El orgasmo es una descarga de tensión placentera que se convierte en la meta de las relaciones sexuales. El modelo de relación heterosexual le da un valor superlativo a la penetración y al clímax poniendo en segundo lugar al juego erótico.
Para este modelo el erotismo (encuentro, conexión, juego) es solo un paso, un “caldeamiento” para llegar a la penetración.
Esta manera internalizada por la mayoría de las personas no permite que los cuerpos y los sentidos se concentren mejor en los estímulos eróticos. El deseo se transforma en una pulsión ansiosa por llegar al clímax. Y así, la urgencia por “acabar” no le da lugar a un contacto más rico en sensaciones. En el encuentro erótico es fundamental el juego, que los cuerpos se relajen, se enlacen, que la piel “se despierte” y que la mente se concentre en lo que está sucediendo.
El juego no es un mero paso para llegar al orgasmo, es un recurso fantástico para sentir placer. Sin embargo, se sigue considerando como un caldeamiento progresivo para llegar al climax. Una vez que los cuerpos entran en acción inician una escalada que termina en el orgasmo. “No pares”, “no te detengas”, “seguí” se escucha en ese momento de excitación creciente. Detenerse, bajar el ritmo y la fuerza del movimiento pélvico es sinónimo de cansancio o de que algo está pasando.
Por lo general cuando comienzan los movimientos coitales el aumento de la excitación es progresivo, es como subir una escalera sin detenerse pasando por alto los descansos, hay que llegar rápido a destino.
Las primeras sensaciones que indican que se está iniciando el orgasmo solo incitan aún más las ansias de acabar ¿Y si en ese momento, en vez de seguir apurados, bajamos el movimiento, pensamos en cualquier otra cosa y detenemos el orgasmo?
Muchas veces lo habremos hecho sin saber que ese instante de limite, de corte, se denomina edging, y es una práctica que debe ser acordada por la pareja para conseguir orgasmos más intensos. El edging consiste en detenerse (apenas aparecen los primeros indicadores del orgasmo), entrando en un momento de pausa, de leves movimientos de pelvis, o concentrados en otras partes del cuerpo de la pareja. Es importante el acuerdo entre las partes para que no sea vivido como un imprevisto o como una decisión unilateral, cada uno puede levantar la “bandera roja” de parar o la verde” de seguir y el otro sabrá interpretar la señal y parar.

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