El huevo, reconocido por su alto valor nutricional y su asequibilidad, es uno de los alimentos más presentes en la dieta diaria. Sin embargo, una práctica doméstica extendida puede poner en peligro la seguridad alimentaria: lavar los huevos antes de almacenarlos.
Consumido en todo el mundo, el huevo destaca por su aporte de proteínas de alto valor biológico, vitaminas A, D, E, del grupo B y minerales como hierro, zinc y selenio.
Diversos estudios internacionales, como el publicado en julio de 2025 por la Universidad del Sur de Australia en el American Journal of Clinical Nutrition, demostraron que su consumo moderado no incrementa el riesgo cardiovascular, desmontando el mito que lo vinculaba con el aumento del colesterol en sangre.
Organismos como la Asociación Americana del Corazón y la revista The BMJ coinciden en que incorporar hasta un huevo al día en una dieta equilibrada es seguro para la mayoría de las personas adultas sanas.
Un aspecto fundamental para quienes consumen este alimento es su manipulación adecuada desde el momento de la compra hasta su preparación. Según la profesora Luisa Solano, especialista en Nutrición de la Universidad Europea de Madrid, el error más extendido en los hogares es lavar los huevos antes de guardarlos en la heladera o nevera..
Esta práctica, lejos de mejorar la higiene, elimina la cutícula, una capa natural que recubre la cáscara y actúa como barrera protectora frente a bacterias y virus.
Expertos en seguridad alimentaria y organismos internacionales como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que lavar los huevos antes de almacenarlos elimina la protección natural de la cáscara.
La cutícula, compuesta por proteínas, sella los poros del huevo e impide la entrada de microorganismos como la Salmonella. Al dañarse por el lavado, el huevo queda expuesto y aumenta la probabilidad de contaminación, especialmente si existen microfisuras.
De acuerdo con las recomendaciones de la Universidad Europea de Madrid, limpiar los huevos solo debe hacerse en seco, utilizando un paño o papel, y únicamente justo antes de su uso si presentan suciedad visible. El lavado bajo el grifo debe reservarse exclusivamente para los huevos que se van a cocinar de inmediato, nunca para aquellos que se pretenden almacenar.
La cáscara del huevo, por su naturaleza porosa, se convierte en una vía de ingreso para bacterias si pierde su barrera natural.
La recomendación de los especialistas es clara: ante suciedad visible, realice una limpieza en seco y reserve el lavado con agua y jabón solo para el momento previo a la cocción. Así, se preserva la integridad de la cáscara y se reduce el riesgo de contaminación cruzada en la cocina.
Además del lavado prematuro, almacenar los huevos a temperatura ambiente en el hogar constituye otro error frecuente. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recomiendan conservarlos en el frigorífico, preferentemente en el envase original y en un estante interior, no en la puerta, para asegurar una temperatura constante de entre 1 °C y 5 °C. Este método ralentiza el deterioro y protege al alimento de olores externos, además de facilitar el control de la fecha de consumo preferente y la trazabilidad.

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