, en tal caso, el día que dicha política cambiara, todos se irían de narices. Todo el mundo decía que todo iba bien, en la Argentina con el plan de Convertibilidad, y en cada país se escuchaba la misma historia. Volvió a Washington y con ayuda de Reinhart y Leonardo Leiderman, quienes hicieron la econometría, mostró que claramente había factores externos. Escribió un trabajo con ellos, cuya tesis central es “está bien que los países hagan reformas, pero de golpe cambian las condiciones externas y todos se van de narices”. Titulada “Influjo de capitales y apreciación del tipo real de cambio en América Latina: el rol de los factores externos”, la publicó en la revista del FMI, en marzo de 1993, Trabajo que la profesión conoce como “sudden stops”, es decir, frenazos.

– ¿Y entonces?

– Lo que Calvo y sus colaboradores decían iba contra la cultura del Fondo, porque ellos decían que si uno hacía las cosas bien, no habría más problemas. Y Guillermo decía “no sé, porque de pronto puede haber problemas”. Esto generó una pelea muy fuerte dentro de la institución. Dejaron de mirarlo con buenos ojos. “Este académico se está metiendo y nos está queriendo cambiar la cultura”, decían o, al menos, implicaban. Calvo se fue del FMI antes del Tequila, episodio que en cierto modo validó su preocupación.

– A propósito: en cierto sentido Calvo es una rara avis.

– Así es. Hay brillantes economistas que se caracterizaron por “ver”, ejemplo: Albert Otto Hirschman. Hay notables economistas que son recordados por “modelar”, ejemplo: Paul Anthony Samuelson. Guillermo pertenece el selecto club que se distingue en ambos planos.

– ¿Está usted diciendo que mejor que Tenreyro se cuide?

– Como tantas veces ocurre en la vida, enfrenta más objetivos que instrumentos. En determinados puestos la cuestión no es tanta de inteligencia o brillantez, cuando de coraje. Recuerdo cuando Martin Stuart Fedstein se le plantó al presidente Ronald Reagan, sobre una cuestión fiscal, y renunció. Silvana tiene suficiente trayectoria como para saber lo que tiene que hacer, si siente que solamente la están usando. Pero claramente que hay que darle el beneficio de la duda.

– En los últimos tiempos a muchos funcionarios del FMI les gusta hablar en público.

– Lo cual no me entusiasma. En el pasado tanto los funcionarios políticos como los de carrera, sólo hablaban -y en privado- con los ministros de economía y los presidentes del Banco Central de los países miembros. Desde Michel Camdessus esto cambió, y a veces pienso que se pasaron al otro lado. Tenreyro tiene delante suyo una tarea muy importante, que consiste en alimentar a quienes tienen que adoptar decisiones, con hallazgos que hayan probado ser suficientemente robustos, como para resultar útiles para la acción del FMI. Ayudando, en lo posible, para diferenciar entre la inevitable adecuación de los planes a las circunstancias, y las puras fantasías.

– Don Norbert, muchas gracias.


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