Fue el primer socio de Maradona en Argentina, jugó en Racing y San Lorenzo y tiene canción propia: el gesto de Diego que jamás olvidó
La magia sucede. No se puede forzar, ni impostar, ni inventar; sucede. Es un chispazo, un relumbrón. Un rapto de inspiración, dos elementos que se combinan. Cuando Sergio Luna conoció a Diego Maradona, la magia sucedió. Y advirtió que podían hablar en un idioma que todos los futboleros conocen, pero que solo los privilegiados logran llegar a decodificar.
“Apareció en el entrenamiento de la Selección juvenil, en el predio del Sindicato de Empleados de Comercio. En este entonces hacíamos fútbol contra la Mayor, previo al Mundial 78. Jugábamos contra el Tolo Gallego, Ardiles… Me acuerdo que estaba Ricardo Fusani y dijo: ‘Ahí está Diego’. Y él entró como en Boca o en el Napoli, con los botines desatados. Se puso a hacer jueguito y tiró la pelota para arriba. Nosotros nos quedamos admirándolo”, evoca Lunita, aquel enlace que fue el primer socio de Pelusa en el seleccionado, al punto que sus apellidos se pronunciaban en dueto, eran indivisibles.
Sí, en sus primeros palotes con la Albiceleste, antes de Ramón Díaz en el Mundial Sub 20 de 1979, Luna fue el que leyó mejor a aquel Pelusa inasible hasta para el marcador más recio. Los orígenes, la “calle”, fueron algunas de los puntos que lo unieron, además de su pasión por la pelota.
“La afinidad nació en los entrenamientos. Éramos dos jugadores que armábamos para adelante. Con la capacidad que tenía él y un poco la mía, estábamos conectados y sabíamos lo que íbamos a hacer”, explicó el hoy entrenador, de 68 años, en diálogo con Infobae.
Luna tuvo doble mérito para llegar a combinarse con uno de los futbolistas más legendarios que dio la disciplina, porque saltó a la Selección sin el cartel de los clubes más populares.
“Yo vivía en Las parejas, mi viejo fue futbolista semiprofesional, jugaba en Argentino Las Parejas. Y a los 9 años retorné a San Francisco, Córdoba, y ahí empecé la competencia en el baby, a participar torneos juveniles. Tuve la suerte y la conducción de mi papá, que siempre me cuidaba. Un día caí para ir a un baile y me dijo: ‘Vos mañana jugás. O te vas de joda o mañana jugás’. Me llevaba al cine o jugábamos a las cartas, para enfocarme en lo que quería. No garantiza que vayas a llegar, pero es muy importante”, ilustró sus inicios.
En ese camino incipiente apareció César Luis Menotti, luego de algunos tropiezos que lo habían golpeado. “En Sportivo Belgrano jugué un año en Reserva, a los 15 tuve la frustración de probarme en River, quedé, y no me pudieron dar un lugar en la pensión. Mi viejo les dijo: ‘No tengo cómo mandarle el sánguche todos los días’. A los 16 fui a Boca, quedé a finales del 75, Había jugado en Reserva todo el año en Sportivo Belgrano y me mandaron el telegrama para que me presentara en el predio porque había hecho uso de la opción por mi pase; me compró”, detalló su derrotero. Hasta que llegó la chance.
“En el 76 debuté en Primera, se formó la Selección con promesas de los equipos del Interior y fui el único que quedó de ese grupo. Menotti me recomendó para Huracán o Vélez. Y en agosto del 76 vine a Buenos Aires como jugador profesional. Cuando me citaron por primera vez para Argentina, mi papá me abrazó y me dijo: ‘Te recibiste de doctor’”, completó su desembarco botín con botín con Maradona. Tal era el nivel de Luna que en el primer partido como titular de Diego en un seleccionado (en el estadio del Deportivo Chascomús, ante un combinado local), lució la casaca N° 9. Y la 10 quedó para su socio…
-¿En ese momento tomabas consciencia de lo que habías logrado?
-¿Mantuviste contacto con él a lo largo del tiempo?
-Después que llegó a la notoriedad mandaba tarjetas de fin de año. Me quiso llevar a Argentinos para jugar juntos, no se dio. Conversábamos de fútbol. Cuando terminaba cada torneo, me decía: ‘Sergio, nos vemos en la próxima Selección’. Fui declarado intransferible por Menotti para el exterior para ser tenido en cuenta.
-¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

Los comentarios están cerrados.