El niño de Harlem que venció la pobreza y el abandono: la vida de Al Pacino antes de HollywoodPor Francisco González Tomadin
Alfredo James Pacino nació el 25 de abril de 1940 en el seno de una familia italiana en el corazón de Nueva York. La ciudad, un microcosmos de sueños rotos y oportunidades perdidas, fue su primer escenario, el espacio donde un niño con una personalidad indómita aprendería a sobrevivir en la jungla urbana.
Según contó a The New Yorker, hace unos años, su madre, Rose Gerardi, apenas superaba los veinte años cuando lo tuvo, y su padre, Salvatore Pacino, era un joven inmigrante siciliano que, muy pronto después de su nacimiento, abandonó a la familia.
La separación de sus padres fue una herida profunda que marcaría su infancia de manera definitiva.
Desde temprana edad, Pacino fue testigo de la lucha diaria de su madre, una mujer que, en palabras del propio Al, “trabajaba en trabajos de baja categoría durante el día, y cuando llegaba a casa y era mi única compañía”.
Ella lo llevaba al cine, un refugio, un oasis de fantasía donde podía escapar de las penurias cotidianas. “Luego de cada película, me quedaba repitiendo los personajes, trayéndolos a la vida dentro de nuestra casa”, relató a The New Yorker.
Ya de niño, entendió algo que muchos adultos no captarían jamás: “El cine era donde mi madre podía esconderse en la oscuridad y no tener que compartirme con nadie más”.
En su libro llamado Sonny Boy describió que la relación con sus abuelos maternos fue otro pilar fundamental en su vida. Al crecer en un apartamento pequeño en Harlem, primero, y luego en el Bronx, Pacino se crio entre su madre y sus abuelos, quienes también emigraron desde Sicilia.
Su abuelo, Giovanni Gerardi, nacido en Corleone fue el primero en creer en su potencial artístico.
“Mi abuelo era muy estricto, pero también muy protector, y me apoyó en cada paso hacia el teatro”, contó a The New Yorker.

En sus memorias, confió que la separación de sus padres lo sumió en un vacío emocional del que, aún en sus recuerdos más lejanos, nunca podría escapar completamente. La falta de dinero y de estabilidad era palpable.
“Teníamos tan poco dinero que la situación económica era una constante en mi vida, en los primeros años, y no había muchas formas de salir de ahí”, contó a The New Yorker
En su infancia, las audiciones y los trabajos en el teatro fueron otra lucha continua. En sus primeras audiciones, Al tenía que subirse al micro con el estómago vacío, y aunque la humillación y la inseguridad lo acechaban a cada paso, su amor por la actuación nunca flaqueó.

Los comentarios están cerrados.