El camino que eligió Javier Milei no es imposible, pero es más riesgoso que dolarizar


Periodista: Hace poco estuvo en un evento del think tank Cato Institute junto a David Malpass, expresidente del Banco Mundial. Allí conversaron de la necesidad de que la Argentina pueda dolarizarse. Él dijo: “La alternativa de no dolarizar no está funcionando, Argentina se está hundiendo”. ¿Usted piensa lo mismo?

Emilio Ocampo: No, yo me hago cargo únicamente de las cosas que yo digo. Lo que dice David Malpass corre por su cuenta.

P.: Seguro, pero le pregunto qué piensa sobre lo que dijo.

E.O: A mí no me parece que la Argentina se esté hundiendo. Por el contrario, creo que está emergiendo. Así que no comparto eso.

“La dolarización no resuelve todos los problemas, eso es una pavada”

P.: Cuando miramos los datos macro, se ve una economía creciendo, con inflación desacelerando y con un tipo de cambio estable. Aun así, usted podría pensar, bajo la lógica de la necesidad de dolarizar, que aunque todo eso está sucediendo, no es suficiente para tener éxito.

E.O: Cuando uno tiene una mirada histórica de la Argentina, no una de coyuntura, sino una mirada histórica para entender la dinámica a lo largo de décadas, de siglos, la pregunta que uno se tiene que hacer es: ¿cuál es el escenario más probable de acá a 25 años? Tomemos 25 años, que es una generación, es la próxima generación de argentinos. ¿Con qué sistema esa próxima generación tiene más chances de vivir en un país con moneda estable y creciendo?

Yo estoy, sigo y cada día sigo más convencido de que la dolarización es el mecanismo que nos ofrece mejores chances. Esto no es: “La dolarización resuelve todos los problemas”. Eso es una pavada. Acá de lo único que se trata es de analizar los distintos escenarios y de qué manera podemos conseguir algo que es esencial para cualquier sociedad, que es contar con una moneda. Entonces, tener una moneda mala implica tener un problema en la organización económica del país.

Esa es la constante de la historia argentina y hemos probado varias maneras de resolverlo. Nosotros tenemos, como país, 200 años de historia monetaria. Prácticamente en el 75% del tiempo tuvimos una moneda depreciada o depreciándose. ¿Y cuándo tuvimos estabilidad monetaria? Cuando nos atamos al oro o al dólar. Todo lo demás es un cuento.

Hay quienes dicen: “No, tenemos que ser como Perú, tenemos que ser como Perú”. Y yo digo: “Estás confundiendo causalidad con casualidad”. Nosotros no podemos ser Perú porque Perú llegó a donde llegó después de un larguísimo período de tiempo en el cual se hicieron ciertas cosas. No podés pretender un resultado sin las causas que lo generaron.

Yo lo que encuentro muchas veces en el debate es un voluntarismo totalmente ingenuo y totalmente desconocedor de la historia argentina. ¿Cuál es el problema? El problema es el tiempo. Lo que siempre falta es tiempo.

P.: O sea, en perspectiva histórica ¿una política monetaria que termine poniendo en valor al peso, no puede ser tan disruptiva como sí puede ser la dolarización?

E.O: Mirá, yo creo que es un tema de tiempos y un tema de riesgos que uno tiene que plantear. Yo no estoy diciendo que este camino es imposible y que con este camino sea imposible llegar a ese objetivo. No estoy diciendo eso. Lo que estoy diciendo es que el riesgo de ir por este camino es mucho más alto que el riesgo de ir por una dolarización. Son dos proposiciones distintas.

Y hay que tener en cuenta que acá tenés que considerar los factores internos, los factores externos, si hay shocks internacionales, si hay una crisis internacional. También tenés los shocks políticos internos permanentes. Y eso es inevitable, porque los gobiernos están compuestos por seres humanos que son falibles, que cometen errores. Entonces, también hay errores no forzados en la gestión del gobierno.

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“Los lobistas del peso son infinitos”

P.: Por cómo está planteado el programa económico, después de dos años, ¿ve terreno fértil para dolarizar o hubiese sido más conveniente hacerlo en diciembre de 2023?

E.O: No, yo creo que dolarizar es fácil, mucho más fácil de lo que algunos lobistas pretenden instalar.

P.: ¿Qué lobistas? ¿Los lobistas del peso?

E.O: Sí, los lobistas del peso. Son infinitos. Porque toda esta Argentina que yo te digo que tiene que transicionar desde un esquema protegido e ineficiente hacia un sistema competitivo e integrado al mundo, está formada por lobistas del peso.

Porque el peso es, como yo digo, el aceite que hace que una maquinaria que tiene todos sus engranajes oxidados y que realmente funciona muy mal siga funcionando. El peso le da vida a ese sector de la economía argentina que es un lastre para el resto.

P.: Usted recién decía que la dolarización es fácil…

E.O.: Vos fijate que Ecuador dolarizó en enero del 2000, con un anuncio televisivo de un presidente que tenía una aprobación de 7%, con la oposición del Fondo Monetario Internacional, en default de su deuda externa, con depósitos congelados, sin el apoyo de Estados Unidos. Y hace 26 años que tienen el dólar y una tasa de inflación que no supera el 3%.

P.: Sin embargo, el apoyo estadounidense a la Argentina ¿no podría eventualmente facilitar ese proceso?

E.O.: Lo que te diría es que las condiciones actuales son mucho más favorables por una cuestión geopolítica. En este momento se da una situación particular: para Estados Unidos, la dolarización del hemisferio occidental es algo que tiene sentido geopolítico y económico.

Entonces, se da la rara alineación de los planetas en la que una cosa que tiene interés para la Argentina también resulta interesante y conveniente para Estados Unidos.

P.: Si uno se basa en los casos de éxito de dolarización, ¿qué podría rescatar respecto de las relaciones en clave geopolítica con Estados Unidos?

E.O.: Mirá, Ecuador tuvo durante diez años a Rafael Correa, que era el Kirchner de Ecuador. Totalmente en contra de Estados Unidos, de la dolarización, con políticas populistas, avance del Estado, y la dolarización lo sobrevivió. ¿Cuál es el parámetro de éxito más importante que yo encuentro? Es ese: que la dolarización es un sistema que resistió el embate del populismo más extremo de izquierda que uno se puede imaginar en América Latina, dentro de un marco semidemocrático.

Acá lo que pasa es que tenemos que diferenciar dos cosas: moneda no tiene nada que ver con soberanía y moneda no tiene nada que ver con déficit. San Martín cruzó los Andes cuando la Argentina todavía usaba las monedas del Imperio español. La moneda es un medio de cambio, una unidad de cuenta y una reserva de valor. Cuando la empezamos a politizar ya nos confundimos.

John Stuart Mill, en su famoso libro Principios de economía política, hace 150 años decía ya: “¿Por qué los países tienen que elegir como símbolo de su orgullo nacional una moneda?”. No tiene sentido. Lo que tiene sentido es que todos tengamos la misma moneda. De hecho, en aquel entonces la moneda era el oro, la moneda metálica.

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P.: Descartemos la posibilidad de que Luis Caputo quiera dolarizar. ¿Qué luces y sombras encuentra en la política monetaria actual?

E.O: La luz es que ha conseguido reducir gradualmente la inflación. La sombra es que todavía tenemos una inflación alta. Es alta, aunque ha bajado y está en la tendencia correcta. Y además te diría que hay un tema de libertad, me parece que hay miedo a la libertad. Creo que entiendo las razones, pero tener las restricciones cambiarias que tenemos no tiene sentido. En esa línea, me parece que tenemos que aplicar ese mismo criterio también a la política monetaria.

Igualmente, yo creo que este Gobierno está haciendo un esfuerzo extraordinario, pero ¿es suficiente todo eso? Porque ves que todavía el riesgo país está 500 puntos básicos arriba, cuando un país que está haciendo lo que está haciendo este tendría que tener, no sé, 150 puntos básicos. ¿Eso es culpa de este Gobierno? No. ¿De quién es la culpa? De la historia que venimos acumulando y de los ruidos políticos que se generan internamente.

“Argentina, mientras tenga el peso, va a tener un techo en su tasa de crecimiento”

P.: En el plano de lo hipotético, ¿en qué estadio cree que estaría la economía hoy, siguiendo el programa de dolarización que había propuesto en su momento?

E.O. Mirá, no quiero hacer contrafácticos. Pero la historia Argentina te muestra, por ejemplo, que una reforma monetaria dura, como fue la convertibilidad, le permitió a la Argentina crecer en los cuatro años siguientes al 9% en términos reales. Argentina, mientras tenga el peso, va a tener un techo en su tasa de crecimiento. Yo creo que hay un techo. Si la Argentina tuviera una estabilidad monetaria creíble, ese techo sería mucho más alto, sin duda.

La principal cosa que rescato de la convertibilidad fue que era creíble. Las reformas monetarias creíbles son las únicas reformas que puede hacer un gobierno en la economía cuyo efecto se siente al día siguiente de anunciarlas.

“El Gobierno puede decir lo que quiera, pero si tengo 1.000 millones de dólares para invertir, no importa lo que diga”

P.: En agenda están puestas reformas de distinta índole…

E.O: Todas las que quieras, pero no hay ninguna otra que cumpla con esa característica. Las desregulaciones también toman tiempo, porque los agentes económicos las van procesando. Además, si no hay estabilidad monetaria, les cuesta percibir de qué manera se benefician o esas reformas les permiten aumentar su productividad, sus niveles de inversión, la tasa de retorno, etcétera. Hoy por hoy es muy difícil hacer ese cálculo. Porque si vos hacés una inversión a diez años, te tenés que plantear: “Cuando me tengan que repagar, ¿cuál es el tipo de cambio?”.

Entonces, el Gobierno te puede decir lo que quiera, pero si yo tengo 1.000 millones de dólares para invertir en la Argentina, no me importa lo que me dice el Gobierno. Yo lo que hago es mirar cuál es la historia de este país y ver cómo han sido las devaluaciones, los controles de cambio y todo lo demás.

Una reforma monetaria creíble se siente al día siguiente. Al día siguiente del 1° de abril de 1991, la gente dijo: “Uy, mirá, el Congreso aprobó una ley que dice uno a uno, que el Banco Central no financia más el déficit”. Y dijeron: “No, esto es ley del Congreso, listo”. La gente lo creyó. Vos hacés eso hoy y la gente no te cree.

“El RIGI no resuelve la estabilidad cambiaria del país”

P.: Si uno mira los datos que difunde el Gobierno respecto del nivel de inversión a través del RIGI, uno podría pensar que el empresario cree en las reformas que está llevando adelante el Gobierno, ¿no?

E.O: Sí, pero todas esas inversiones anunciadas son inversiones que tienen un cronograma de desembolsos a lo largo del tiempo. Y el RIGI no es una obligación. Si la Argentina cambiara por cualquier razón, los inversionistas van a decir: “Bueno, gracias, me voy a otro país”. ¿No? Entonces, vos podés resolver con el RIGI la parte de seguridad jurídica, contractual, de protección de las inversiones. Esa la resolvés con el RIGI, fantástico.

Lo que no resolvés con el RIGI es qué pasa con la inestabilidad cambiaria en el país. Como mucho, este Gobierno lo puede resolver hasta 2027 y, si gana, lo podrá extender cuatro años más. Pero esa es la realidad.

P.: En un segundo mandato de Milei, ¿usted cree que la dolarización tendría que volver a posicionarse como eje central?

E.O: No, claramente no está en los planes del Gobierno. Y por eso, también, como me quedó claro que no iba a estar en los planes del Gobierno, decidí no aceptar el nombramiento que me habían hecho.

P.: Emilio, no me quiero meter en el ámbito personal, pero me veo obligada a preguntarle cómo es que pasó de ser elegido para la presidencia del Banco Central a no mantener diálogo con el Gobierno. ¿Qué sucede en el medio para ir de un extremo al otro?

E.O.: Te explico. Yo tengo muy buena relación con todos. Simplemente, me pareció que no tenía sentido que yo, una persona que había escrito un libro a favor de la dolarización, aceptara una posición para hacer justamente lo que yo digo que no hay que hacer. Me parecía deshonesto intelectualmente, no tenía ningún sentido.

No hablo con el Gobierno porque no tengo nada que decirles. Ellos ya saben cómo pienso y, digamos, no tendría sentido que yo esté tratando… Yo no estoy haciendo lobby por mi idea. Sigo pensando lo mismo que siempre, no cambié. La misma idea que yo tenía hace dos años es la que tengo hoy. Quizás hoy estoy todavía más convencido que hace dos años de que es el camino correcto. Pero no hay nada personal.

P.: Le desea éxitos a la gestión…

E.O.: Les deseo el mejor de los éxitos y ojalá prueben y me demuestren que estaba equivocado, y que se podía por este camino.



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