Eran prostitutas, creían que no iban a llegar a viejas y hoy trabajan de cuidadoras: tres mujeres trans y su primer empleo formalPor Florencia Illbele

Yenifer Pereira (35) pasó años trabajando en la calle, parada en una esquina, “encamándose con cualquiera”. Lo hizo en Paraguay, en Brasil y también en Buenos Aires. Sufrió abusos, fue humillada, golpeada y robada. Durante mucho tiempo no imaginó un futuro posible. “Creía que no iba a llegar a vieja”, le cuenta a Infobae. No es una percepción aislada: la expectativa de vida de las personas trans en Argentina sigue siendo menor a los 40 años.

Sin embargo, desde hace un tiempo, empezó a pensarse de otra forma. Fue después de que consiguió un puesto en el hogar de adultos mayores Santa Ana, donde hoy asiste a residentes que, en muchos casos, no tienen a nadie más. “Sería maravilloso envejecer y que me cuiden así, como yo los cuido a ellos”, dice.

Yeni, como la llaman todos, es una de las protagonistas de Cuidadoras, el documental dirigido por Martina Matzkin y Gabriela Uassouf, que sigue a tres mujeres trans que lograron acceder a un trabajo formal en el sistema público. Nada de lo que muestra la cámara está ficcionado. El film va tras los pasos de Luciana Méndez, Maia Antesana y Yenifer Pereira mientras cumplen sus tareas en el hogar y enfrentan, por primera vez, las rutinas de un empleo registrado. Si bien cada una tiene orígenes e historias distintas —Luciana es de Buenos Aires, Maia de Salta y Yeni de Paraguay— comparten un mismo deseo: construir su propia vejez lejos de la prostitución, una actividad a la que todas recurrieron en algún momento para sobrevivir.

El film no solo registra esa transformación íntima, sino que deja en evidencia algo mayor: la fuerza de una política pública concreta, como el cupo laboral trans, una ley pensada para garantizar condiciones de igualdad a un colectivo históricamente atravesado por la discriminación y la exclusión.

Cuando decidió migrar desde Paraguay a la Argentina, allá por 2009, Yeni lo hizo con la convicción de que iba a encontrar una mejor calidad de vida. “En ese entonces me dedicaba al trabajo sexual, como el 90% de las chicas trans. Vine acá para estar en el rubro de limpieza, pero al final terminé haciendo lo mismo”, cuenta.

En 2012, con apenas 22 años, se fue a probar suerte a Brasil. Se instaló en Francisco Beltrão, un municipio del sudoeste de Paraná, sin saber una palabra de portugués. La experiencia fue traumática. “Una noche, en la zona roja, sufrí mi segundo abuso sexual. Me costó muchísimo superarlo”, dice.

El cambio llegó años después, cuando Yeni regresó a Buenos Aires y se acercó a la Asociación Civil Mocha Celis con el objetivo de terminar la primaria. Allí se enteró de que la institución ofrecía una capacitación en cuidados para personas mayores y decidió anotarse. La cursada terminó con pasantías en el hogar Santa Ana que, más adelante, derivó en un contrato formal. Hoy, a casi cuatro años de su ingreso al lugar, Yeni sigue trabajando ahí.

El curso que cambió su vida fue también el punto de partida para el documental, que comenzó a gestarse en 2017. En ese momento, Martina Matzkin y Gabriela Uassouf —codirectoras de Cuidadoras— visitaron un hogar público donde trabajaban mujeres trans y quedaron impactadas. “Nosotras somos militantes por la diversidad hace muchos años y, si bien, conocíamos muchas historias, esta era una postal particular: para las mujeres trans, pensar en la vejez todavía es ejercer un derecho que les fue negado durante décadas, porque su expectativa de vida sigue siendo mucho menor que la de las personas cisgénero. Justamente, la pregunta que nos hicimos fue: ¿cómo cuida a un anciano, alguien para quien la ancianidad es un privilegio?”, cuenta Gabriela a Infobae. Y sigue: “Entonces propusimos el proyecto y empezamos a filmar, pero llegó la pandemia y echó todo por la borda”.

Durante el aislamiento, ambas participaron del Teje Solidario —una red de asistencia impulsada por la Mocha Celis— y comenzaron a idear un nuevo curso de formación. La propuesta creció en red con distintas instituciones: la Cruz Roja, la Universidad Nacional de Tres de Febrero y organismos del Estado, como la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores, que avalaron el certificado. Así nació una capacitación oficial, con prácticas reales en el hogar Santa Ana. No solo formó a las tres protagonistas del documental: hoy, más de 30 personas travestis, trans y no binarias ejercen tareas de cuidado en distintos espacios.

“Este es mi primer trabajo formal. Me costó llegar, me costó adaptarme también, pero era lo que yo quería”, dice. Lo más difícil fue el dinero. “Haciendo el trabajo anterior, en una o dos noches sacaba lo que acá gano en un mes. Tuve que cambiar mi forma de vivir, achicar gastos, pero no me quejo”, asegura.

En Santa Ana, Yeni asiste a personas mayores con distintas discapacidades, algunas sin familia, otras con vínculos activos que reciben visitas todas las semanas. “Se aprende mucho de ellos porque van compartiendo anécdotas e historias”, dice. Varias de esas charlas quedaron registradas en la película. Yeni, por ejemplo, comparte con Vicky —una exbailarina de danzas folklóricas de 92 años— un pasado como peluquera y el acceso tardío a la educación formal. Maia, que atraviesa una relación afectiva difícil, encuentra en Alicia —una mujer de 80 que enviudó tras un matrimonio largo y feliz— alguien que le ofrece consejos con la naturalidad de quien ya atravesó todo. Luciana, en tanto, conecta con Beto —un mecánico de autos de 85 años— que quedó en silla de ruedas. Mientras él entrena cada día con la esperanza de volver a caminar, ella sueña con juntar dinero para recorrer el sur en moto.

“El hogar, donde cuidadoras y residentes conviven, sueñan, se frustran, es un personaje más de la película. En el día a día de la residencia, lo más particular termina mostrándose universal. Elegimos retratarlo con la menor intervención posible del espacio, aprovechando siempre la luz natural, empleando la cámara fija para observar el encuentro y dejar que la magia ocurra”, cuentan las directoras.

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