Milei unió al peronismo detrás de Kicillof, pero el armado electoral aún multiplica las grietas en todo el paísEl Presidente le pidió la renuncia al Gobernador y propuso intervenir la provincia de Buenos Aires. La coalición peronista, en permanente tensión, respaldó al mandatario bonaerensePor Joaquín Múgica Díaz
El peronismo es un rompecabezas desperdigado por la Argentina. Grande, con piezas muy distintas y sin un hilo conductor. Muy atrás quedó el alineamiento de la mayoría sobre un liderazgo fuerte que los abrace. Lo que sucede en el presente es justamente lo contrario. Existe una subdivisión cada vez más marcada del espacio político. Una fragmentación.
A esa realidad indisimulable se le suma un condimento determinante: las elecciones de medio término. A medida que se acerca el momento de las definiciones electorales, tanto a nivel nacional como provincial, ven la luz nuevas grietas que ponen en jaque cualquier intento de unidad mayoritaria. Unirse para ganar tiene un costo y no todos lo quieren pagar.
El caso más trascendente es el de la provincia de Buenos Aires. El divorcio entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof parece estar cerca de consumarse. Pero siempre, por la flexibilidad y el pragmatismo del peronismo, queda una puerta abierta hasta el momento que, finalmente, suceden las cosas. Siempre.
En los próximos días el Gobernador debe decidir si desdobla o no la elección bonaerense. En su armado político admiten que si no lo hace, toda la pelea que ha dado hasta acá habrá sido en vano. Que el desdoblamiento es un nuevo golpe – tal vez el más fuerte de todos los que dio hasta acá – sobre la mesa de poder K. Hacer lo que quiere él y no lo que pretende CFK.
Si desdobla, la intención inmediata será posicionarse como el gran elector de la provincia. El principal rival de Javier Milei en una agenda de temas extremadamente delicada, atravesada por muertes y robos que ponen la inseguridad como tema central de la campaña electoral.
El jueves Kicillof le pidió a Milei responsabilidad y lo convocó a trabajar juntos frente al crecimiento de los casos de inseguridad. El Presidente le respondió en la mañana del viernes. Le pidió que renuncie y propuso intervenir la provincia. Construir un acuerdo entre Nación y Provincia parece ser una gran utopía.
En La Plata aseguran que el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, hace varios meses que venía trabajando bien con la titular del ministerio a nivel nacional, Patricia Bullrich. Pero que, de un día para el otro, esa buena sintonía se cortó. “Le bajaron línea de la Casa Rosada y ahora le impiden coordinar acciones con nuestro ministro”, explicaron cerca del Gobernador.
El pedido de renuncia e intervención que realizó Milei provocó lo imposible hasta el momento: la unidad de todo el peronismo detrás de Kicillof. Además de su gabinete, lo respaldó Máximo Kirchner, La Cámpora y CFK, reposteando en sus redes sociales un comunicado del PJ Bonaerense en respaldo al gobernador. Todos con Kicillof. La interna se paralizó por un rato.
La unidad es momentánea. De un rato. El pedido del Presidente los empujó a darse un abrazo a la distancia. Y se lo dieron. Pero la cercanía circunstancial no cambia la decisión de fondo. Al menos, por ahora. Porque el cambio de era está en marcha dentro de las cuatro paredes peronistas. Si llegará o no a destino es una gran incógnita.

Ese pensamiento flota sobre todo el arco ultra K. La única que puede ordenar al peronismo a nivel nacional es la ex presidenta. Eso creen y actúan en consecuencia. El principal problema que presenta esa idea es que hay rebeliones permanentes a sus órdenes y pedidos. Como si fuera la caída de un dominó, después de la rebelión de Kicillof empezaron a aparecer otros nombres que se sublevaron frente a la conducción de CFK.
El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, llevó al ámbito judicial la discusión por la presidencia del PJ Nacional. La última semana sacó un comunicado cuestionando la intervención de los PJ de Salta y Misiones, que se decidió en la reunión del consejo nacional del PJ, el último lunes. Asomó la cabeza para tirarle un puñado de reproches a la ex mandataria.
La conducción dirigencial de ambas sedes partidarias disparó sin rodeos contra la ex presidenta y sus aliados. Hablaron de “golpe institucional” y “autoritarismo” como consecuencia de la intervención. Dividieron aguas entre el peronismo del interior y el kirchnerismo bonaerense. Así lo ven desde el norte del país. Dos peronismos. Dos miradas distintas que conviven cada vez peor.

Los comentarios están cerrados.