Graciela Alfano en “Lo de Pampita”: “No sé quién es Susana Giménez, sorry”

“Durante años me hicieron las preguntas a mí, pero esta vez las preguntas las hago yo”, dice Pampita, a la hora de presentar su ingreso a Infobae Studio con Lo de Pampita, un ciclo de entrevistas íntimas que busca ir más allá del personaje público. “Las apariencias pueden engañar. En cada encuentro hay una historia, y en cada silencio, una revelación”, resume sobre la esencia del programa.

Para el debut, eligió a una figura que garantiza impacto: Graciela Alfano. Sin filtros y con su estilo frontal, la actriz y exvedette recorre su vida personal, sus conflictos mediáticos, su visión sobre el feminismo, el poder, el sexo y el amor. Y deja definiciones que rápidamente prometen viralizarse.

Aquí, los momentos más destacados de la charla:

—¡Bienvenida, Graciela!

—Qué placer, Caro, estar en este programa tuyo. La verdad me siento elegida de alguna manera, ¿no? Porque si bien nosotras no nos conocemos… coincidimos en algunos lugares, pero viste que la gente cree que los que estamos en la televisión estamos todo el día juntos. Pero lo que sí recuerdo son algunas actitudes tuyas tan… dignas, de persona que está en su eje. Y eso siempre causa un gran respeto en mí. Una persona que puede transitar el dolor, que puede ser resiliente, que lo que dice lo piensa de alguna manera. Es muy luminosa esa parte tuya, me genera un gran respeto, y tu capacidad de laburo.

—Bueno, en eso somos muy parecidas, nos identificamos bastante.

—Sí. Y en la belleza también…

—¡Estás diosa!

—¡Vos también!

—Yo siento que muchas veces has sido atacada, y en esto me identifico. Como me identifico con algunas chicas, actrices, conductoras, modelos que están en el ambiente, que son extremadamente bellas como vos y que son atacadas nada más que porque son lindas.

—Hablemos de las lindas. Vos siempre las defendés. ¿Qué pasa con las lindas?

—Lo primero que se ve es que son atacadas por eso. Hay personas que no tienen como asumida su envidia, ¿no? Porque tenemos que entender que todos sentimos envidia en algún momento… Nuestra cabeza es como un edificio, una empresa; si hay algunos empleados que no te gustan, los desterrás, se van al inconsciente. Pero del inconsciente te entran a dar en la cañería y un día te generan una humedad que no sabés qué hacer. Esas humedades son las que uno tiene que trabajar… Entonces, cuando la envidia va al fondo, uno empieza a negociar con ese empleado… Y cuando hay falta de respeto de gente que ni te conoce. Yo a veces miro las redes y digo: “Pero ¿qué son estas personas ridículas?“ Realmente tienen que trabajar su envidia para estar menos torturadas, ¿no?

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