a seis meses de la guerra en Irán, los ganadores y perdedores del conflicto en Medio Oriente


A seis meses del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, las peores previsiones económicas no se cumplieron. El conflicto provocó un fuerte impacto sobre los precios del petróleo, los mercados financieros y el costo de vida, pero la economía mundial logró evitar hasta ahora el escenario de recesión global que muchos analistas habían anticipado.

La guerra comenzó el 28 de febrero y generó rápidamente una fuerte reacción en los mercados. La incertidumbre llevó a los inversores a desprenderse de acciones, mientras el petróleo se disparaba ante las dificultades para transportar crudo a través del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo.

Guerra en Irán: Wall Street gana, los consumidores pierden

Sin embargo, el panorama cambió con el paso de los meses. Después de tocar un piso a fines de marzo, Wall Street recuperó con fuerza el terreno perdido. El Dow Jones acumula una suba cercana al 19%, el S&P 500 avanzó alrededor de 22% y el Nasdaq trepó cerca de 27% desde aquellos mínimos.

El resultado dejó una de las principales paradojas económicas de la guerra: mientras los consumidores enfrentaron mayores costos de combustible, alimentos y viajes, los inversores que evitaron vender durante el peor momento terminaron beneficiándose de la recuperación de los mercados.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán alteró los precios de la energía y golpeó a consumidores de todo el mundo, aunque el impacto sobre la economía global fue menor al esperado.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán alteró los precios de la energía y golpeó a consumidores de todo el mundo, aunque el impacto sobre la economía global fue menor al esperado.

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El petróleo, uno de los grandes protagonistas

El impacto más directo del conflicto se produjo sobre el mercado energético. Con el tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz prácticamente paralizado durante buena parte del conflicto, el precio del Brent pasó de unos u$s72 por barril hasta rozar los u$s120.

Aunque posteriormente el crudo moderó parte de esa suba, todavía se encuentra aproximadamente 20% por encima de los niveles previos al comienzo de la guerra. El encarecimiento de la energía se trasladó a los costos de transporte y producción y terminó impactando en los consumidores.

Para los países y empresas vinculados a la producción de petróleo, en cambio, el escenario fue favorable. Los mayores precios permitieron incrementar los ingresos, mientras que las compañías energéticas quedaron entre las principales beneficiadas por la crisis.

Los mercados desafiaron los pronósticos

La reacción de las bolsas fue inicialmente negativa. El Dow Jones y el Nasdaq entraron en territorio de corrección y el S&P 500 registró en marzo su peor desempeño mensual desde 2022.

Pero el temor inicial dio paso a una recuperación que sorprendió por su magnitud. El entusiasmo generado por las inversiones en inteligencia artificial ayudó a compensar parte del impacto negativo provocado por la guerra y terminó funcionando como uno de los motores de los mercados.

El Fondo Monetario Internacional había advertido en julio que la economía mundial estaba siendo empujada en dos direcciones opuestas: la guerra actuaba como un freno sobre el crecimiento, mientras que el auge de la inteligencia artificial funcionaba como un contrapeso.

La energía limpia gana terreno

El shock petrolero también reforzó el argumento a favor de acelerar la transición hacia fuentes de energía alternativas. El encarecimiento de los combustibles y la incertidumbre sobre el abastecimiento llevaron a algunos mercados a incrementar la demanda de vehículos eléctricos.

Las ventas de autos eléctricos registraron fuertes aumentos interanuales en distintos países. En Singapur crecieron 110%, en Nueva Zelanda 180% y en Colombia llegaron a trepar 300%, según los datos citados en el informe.

La guerra, de esta manera, terminó generando un incentivo adicional para reducir la dependencia del petróleo y diversificar las fuentes de energía.

Quiénes ganan y quiénes pierden

Entre los principales ganadores aparecen los inversores que mantuvieron sus posiciones durante la caída de los mercados, las empresas petroleras y algunos productores de energía. También la industria vinculada a las energías alternativas encontró nuevas oportunidades ante el aumento de los costos de los combustibles tradicionales.

Del otro lado quedaron los consumidores, que enfrentaron mayores gastos para trasladarse, calefaccionarse y acceder a determinados productos. Las economías más dependientes de las importaciones energéticas también sufrieron el aumento de los costos.

El balance, seis meses después, es menos dramático que el escenario que se proyectaba al comienzo del conflicto. La economía mundial no cayó en una recesión generalizada y los mercados recuperaron buena parte del terreno perdido. Pero la guerra dejó una nueva realidad energética, con petróleo más caro y una mayor presión para acelerar la transición hacia fuentes alternativas.

La principal incógnita ahora pasa por cuánto tiempo se mantendrá el conflicto y qué ocurrirá con el estrecho de Ormuz. Una reapertura estable de esa ruta podría aliviar la presión sobre el petróleo y los precios internacionales. Pero una nueva interrupción del suministro volvería a poner a la economía global frente al riesgo de un shock energético.



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