El retiro de Rafael Nadal: una mente de acero en su lucha para volver una y otra vez de las lesiones y competir contra Federer y Djokovic


Tenían razón quienes se animaron a vaticinar que la carrera de Rafael Nadal no iba a ser muy extensa. El español tuvo importantes problemas físicos desde que era adolescente y un estilo de mucho sacrificio que atentaba contra sí mismo. Sin embargo, lo que no lograron prever aquellos gurús del tenis fue la transformación que haría en su juego, una clave para explicar su longevidad. Mejoró notablemente su saque, entendió que debía subir más a la red para acortar los puntos y aprendió a ser más agresivo. Y fue pura tenacidad para sobreponerse a montones de adversidades

«Cuando pierdes capacidades físicas tienes que añadir otras para seguir siendo competitivo. Eso es lo que hice toda mi carrera», dijo al ser consultado por la volea, un factor clave en la victoria ante Daniil Medvedev que lo consagró campeón del US Open por última vez en 2019. En definitiva, se convirtió en un jugador completo capaz de hacerle frente (y ganarles) a Roger Federer y Novak Djokovic en césped y cemento, las superficies menos favorables para su tenis y su físico. Así es como este martes, 22 años después de su primera victoria ATP y con un glorioso recorrido que incluye 22 Grand Slams, 36 Masters 1000, cinco Copa Davis, dos oros olímpicos (uno en singles y otro dobles) y 209 semanas como número uno del mundo, cerró con una esperable derrota ante Botic van de Zandschulp el ciclo de una carrera inolvidable. Y también muy extensa.

En el Palacios de Deportes José María Martín Carpena de Málaga está en juego la Ensaladera de Plata. Sin embargo, el gran atractivo de la semana fue ver y seguir cada paso de Nadal, tenista español que trasciende a su deporte y que también trasciende al país que lo vio nacer. Ya lo dijo Carlos Alcaraz con sabias palabras a sus 21 años. “Habrá muchas Davis, Rafa sólo hay uno”, escribió en sus redes el murciano, quien luego definió a su ídolo como “el mejor embajador posible que deja un legado eterno”.

Se dio la lógica. El mallorquín de 38 años, con un cuerpo gastado por las lesiones, salió a la pista con la estrategia clara de quitarle ritmo a van de Zandschulp, neerlandés que dio un batacazo al eliminar a Alcaraz del último US Open y que muchas veces juega mejor de lo que dice su ranking (80). También se nutrió del apoyo del público. El clásico “Vamos Rafa” se escuchó a cada instante. Luchó, como lo hizo a lo largo de toda su carrera, pero terminó sufriendo la falta de competencia. Jugó apenas 24 partidos (13 victorias y 11 derrotas) en los últimos dos años y se notó en la calidad de sus tiros, pero especialmente en sus movimientos. La realidad golpea: ya no volverá a empuñar una raqueta como profesional. Quedan los recuerdos.

Nadal dio el primer golpe fuerte sobre la mesa el 28 de marzo de 2004, cuando venció en la tercera del Masters 1000 de Miami a Federer, quien por entonces disfrutaba de sus primeras semanas como número uno y era el vigente campeón de Wimbledon, del Abierto de Australia y se había coronado en las últimas dos ediciones del popular Torneo de Maestros. Tenía 17 años Rafa y ya había sufrido la primera (y más grave) de sus lesiones.

Si hubiera pensado en su salud, se debería haber retirado en ese momento. Esa fue la recomendación de los médicos, pero no era una idea que se le cruzara por la cabeza. Con el diario del lunes se entiende cuán determinado estaba a trascender en el deporte y no iba a claudicar tan pronto, aunque la cura fuera peor que la enfermedad. Comenzó a utilizar unas plantillas para cambiar la forma de apoyar del pie y mantuvo esta lesión crónica bajo control, pero su cuerpo quedó descompensado y comenzaron a padecer las rodillas. En ese contexto era razonable escuchar a mucha gente, entre ellos especialistas del tenis, vaticinar que su carrera podía terminarse pronto.

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