Esteban Ribovics con Clarín: el salteño que eligió las artes marciales mixtas por una desgracia familiar y ahora sueña ser el Messi de la UFC
¿Una imagen vale más que mil palabras? A ver. La primera: Esteban Ribovics es agua de tanque. Habla tranquilo, sin perder el acento salteño. Recuerda a su padre. Valora a su madre. Se emociona. Se le llenan los ojos de lágrimas. Un chico cualquiera. Otra instantánea: Esteban con los ojos eyectados, ahora de sangre, el Gringo de Tartagal tiene el rostro desencajado. “El pegador incansable”, lo define la página de UFC. “Mi mejor nocaut fue a los 7 segundos, aunque prefiero otro que me duró 34”, dice sonriendo. En la foto de aquellas velada ni se despeinó. Sí se emocionó cuando le dieron un bono de unos cuantos miles de dólares por el mejor KO de la noche. Este sábado, será uno de los teloneros del gran combate de la noche de la UFC 327 entre Prochazca y Ulberg por el título mundial vacante de las 205 libras en el Kaseya Center, el estadio de los Miami Heat. El evento de artes marciales mixtas que transmite en exclusiva Paramount+ para toda latinoamérica y la Argentina incluida, arranca a las cuatro de la tarde y terminará cerca de la medianoche. El salteño enfrentará al polaco Mateusz Gamrot, número 7 del ranking, en busca del top ten.
El Gringo llega al centro de convenciones del hotel Hilton de Miami con una bolsa repleta de tuppers. “Es mi comida de todo el día”, le cuenta a Clarín. Jura que sufre más abajo del ring, los días previos al pesaje, que cuando se castiga en la jaula con forma de octágono. “Mirá lo que es esto”, se queja y muestra unos lomitos ahumados cortados en rodajas muy finas que serán su almuerzo. ¿Qué busca en las artes marciales mixtas? “Difundir. Quiero que mi nombre sea como el de Messi pero dentro de la UFC”, arranca con todo. Y la charla sigue así.
YOU CAN’T DO IT BETTER THAN THAT 🤯
Esteban Ribovics is on the hunt for another stellar finish at #UFCVegas108!
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— UFC (@ufc) July 29, 2025
-Querés que las MMA se conviertan en un deporte popular, pero ¿cómo convencés a «las mamis del cole» para que lleven a su hijo a hacer un deporte tan violento?
-En primer lugar, a las personas que quieren que su hijo haga este deporte, les contaría mi experiencia desde joven. Yo entreno desde los 11 años. Jamás me peleé en la calle. Y, si me agarré a piñas, fue porque me quisieron robar. En comparación, mis amigos tenían más problemas, cuando salíamos, afuera del boliche… y yo jamás un drama. Estoy convencido de que todos los nenes de hoy deberían hacer un deporte de combate.
-Las artes marciales te dan autocontrol, seguridad a la hora de caminar en la calle, cruzar un grupo… Para no recibir bullying. Te sentís seguro porque sabés que no te van a poder hacer nada, porque vos sabés pelear y te sabés defender. No para irte a las manos, sino para saber cómo reaccionar en un momento así, sentirse más seguro. También para trabajar el autocontrol.
Foto: Reuter.
-¿Y tu niñez cómo fue? ¿Sufriste bullying?
-Mi niñez hasta los 11 años. Muy linda. Siempre fui deportista. Desde los cuatro años tuve a mi viejo que me exigía en los deportes que yo hacía.
-Quería que fuera el mejor en lo que hiciera. El mejor. Yo corría en bicicleta de chico. Y teniendo cuatro años, yo era mejor que los de ocho. Ya cuando tenía ocho era mejor que los 16 y ganaba cualquier tipo de carrera, al que se me ponían enfrente, la ganaba… pero porque entrenaba desde la ocho de la mañana hasta la 12 del mediodía. Recuerdo que en una carrera le iba sacando una vuelta a todos y, cuando gano, salté con la bici y crucé la rueda. Mi papá se enojó: “Tenés que ir por más, no tenés que cancherear”.
-¿Qué te pasó a los once que tu infancia dejó de ser feliz?
-A los 11 años perdí a mi papá.
-¿Y eso te llevó a empezar artes Marciales?
-Sí, porque necesitaba proteger a mi mamá. Quería proteger a mi hermana. Quería sentirme seguro. Eso lo deduje de más grande. Pero en ese momento sentía que necesitaba la protección de alguien. Sentirme protegido, sentirme seguro en algún lado. Y yo creo que me refugié ahí.
-¿Eso lo dedujiste con terapia?
Esteban Ribovics en pleno entrenamiento.-No, a los 16 o 17 años, con la cantidad de conocimiento que tenía de defensa, sabía que nadie le podía hacer daño a mi familia, creo que ahí me di cuenta de lo hice, lo hice por eso.
Esteban Ribovics FIGHT WEEK!! #UFC327 pic.twitter.com/l2GuCndL1R
— Haduucken III (@HaduuckenIII) April 9, 2026
-¿Fue una muerte repentina la de tu padre?
Dice Esteban que su papá le exigía que fuera el mejor en lo que hiciera. Pero a los 11 lo perdió en un accidente trágico en su trabajo. “No tuvo chances de nada”, dice Esteban, luego de relatar el accidente. «Si mi papá no hubiera muerto, yo no me dedicaba a las artes marciales», remarca. Y entró al gimnasio. Y el ascenso de las artes marciales fue tan rápido como aquel de la bicicleta. Pero tuvo una traba: “Mi vieja. Una vez vio que me cayó una gotita de sangre y me pidió que me anotara en cualquier deporte, menos en uno de lucha».
Eñ de arriba tiene algo para mí», dice Ribovics en una de sus publicaciones.-¿Y cómo la convenciste?
-A los 17 años, cuando terminé la secundaria, me fui a Córdoba a estudiar. A estudiar… El primer año hice arquitectura. Me iba muy bien. Pero al mismo tiempo encontré un gym. Y fui cambiando de carrera. Arquitectura, Educación física, técnico automotor. Y, a medida que cambiaba de carrera, me fui mudando por todos los gimnasios. Hasta que cumplí 18. Y ya no necesité el permiso de mi mamá. Ahí empecé a pelear profesional. Lo volví loco a mi entrenador para que me consiguiera un combate: «Quiero pelear, quiero pelear». “Bueno, querés pelear, vas a palear…”, me dijo.
-Me consiguió la pelea más importante de la noche contra uno que tenía ocho combates. El primer round lo pasé mal. El segundo, también. Y el tercero la gané. Esa fue la primera pelea profesional que tuve.
-¿Ahí te diste cuenta que estabas para dedicarte a esto?
-Sabía que era muy bueno en esto, pero me di cuenta que podía llegar lejos después de haber estudiado Arquitectura, Educación Física, Técnico superior en motor de auto… Iba bien en todo, tenía buenas notas pero llegó un punto en el que ya tenía cuatro o cinco peleas profesionales. Y ahí decidí dejar todo y dedicarme de lleno a esto.
-¿Y tu madre lo aceptó?
-Le costó entenderlo, pero mi dijo: “Si te vas a dedicar a esto, demostrame que lo vas a hacer bien”.
Rápido, Esteban se ganó un nombre en las artes marciales mixtas en la Argentina. Obtuvo un cinturón en Perú. Y, de regreso, otro en nuestro país. “Bueno, tenías razón, me lo demostraste’´, me dijo mi vieja”. Y siguió ganando: consiguió una pelea en Las Vegas: «Y volví a salir bien parado, otra victoria, lo que hizo que me ofrecieran un contrato en la UFC, la compañía más grande de artes marciales mixtas del mundo«.
-¿La entrada a la UFC fue la estabilidad económica?
-No, la estabilidad estaba en la Argentina porque tenía el mimo de mi vieja. Gracias a Dios no tuve que trabajar para poder entrenar y pelear. Gracias a Dios tuve la comodidad de mi mamá que ella me bancó. Eso no lo tiene cualquiera y eso creo que me hizo un poco más fácil la vida.
–¿Fue duro instalarse a los Estados Unidos?
-Fue difícil porque me había endeudado un montón. Obviamente, cuando empecé a pelear en UFC firmé el contrato y mi manager me pidió que me quedara acá porque iba a mejorar. «Okay, me quedo acá, pero quién paga esto», le dije. Él me pagó la estadía, todo, pero arranqué endeudado en 10.000 dólares.
-Gracias a Dios conocí a mi fisioterapeuta que me dio un lugar dónde dormir durante dos años. Vamos a decir la verdad: yo no podía trabajar pero trabajé por abajo de la mesa: de seguridad, en un restaurante… Laburaba cinco horas en un lugar, seis en otro y el rato que me quedaba entrenaba.
Esteban Ribovics-Este sábado peleás contra Mateusz Gamrot, número siete del mundo. En la previa no sos favorito, ¿cómo planificás la pelea?
-Yo confío en mis puntos altos. Mi fuerza de manos y mi capacidad de cardio: puedo sacar muchos golpes sin perder el volumen durante mucho tiempo. Lo voy a noquear. Buscaré lo mío y estoy casi seguro que se va a dar.
-Para mí soy favorito. Si uno no confía en uno mismo, quién va a confiar. Lo voy a noquear.

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