Estaba al frente de una iglesia que permitía la poligamia: tenía más de 70 esposas y fue condenado a perpetua por abuso de menores

Warren Jeffs no era un líder religioso convencional. No predicaba desde templos abiertos ni buscaba expandir su iglesia por medios tradicionales. Su poder se construyó en el aislamiento, en el silencio impuesto, en la obediencia ciega.

Como cabeza de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFJSUD), una escisión radical del mormonismo, Jeffs creó un universo cerrado donde la poligamia era ley, las mujeres eran propiedad y los infantes, víctimas.

Desde su sede en Colorado City, Arizona, y luego en el rancho Yearning for Zion, en Texas, Jeffs gobernó a miles de fieles como un tirano espiritual. Era “el profeta”, y sus seguidores creían que hablaba directamente con Dios. Su palabra era incuestionable. Podía decidir matrimonios, separar familias, exiliar hombres que cuestionaran su autoridad y tomar como esposas a niñas de apenas 12 años.

La IFJSUD nació a fines del siglo XIX, cuando un grupo de mormones se negó a aceptar el fin de la poligamia decretado por la Iglesia principal. La iglesia mormona que no permite la poligamia es la más extendida en el mundo y lleva el nombre de Iglesia de los Santos de los Últimos Días (IJSUD).

Para ellos, los fundamentalistas de Jeffs, el “matrimonio plural” era un mandato divino. Cada hombre debía tener al menos tres esposas, y el profeta, tantas como quisiera. La comunidad se mantuvo aislada del mundo exterior, desconfiando de la tecnología, la educación secular y cualquier influencia que pudiera debilitar su estructura patriarcal.

Las mujeres eran relegadas desde la infancia. No podían elegir profesión, vocación ni pareja. Su destino era procrear y obedecer. A menudo eran casadas antes de alcanzar la pubertad, asignadas por el profeta a hombres mayores. La poligamia no era solo una práctica religiosa: era una herramienta de control, una forma de perpetuar el poder del líder y de mantener a la comunidad bajo su dominio.

Warren Jeffs heredó el liderazgo de la secta tras la muerte de su padre, Rulon Jeffs, en 2002. Rulon había tenido más de 60 esposas. Warren lo superó: llegó a casarse con 78 mujeres, 25 de ellas menores de edad. Bajo su mandato, la iglesia expandió sus negocios, acumuló millones de dólares y reforzó su estructura autoritaria. Jeffs expulsó a hombres que podían desafiarlo y se rodeó de fieles incondicionales.

Su figura era omnipresente. En las ceremonias, en los sermones, en los rituales secretos. Se presentaba como el único canal entre Dios y los hombres. Las niñas eran entrenadas para obedecerlo, para considerarlo sagrado. El documental Sé dócil: reza y obedece, estrenado en 2022 en Netflix, muestra imágenes internas de la vida en la secta: los ritos, las reuniones, los matrimonios forzados, el terror disfrazado de fe.

Luego de denuncias de algunas mujeres de la Iglesia, en 2006, la Oficina Federal de Investigación (FBI) incluyó a Warren Jeffs en su lista de los diez fugitivos más buscados. Compartía cartel con Osama Bin Laden. Fue capturado ese mismo año en Nevada, y en 2007 condenado en Utah por ser cómplice de violación. Sin embargo, esa sentencia fue anulada por la Corte Suprema de Utah en 2010 por errores procesales.

El rancho, de más de 600 hectáreas, era una fortaleza espiritual. Allí vivían cientos de miembros de la secta, en condiciones de aislamiento extremo. Las investigaciones revelaron que Jeffs, que en diciembre cumplirá 70 años, había creado un templo donde se realizaban rituales sexuales con menores. Las grabaciones presentadas en el juicio mostraban al líder instruyendo a sus seguidores sobre cómo “preparar” a las niñas para la vida celestial, lo que incluía abusos sistemáticos.

El 9 de agosto de 2011, un jurado en San Ángelo, Texas, declaró a Warren Jeffs culpable de dos cargos: agresión sexual agravada contra una niña de 12 años y asalto sexual contra una adolescente de 15 años, ambas consideradas sus “esposas espirituales”. Durante el juicio, se presentaron pruebas contundentes: grabaciones de audio en las que Jeffs abusaba de las menores, documentos que detallaban los matrimonios forzados y testimonios de víctimas que lograron escapar.

La sentencia fue ejemplar: cadena perpetua por el primer cargo y 20 años de prisión por el segundo, con cumplimiento consecutivo. Esto significa que Jeffs deberá pasar al menos 45 años en prisión antes de poder solicitar libertad condicional. Actualmente, cumple condena en una prisión de Texas, desde donde intentó ejercer influencia sobre sus seguidores mediante cartas y mensajes.

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