El hundimiento del ARA General Belgrano: 323 muertos, 58 minutos para escapar y lealtad hasta el finalPor Julieta Roffo

Habían pasado apenas las cuatro de la tarde. La madrugada había sido confusa: lo que el día anterior parecía una orden clara para ser protagonista de un ataque al enemigo se había convertido, entre la una y las seis de la mañana, en la advertencia sobre un posible cambio de rumbo al principio y la seguridad sobre ese cambio en las primeras horas de ese 2 de mayo.

A la tarde de ese día, el buque ARA General Belgrano ya había reorientado su dirección para volver a una posición más de espera que de avance sobre las fuerzas británicas. Pero dos minutos después de las cuatro de la tarde el destino de esa embarcación con casi 1.100 hombres a bordo cambió. Para siempre y trágicamente.

El primer torpedo submarino impactó casi en el centro de ese buque que había navegado por primera vez en 1938, cuando pertenecía a la Armada de los Estados Unidos, y que ahora formaba parte de las fuerzas argentinas en plena Guerra de Malvinas. Fue el más letal de los dos disparos británicos que impactaron en el buque y que lograrían hundir a ese gigante naval de 180 metros de eslora en apenas 58 minutos. En ese ataque morirían casi la mitad de los hombres argentinos que cayeron durante el enfrentamiento bélico de 1982.

Antes de llamarse ARA General Belgrano tuvo otros dos nombres. En Estados Unidos fue el USS Phoenix. En su primer viaje, hace casi noventa años, Buenos Aires fue una de sus paradas, aunque todavía la Argentina no formara parte de su historia. Como parte de las fuerzas norteamericanas, sobrevivió al bombardeo japonés a la base de Pearl Harbour durante la Segunda Guerra Mundial.

Algunos años después del fin de esa contienda, la Armada Argentina compró el buque. Fue en 1951, durante el primer gobierno peronista, que lo nombró ARA 17 de Octubre en alusión a la fecha fundacional del movimiento encabezado por Juan Domingo Perón.

El nombre cambió por última vez durante la autoproclamada Revolución Libertadora: fue a bordo del buque que se negociaron las condiciones de la entrega del poder a la dictadura que acababa de iniciarse, en septiembre de 1955. El vicealmirante Isaac Rojas fue el que impuso que la embarcación pasara a llamarse con el nombre que mantiene hasta hoy, ARA General Belgrano.

Una vez al año, el buque entraba en mantenimiento. En 1978 fue parte de la Operación Soberanía que estuvo a punto de invadir islas chilenas durante el conflicto por el canal del Beagle que mantuvieron Argentina y Chile. El papa Juan Pablo II estuvo al frente de las operaciones para detener el enfrentamiento, que finalmente no llegó a estallar.

En 1982, tras el desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, el ARA General Belgrano fue incorporado a las fuerzas que se enfrentarían a la Task Force británica. Se le asignó como tarea apostarse en la Isla de los Estados para custodiar Malvinas y el movimiento de las tropas del Reino Unido desde el sudoeste. Allí esperaría instrucciones más precisas, que llegaron finalmente el 1º de mayo, primero con ánimo de ser ofensivos y, unas horas después y en medio de la disminución del movimiento de los portaaviones ingleses, con el objetivo de replegar ese potencial ataque. En ese redireccionamiento estaba el buque durante la tarde del 2 de mayo.

El submarino británico HMS Conqueror vio por el periscopio que tenía el ARA General Belgrano a su alcance. Margaret Thatcher, premier británica, estaba reunida con su gabinete en Chequers, la residencia de campo que le correspondía por su rol, a unos 65 kilómetros de Londres. De esa reunión salió la orden de que el Conqueror disparara sus torpedos contra las embarcaciones argentinas a las que apuntaba, especialmente el buque mayor. Navegaban cerca el ARA Bouchard y el ARA Piedrabuena.

Los días en el ARA General Belgrano

El primer torpedo mató, entre otros, a los únicos dos civiles que estaban embarcados. Trabajaban en la cantina de la nave y se habían negado a desembarcar una vez que supieron que el buque entraba en misión de guerra. Había, además, 1.091 tripulantes de la Armada Argentina. Murieron 323 de esas personas, entre los que perdieron la vida por el impacto de los dos torpedos disparados desde el Conqueror y los que no resistieron una evacuación de 21 horas en balsas, en medio de una tormenta en el mar prácticamente helado.

Esas 1.093 personas que abordaban el buque en mayo de 1982 eran una cantidad extraordinaria: habitualmente se embarcaban entre 750 y 800 hombres. Pero una guerra supone circunstancias especiales, por eso aumentó la cantidad de tripulantes. Formaron tres equipos que cumplían turnos de 8 horas cada uno, lo que permitía que el buque se mantuviera completamente en funciones durante todo el día y toda la noche.

El buque comprado en 1951 encabezaba una misión que también ocuparía al Bouchard y al Piedrabuena. La inclusión del ARA General Belgrano en las tropas argentinas se había mantenido completamente en secreto para tener a favor el factor sorpresa, según contó el comandante Héctor Bonzo, a cargo de la nave, tras su hundimiento.

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