«Esta vez es diferente»: el economista Ariel Coremberg advierte qué reformas hacen falta tras el fin del cepoPor Daniel Sticco
En una nueva economía, intenta avanzar el Gobierno de Javier Milei, con la denominada “Fase 3”. que fue analizada e implementada en conjunto por el ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili -tras haber revertido el abultado déficit fiscal y depurado al BCRA de los pesados pasivos monetarios acumulados por el creciente desequilibrio de las finanzas públicas hasta 2023-.
La estrategia incluye un nuevo acuerdo de crédito con el FMI, destinado a recapitalizar al ente monetario, que permitió terminar con casi seis años de cepo cambiario y restricciones al movimiento de capitales al exterior, y habilitó un régimen de flotación, con amplia brecha entre compra y venta, sin intervención oficial en ese margen.
Con ese cuadro, Infobae entrevistó a Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la Productividad (CEP), y profesor en UBA, Udesa y Ucema, para conocer su visión sobre la coyuntura y las perspectivas para lo que resta del año.
— Qué le pareció la primera reacción de los mercados a la salida del cepo?
— Positiva. No hubo una disrupción cambiaria como se esperaba. El desafío luego de la etapas iniciales de la estabilización y una vez que se acceda al mercado voluntario de deuda, es que el tipo de cambio deje de ser leading indicator de expectativas de inflación futura.
Debido a la historia argentina de los últimos 80 años, el dólar se constituyó en moneda de reserva de valor y en unidad de cuenta de los “ladrillos” y bienes durables. En una hiperinflación como la vivida durante 2023, además se generaliza la dolarización de precios y contratos no solo a los sectores transables sino también a los de consumo no durables.
Por lo general, Argentina tiene miedo a flotar, en la jerga “fear to floating”, dado que el pass-through a precios se volvió automático luego de dos décadas de inflación y aprendizaje social para adaptarse a un régimen de alta suba de los precios que desembocó en la hiperinflación de 2023.
El desafío que tiene el Gobierno, luego de haber usado dos anclas -cambiaria y fiscal- en la primera etapa de estabilización, es que, con este nuevo sistema de bandas cambiarias, logre convencer no solo a los inversores internacionales sino también al ahorrista argentino de que “esta vez es diferente”. Y que aplicará reformas estructurales, principalmente la laboral, para generar empleo y salarios formales en base a inversiones y productividad, pendientes desde el fallido intento de la Ley Mucci hasta hoy.
— ¿Echa por tierra que el tipo de cambio estaba atrasado, como se desprende del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral?
Los exportadores pueden evaluar que el tipo de cambio está atrasado y retener la liquidación de divisas, y asimismo adelantarse las importaciones en expectativa de que hay una apreciación cambiaria insostenible pero asimismo el sector servicios y los trabajadores formales e informales no desean que les licuen los ingresos y el salario por una devaluación abrupta, es decir que no es sostenible socialmente un tipo de cambio real alto, porque saben que se trasladaría a precios.
Párrafo aparte Argentina solo tuvo tipo de cambio real alto durante las hiperinflaciones y nunca se debería tomarse como parámetro de comparación un desequilibrio insostenible como ese, que empujó a la sociedad a una demanda contundente por estabilizar.
Todas las estabilizaciones exitosas de hiperinflaciones fueron con ancla cambiaria extrema: convertibilidad, tipos de cambio fijo, etc. para anular el efecto de leading indicator del tipo de cambio como expectativa de inflación futura, todas generaron apreciaciones de la moneda doméstica.

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