El superávit comercial alcanzó unos u$s2.115 millones en julio, aunque las exportaciones se hundieron casi 5% mensual


La lectura también es consistente con el análisis de Abeceb, que destacó que la mejora de los términos del intercambio, de 3,7% interanual, ayudó a sostener el valor exportado pese al escaso crecimiento de los volúmenes.

Dentro de ese cuadro, Combustibles y Energía volvió a ser ampliamente el rubro más dinámico. Sus exportaciones crecieron 97,8% interanual, hasta u$s1.506 millones, mientras que las cantidades aumentaron 67,6%. El petróleo crudo fue el principal impulsor, con ventas por u$s1.020 millones.

La magnitud del aporte muestra hasta qué punto la energía está modificando la composición del comercio exterior: el sector explicó alrededor del 68% de todo el incremento interanual de las exportaciones de julio, con unos u$s744 millones adicionales sobre una mejora total de u$s1.093 millones.

Detrás de ese avance aparece el crecimiento de Vaca Muerta. La producción nacional de crudo alcanzó en junio un récord de 914.900 barriles diarios, con la formación neuquina explicando ya alrededor del 70% del total. A su vez, la mayor producción y la expansión de la infraestructura permiten sustituir importaciones energéticas y ampliar simultáneamente las ventas externas.

La apertura comercial empieza a mover exportaciones, aunque no de forma pareja

Fuera de la energía, Bernini destacó el desempeño de las carnes, la pesca y los vehículos. En el primer caso, parte del impulso estuvo asociado a las mayores ventas hacia Estados Unidos. Durante el primer semestre, los envíos de carne vacuna a ese mercado crecieron 185% en volumen y 243% en valor, mientras que el cupo adicional correspondiente al tercer trimestre se agotó durante la primera semana de julio.

En el sector automotor también apareció una dinámica favorable en el frente externo. Las exportaciones de vehículos crecieron con fuerza y las ventas hacia Brasil avanzaron 26% interanual. Sin embargo, esa mejora convivió con una caída de 16% en la producción nacional y de 31,9% en las ventas mayoristas al mercado doméstico, lo que muestra una marcada divergencia entre el desempeño exportador y la demanda interna.

Bernini destacó especialmente el comportamiento de las pickups, en un proceso en el que parte de la producción local se desplazó desde modelos más orientados al mercado interno hacia vehículos con mayor perfil exportador.

El desempeño fue más flojo en otros segmentos

Las Manufacturas de Origen Agropecuario aumentaron 4,9% en valor, aunque las cantidades cayeron 7,2%, mientras que los Productos Primarios retrocedieron 0,6%. En este último caso, la baja estuvo muy influida por una caída de 73,7% en las exportaciones de porotos de soja.

Sin embargo, esa comparación está condicionada por una base elevada de 2025, cuando la reducción temporal de retenciones adelantó ventas al exterior. Por eso, la caída de los Productos Primarios refleja más una normalización respecto de un período excepcional y un cambio hacia productos con mayor procesamiento que una retracción generalizada del agro.

A su vez, Bernini señaló un desempeño débil en vinos, farmacéuticos y alimentos elaborados. En el caso vitivinícola, la menor demanda también responde a una tendencia global de reducción del consumo de alcohol.

Las importaciones cayeron 9% en cantidades y dejaron una señal sobre la inversión

Del otro lado de la balanza, las importaciones sumaron u$s6.739 millones, con una caída interanual de 1,7%. La baja estuvo enteramente explicada por las cantidades, que retrocedieron 9,2%, mientras que los precios aumentaron 8,4%.

La composición, sin embargo, obliga a evitar una lectura lineal. Bernini puso el foco en la fuerte caída de las cantidades importadas de bienes de capital, cercana al 13%, y de sus piezas y accesorios, alrededor del 23%, porque se trata de rubros estrechamente relacionados con la inversión.

Los datos muestran además que la debilidad no se limita a julio. En este sentido, LCG destacó que los bienes de capital y sus piezas vienen registrando caídas durante todos los meses del año, mientras Abeceb vinculó esa dinámica con una inversión y una actividad industrial todavía débiles.

En ese contexto, Federico Vacarezza, economista, planteó que la industria atraviesa un “efecto sándwich”. Por un lado, enfrenta un mercado interno contraído y, por otro, un frente exportador que, según señaló, está concentrado principalmente en grandes compañías. A eso se suma una caída generalizada de las importaciones, con excepción de algunos insumos que las empresas estarían recomponiendo para la segunda parte del año.

La lectura ayuda a explicar por qué un saldo comercial elevado puede convivir con una actividad fabril mucho más débil. Mientras algunos sectores exportadores encuentran demanda externa y generan divisas, una parte del entramado productivo local sigue condicionada por el menor consumo doméstico, la baja inversión y dificultades para insertarse en los mercados externos.

No obstante, parte de la contracción importadora tiene otra explicación. Entre los bienes de capital cayeron las compras externas de pickups, que están siendo reemplazadas por producción local, por lo que ese movimiento no necesariamente implica menor actividad.

Al mismo tiempo, crecieron las importaciones de teléfonos y computadoras, mientras que la maquinaria propiamente dicha prácticamente no mostró crecimiento.

Algo similar ocurre con los Bienes Intermedios, que fueron el único gran uso económico con una variación positiva en valor, de 16,5%. Sin embargo, una parte del incremento correspondió a soja importada para ser procesada localmente y posteriormente exportada, por lo que el dato resulta menos representativo de una recuperación general de la demanda doméstica.

También retrocedieron las compras de Combustibles y Lubricantes, un movimiento que en este caso tiene una lectura favorable: las cantidades cayeron 23,8% interanual en un contexto de mayor producción doméstica de hidrocarburos y menor dependencia de energía importada.

Por otro lado, los bienes de consumo bajaron 7,3% en valor y 5,2% en cantidades, una dinámica consistente con una demanda interna todavía contenida.

El sector automotor volvió a condensar ambas tendencias. Las importaciones cayeron 13% interanual y el déficit comercial del sector se redujo desde unos u$s830 millones hasta u$s510 millones, favorecido también por un aumento de 21,1% en sus exportaciones en una definición más amplia.

Así, la caída de las importaciones combina señales diferentes: menor inversión y debilidad de la demanda interna, pero también sustitución por producción local y una menor necesidad de importar energía. Esa mezcla es clave para interpretar un superávit que sigue en niveles muy altos, aunque con una composición que no necesariamente refleja una mejora homogénea del conjunto de la economía.

El superávit ya supera los u$s16.000 millones y la energía gana peso

La evolución del comercio exterior también mostró fuertes diferencias según los principales socios. De esta forma, China volvió a concentrar el mayor déficit bilateral, con un rojo de u$s845 millones, seguida por el Mercosur, con u$s370 millones. Además, Brasil se mantuvo como el principal socio comercial individual y dejó un saldo negativo de u$s349 millones.

En sentido contrario, los mayores superávits se registraron con el Resto de ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) por u$s938 millones, con India, por u$s496 millones, y el bloque del USMCA, integrado por Estados Unidos, México y Canadá, con u$s467 millones.

Con el resultado de julio, el superávit acumulado durante los primeros siete meses alcanzó los u$s16.080 millones, frente a u$s3.669 millones en igual período de 2025 y por encima incluso de todo el saldo registrado durante el año pasado.

La energía explicó una parte relevante de esa mejora, aunque no toda. Según LCG, alrededor del 25% del aumento del superávit acumulado estuvo asociado al mayor saldo energético, mientras que cerca de 40% respondió a una reducción de déficits en otros sectores de menor peso dentro del comercio exterior.

El desafío será sostener el saldo cuando vuelva a crecer la actividad

De cara al segundo semestre, el escenario sigue siendo favorable, aunque con mayores desafíos. Desde LCG esperan una menor estacionalidad del comercio exterior a medida que los combustibles ganan participación, pero anticipa también una moderación del dinamismo de las exportaciones agropecuarias. Para todo el año proyecta ventas externas cercanas a u$s100.000 millones y un superávit superior a u$s20.000 millones.

En este sentido, Abeceb plantea un escenario similar. Así, explican que la energía se consolida como un nuevo motor estructural, mientras que la minería seguirá aportando dinamismo a través del oro, la plata y el litio. Del lado de las importaciones, en cambio, la debilidad industrial y de la inversión mantiene contenidas las compras de bienes de capital, aunque una recuperación de la actividad podría reactivar ese componente durante los próximos meses.

En ese contexto, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta exportaciones por u$s100.207 millones e importaciones por u$s76.773 millones para todo 2026, lo que implicaría un superávit comercial cercano a los u$s23.400 millones.

Así, el saldo de julio deja dos dinámicas diferentes. En el corto plazo, los mejores precios y la debilidad de las importaciones ampliaron el superávit. Más estructuralmente, energía y minería empiezan a diversificar la generación de dólares y a reducir la dependencia de la estacionalidad del agro. La prueba llegará si la actividad recupera tracción y vuelve a aumentar la demanda de bienes importados.



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