Chiqui Tapia, en la FIFA: la desafiante respuesta a la foto de Di Carlo con Verón y la trastienda de los dos dirigentes que lo acompañaron

La imagen hizo ruido en la intimidad de la AFA y no pasó inadvertida para Claudio Tapia. Hasta motivó un comentario para sus allegados. “Que lo intenten, vamos a ver cómo les va”, dijo palabras más, palabras menos, con un tono desafiante. A esa hora, mientras Stefano Di Carlo y Juan Sebastián Verón se fotografiaban en el salón Rafael Aragón Cabrera del Monumental, Chiqui estaba en la sede de la Conmebol en Paraguay junto a dos dirigentes de su riñón. Juan Manuel Cavagliatto, presidente de Instituto de Córdoba, y Hernán Arboleya, vocal de Lanús y hombre de confianza de Nicolás Russo, titular granate, muy cercano al mandamás de Viamonte 1366 (o Mercedes, a la misma altura, donde mudó la sede para escapar de las garras de la Inspección General de Justicia).

Y con ambos viajó a Zurich, donde este jueves se llevará a cabo la reunión del 37° Concejo de la FIFA. La convocatoria fue realizada por el secretario general Mattias Grafström y en el orden del día, además de la revisión de informes de comisiones y cuestiones relacionadas a distintas competiciones, sobresalen dos puntos: la revisión del marco de gobernanza y financiero, en la que se tratará la propuesta relativa a FIFA Forward Enterprise (FFE), y el Premio FIFA para la Paz, que Gianni Infantino le adjudicó a Donald Trump, un socio estratégico.

No es casual la presencia de Cavagliatto, un empresario del transporte cada vez más cercano a Tapia. El club de Alta Córdoba ascendió en 2022 durante una polémica final con Estudiantes de Caseros que dirigió Fernando Espinoza, a quien le reclamaron un gol en offside de Fernando Alarcón y las expulsiones de dos futbolistas del club bonaerense, Lautaro Lusnig y Elías Alderete. Hoy, Instituto es uno de los equipos más beneficiados por los “errores” de los árbitros. Sin ir más lejos, el viernes pasado hubo infracción en los dos goles que el conjunto que dirige Diego Flores le hizo a Boca en el Mario Alberto Kempes.

Hace una semana, el joven titular de Instituto se manifestó públicamente a favor de Tapia. “Nosotros, como clubes del Interior, vamos a defender con uñas y dientes el torneo de 30 equipos. Hace 2 años me lo preguntaron y lo vuelvo a reafirmar, el Interior necesita 30 equipos”, enfatizó el dirigente cordobés de 39 años. Ya había estado en el Congreso de Vancouver, que se llevó a cabo a fines de abril.

Arboleya es otro de los directivos encolumnados con el presidente de la AFA. Sin ir más lejos, lo defendió a viva voz. Se expresó, fundamentalmente, días después de que River anunció su salida del Comité Ejecutivo. «Esta embestida que está teniendo Chiqui Tapia no es casualidad. No me gustaría que Lanús siga los pasos de River. Tengo que pensar que hay algo netamente político detrás de esto. Hay una mano del Gobierno», disparó en marzo.

Tapia viajó en un avión privado -como casi siempre- y los dirigentes argentinos no fueron los únicos que disfrutaron las bondades del Gulfstream V. Según pudo averiguar Clarín, también volaron los representantes de Colombia, Uruguay y Ecuador. Allá se juntó con Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, y ambos cenaron con Infantino. El propio Chiqui publicó una foto de la comida en la que se destacó la burrata y otra con el mandamás suizo, a quien apoya abiertamente en su reelección de 2027.

Infantino quedó en el centro de la tormenta tras anunciar el FFE, filial comercial encargada de gestionar los derechos operativos y de transmisión de sus torneos, como el Mundial 2030 y el Mundial de Clubes 2029. Prometía distribuir 6 mil millones de dólares entre las 211 federaciones miembro.

La UEFA y la Concacaf rechazaron de plano la propuesta porque socavaba los derechos del fútbol y se sometía a la privatización. Los europeos y los norteamericanos buscan destituirlo. Tapia -y Conmebol, claro- lo apoya.

Mientras tanto, lejos del lujo de Zurich, aparecieron carteles en la Panamericana apuntándole al presidente de River. «Di Carlo Chilindrina», rezaban. Las mismas leyendas se observaron en Barracas Central. Nada es casual. En Núñez y La Plata se golpeaban el pecho. «Les entró la bala», dijeron en uno y otro extremo de Buenos Aires.

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