Los préstamos a corto plazo a los consumidores cayeron un 8,3% interanual en septiembre, la mayor baja registrada. La crisis inmobiliaria, la mayor cautela de los bancos y las nuevas restricciones a las agencias de cobranza profundizan las dificultades para reactivar el consumo interno.
Los consumidores frugales de China lo son cada vez más. Los préstamos a los hogares se han reducido durante la mayor parte del año. Los préstamos a corto plazo a los consumidores cayeron un 8,3% en septiembre en comparación con el año anterior, la mayor caída registrada. En agosto, el volumen de préstamos al consumo alcanzó su nivel más bajo desde los duros confinamientos de China por la política de “cero covid”. Durante un feriado nacional a principios de octubre, el consumidor promedio gastó un 2% menos que en el mismo período festivo de 2025. Los comercios minoristas de China tienen motivos para sentirse decepcionados. Lo mismo ocurre con el Gobierno, que desde la pandemia intenta aflojar los cordones de la billetera de los hogares.
Los chinos están pidiendo menos préstamos, en parte, debido a la prolongada crisis inmobiliaria. El desplome de las ventas de viviendas implica menos solicitudes de hipotecas. Muchos compradores de viviendas amortizan sus hipotecas anticipadamente si pueden hacerlo. Dado que un préstamo hipotecario es el mayor que contrae la mayoría de las personas, esta prudencia puso fin a un aumento del endeudamiento de los hogares que había durado décadas. La relación entre su deuda y el PIB alcanzó el 60% en 2020 y se mantuvo estable hasta el año pasado, cuando descendió ligeramente. (En el conjunto de los países ricos, la proporción apenas se encuentra por debajo del 70%).
Sin embargo, eso no explica la caída del crédito al consumo. Es posible que tenga poco que ver con la frugalidad de los compradores o con la del Gobierno. En un esfuerzo tardío por impulsar el consumo interno, el año pasado el Ministerio de Finanzas comenzó a otorgar subsidios a los bancos que permiten cobrar intereses más bajos por los préstamos al consumo destinados a artículos de alto valor, como autos nuevos y renovaciones de viviendas.
Aun así, los bancos se muestran cada vez más reacios a conceder este tipo de préstamos. ¿Y quién puede culparlos? Los prestatarios chinos parecen estar volviéndose más riesgosos. Más del 10% de los adultos podría haber tenido deudas impagas el año pasado, frente a menos del 8% del año anterior, calcula Gavekal, una consultora.
El subsidio podría estar volviendo a los prestamistas aún más cautelosos. Cuando el ciudadano promedio Zhou tiene dificultades para devolver los préstamos, las tasas de interés del crédito al consumo deberían aumentar para compensar el mayor riesgo para los bancos, en lugar de caer. Como en China no es prudente rechazar la generosidad del Gobierno, los bancos terminan subestimando el riesgo de sus carteras de préstamos. Para mantener ese riesgo bajo control, están dejando afuera a un número cada vez mayor de prestatarios que se encuentran en el límite de los requisitos.
Otra razón de la mayor aversión al riesgo de los bancos es la dificultad para desprenderse de las deudas incobrables de los consumidores. A menudo buscan liberar sus balances mediante la venta de esos activos deteriorados a inversores con mayor tolerancia al riesgo. Estos inversores pagan a los bancos una fracción del valor nominal de los préstamos y luego intentan recuperar el monto total de los prestatarios, lo que a menudo implica acosarlos hasta que paguen. A principios de 2021, el precio promedio que los bancos podían obtener por los préstamos al consumo vencidos rondaba el 30% de su valor nominal, una cifra razonable para deudas que ya se sabía que eran problemáticas. A principios de 2026, esa cifra se había desplomado al 5%.
Esta es una tendencia preocupante. Parece indicar que, una vez que los préstamos al consumo entran en mora, cada vez menos prestatarios tienen intención de devolverlos. Y eso, a su vez, podría ser una consecuencia no deseada de una política gubernamental que, por lo demás, es positiva: una ofensiva contra las agencias de cobro de deudas con prácticas mafiosas que llevan años aterrorizando a los deudores.
Los cobradores de deudas de China son, sin duda, un grupo temible. Ante la escasez de normas y directrices para el sector, las pequeñas empresas de cobranza suelen recurrir a lo que los chinos denominan “violencia blanda” para recuperar préstamos al consumo y deudas de tarjetas de crédito vencidos. Entre las tácticas habituales se encuentran “llamarte hasta la muerte”, una expresión que alude a llamar a los deudores, sus familiares y amigos cientos de veces al día; divulgar historiales crediticios a seres queridos o empleadores; e incluso crear imágenes obscenas que se envían a conocidos de los deudores. Los cobradores suelen presentarse en las puertas de los deudores en plena noche.
Este tipo de intimidación puede tener consecuencias trágicas. En los últimos años, se han vuelto angustiosamente frecuentes las historias de deudores que se han quitado la vida como consecuencia de estas prácticas. Las autoridades ya habían intentado frenar los excesos de los cobradores mediante demandas judiciales contra los infractores más graves. Este año fueron más allá y establecieron normas nacionales para poner fin a los malos comportamientos. Desde agosto, los cobradores no pueden realizar más de seis llamadas telefónicas al día a los deudores. También tienen prohibido contactar a familiares y amigos, así como realizar visitas domiciliarias en plena noche. Todas las interacciones entre los cobradores y los deudores deben quedar registradas.
Algunos analistas comenzaron a vincular los fuertes descuentos en la venta de deudas de consumo con la ofensiva contra las prácticas de cobranza. Las nuevas regulaciones tienen como objetivo proteger a los prestatarios del acoso. Un efecto secundario podría ser que haya menos prestatarios a los que los cobradores puedan acosar desde un principio.
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