Cuántos impuestos bajó hasta ahora Milei y por qué los tributaristas advierten que no es suficiente
Pasados casi 14 meses de gobierno, la balanza tributaria se inclina a la baja, con 12 impuestos que se redujeron y tres que aumentaron. Y, si bien economistas y tributaristas hablan de un comienzo auspicioso, coinciden a grandes rasgos en que hay que avanzar con el más pernicioso de los gravámenes: Ingresos Brutos en las provincias y el impuesto al cheque en el nivel nacional.
“Uno de los pilares del Gobierno, acertadamente desde nuestra perspectiva, fue lograr y mantener el superávit fiscal. La Argentina está en proceso de construir la confianza y no era viable continuar con un déficit fiscal financiado por endeudamiento, aumento de impuestos o emisión de dinero sin respaldo. En ese marco, la reducción de impuestos, tasas y contribuciones debería ser una política permanente, pero sin poner en riesgo el superávit fiscal”, opinó Sebastián Domínguez, socio de SDC Asesores Tributarios y autor de la lista de impuestos que bajaron y subieron.
Más allá de esto señaló que, en el nivel nacional, el siguiente impuesto que debería disminuir es el impuesto a los débitos y créditos bancarios (más conocido como impuesto al cheque) porque es distorsivo y afecta a toda la economía ya que se cobra sobre las transacciones financieras.
“El Gobierno había dicho que, antes de reducir las retenciones a las exportaciones, primero iba a reducir el impuesto a los débitos y créditos o iba a establecer un sistema de pago a cuenta, y al final anunció la reducción de las retenciones. Por lo cual lo del impuesto al cheque quedó para una segunda etapa. Como representa un porcentaje importante de la recaudación de impuestos nacionales, no es fácil bajarlo. Entonces, probablemente primero permitan el cómputo como pago a cuenta del 100% del impuesto a las ganancias y del IVA. Hoy solo se permite respecto de Ganancias y para algunos contribuyentes es el 100% y para otros menos”, explicó.
César Litvin, CEO del Estudio Lisicki, Litvin & Asociados, coincidió en que en el nivel nacional desde el gobierno de Javier Milei se vienen reduciendo los tributos –a diferencia de lo que sucede con las provincias y municipios– y que, a partir de un superávit fiscal sustentable, deberían reducirse o eliminarse las retenciones, el impuesto a los débitos y créditos bancarios y los impuestos internos.
“Si bien hace pocos días está vigente una reducción temporal de este tributo, el impuesto a las exportaciones afecta en forma incuestionable la competitividad de nuestros productos y solo 12 países en el mundo lo tienen. En cuanto al impuesto a los débitos y créditos bancarios, fue creado durante la emergencia económica en 2001 en forma transitoria y todavía está vigente. Es distorsivo porque mide transacciones y no capacidades económicas, desalienta la bancarización y además se pagan impuestos sobre impuestos. Por último, los impuestos internos deben reformularse porque implican una superposición con el IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales sobre ventas, además de que algunos de los bienes gravados ya no son de lujo”, señaló.
En tanto, en el nivel provincial, Litvin dijo que hay dos impuestos originados en la época medieval que son el impuesto de sellos, que debería ser eliminado, y el de ingresos brutos, que debería ser reformulado en un impuesto a las ventas en la última etapa minorista.
“En el caso de Ingresos Brutos, llena todos los casilleros del peor impuesto del sistema tributario. Tiene efecto acumulativo, en cascada, lo que significa que se traslada a precio en cada una de las etapas y se repotencia como una bola de nieve. Grava el ingreso aun si la operación genera pérdida. Afecta las exportaciones porque los insumos que se exportan tienen contenido este impuesto. Además, al ser provincial, hay jurisdicciones con distintas alícuotas y diferentes tratamientos y, actualmente, el 70% de la recaudación es anticipada a través de mecanismos de percepciones y retenciones generando, en muchos casos, saldos en favor del contribuyente, cuyo crédito con el fisco se ve pulverizado por la inflación porque no existe un mecanismo idóneo de devolución cuando el contribuyente tiene ese saldo en su favor. Por último, se traslada totalmente a precios y, al aumentar las alícuotas, genera más inflación”, detalló.
En cuanto a los tributos municipales, Litvin dijo que en los últimos años los intendentes han pulverizado el concepto de tasa y actualmente están cobrando verdaderos impuestos prohibidos legalmente disfrazados de tasas. “En efecto, el valor de las tasas debe guardar relación con el costo prestacional del servicio que presta el municipio y el caso más relevante es la tasa de inspección, seguridad e higiene, que se cobra en función del monto de ventas, con total abstracción del costo del servicio. Por otro lado, hace unos meses que algunos municipios del conurbano bonaerense cobran tasas viales que se adicionan al precio de la nafta, en teoría por el uso del espacio de la jurisdicción municipal. Esto es un verdadero disparate. Esta tasa, al aplicarse sobre ventas, genera una superposición de impuestos sobre la misma operación (IVA, impuestos internos de corresponder, Ingresos Brutos, tasa de seguridad e higiene). Todo esto se traslada a precio y lo paga el consumidor”, cerró.
Por último, el economista Antonio Aracre dijo que a las bajas del impuesto PAIS y de bienes personales en 2024 se sumaron recientemente la eliminación y reducción de las retenciones al campo y de los impuestos internos a los autos. “Esto no alcanza para compensar la necesaria mejora de competitividad que requiere la economía argentina, pero es un comienzo auspicioso que debería seguir con el más pernicioso de los gravámenes: Ingresos Brutos en las provincias y el impuesto al cheque a nivel nacional”, afirmó.
Según Aracre, si la economía crece al 5% este año como algunos predicen, es probable que esas bajas se concreten antes de las elecciones legislativas. “Recordemos que nuestra economía dolarizada no cuenta con la facilidad de devaluar la moneda para ser más eficientes, de modo que solo nos queda bajar el gasto y los impuestos. En 2026, poselecciones, vendrá la segunda generación de reformas estructurales que modificarán para siempre las vetustas estructuras del coste argentino: la laboral, la previsional y la impositiva”, concluyó.
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