Fuerte advertencia de Estados Unidos contra los tratamientos de transición de género en menoresPor Claudia Peiró
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos dio a conocer un informe de más de 400 páginas que es el resultado de una extensa revisión de la atención médica que reciben los menores con disforia de género en ese país y de la evidencia que respalda los tratamientos que se aplican, realizada en cumplimiento de la Orden Ejecutiva 14187, del 28 de enero de 2025.
El documento recomienda poner en primer plano las terapias exploratorias tendientes a identificar las causas del malestar, antes de optar por el “enfoque afirmativo” del sentimiento de pertenencia a otro sexo expresado por adolescentes cuya personalidad está en formación.
El texto publicado alude a “la creciente preocupación internacional acerca de la transición médica pediátrica”, en relación a las medidas que cada vez más países –Reino Unido, Suecia, Finlandia, Noruega– están tomando para limitar o directamente prohibir los bloqueos de pubertad, la hormonización cruzada y las cirugías en menores de edad.
“Tras reconocer el carácter experimental de estas intervenciones médicas y su potencial nocivo, las autoridades sanitarias de un número de países han impuesto restricciones”, dice el documento, y cita el caso de la prohibición, en el Reino Unido del uso de bloqueadores de la pubertad como tratamiento para la disforia de género pediátrica.
Fue ese contexto mundial el que llevó al Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos a realizar esta “revisión de la evidencia y las mejores prácticas para el tratamiento de la disforia de género pediátrica”.
Tras constatar que en la última década, el número de niños y adolescentes que cuestionan su sexo y se identifican como transexuales o no binarios ha crecido significativamente, señalan que el enfoque propuesto en estos casos ha sido el tratamiento conocido como “afirmación de género”, que se basa en aceptar casi sin precauciones ni espera la identidad autodeclarada del niño para aceptar su “transición social” (cambio de nombre y, en ciertos casos, cambio registral de la nueva identidad), fármacos supresores de la pubertad para impedir el desarrollo sexual, luego hormonas de sexo contrario para adquirir caracteres sexuales secundarios y finalmente cirugías, por lo general mastectomía.
“Miles de niños y adolescentes estadounidenses han recibido estas intervenciones”, dice el informe.
El aumento de la disforia juvenil se ha producido “en el contexto de una crisis de salud mental más amplia que afecta a los adolescentes”, recuerdan.
El documento alude a la inquietud de “los padres de niños y adolescentes identificados como transexuales” que “a menudo se debaten sobre la mejor manera de apoyarlos” y a los que estas terapias les son presentadas como “necesarias” y “salvavidas”.
También señalan que “el diagnóstico de la disforia de género se basa enteramente en autoinformes subjetivos y en observaciones conductuales, sin ningún marcador objetivo físico, de imagen o de laboratorio”; sólo “se centra en actitudes, sentimientos y comportamientos que, como se sabe fluctúan durante la adolescencia”, agregan, no sin sentido común.
Y además, recuerdan que “las investigaciones existentes sugieren que (la disforia de género) remitirá sin intervención en la mayoría de los casos”. Dato que subraya la imprudencia de tratarla con métodos parcial o totalmente irreversibles -en menores que además están sanos físicamente- y con efectos secundarios preocupantes.
“Las controversias en torno a la transición médica de los menores van más allá del debate científico; son profundamente culturales y políticas -constata el informe de la Revisión-. El discurso público está dominado por narrativas intensamente polarizantes. Algunos ven la transición médica de los menores como una cuestión de derechos civiles acuciante, mientras que otros la consideran un profundo fracaso médico y un recordatorio aleccionador de que incluso la medicina moderna es vulnerable a errores graves”.

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