menor actividad, elevado déficit fiscal y un Congreso opositor


En un batacazo electoral sin precedentes, el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, fue reelegido tras derrotar a Flávio Bolsonaro, en el balotaje este domingo. Sin embargo, los desafíos para el líder del Partido de los Trabajadores (PT) están lejos de termianar. Su próximo mandato, que comenzará el 5 de enero, deberá lidiar con elevadas tasas de interés y la gran carga fiscal de la administración brasileña, lo que amenaza con un enfriamiento de la actividad económica.

El economista de la consultora Eco Go, Honorio Zabaleta, explicó a Ámbito que la prioridad de Lula “es presentar un programa fiscal creíble que permita estabilizar la deuda pública y reducir la incertidumbre” en un contexto en que el déficit fiscal financiero es equivalente al 9% del PBI, según sus estimaciones.

Para lograr ese objetivo, señaló que el mandatario probablemente se enfocará «en el control de los gastos, manteniendo las políticas sociales y la inversión pública”, aunque consideró que le “resultará difícil” de mostrarse creíble frente a los inversores.

El director de la consultora ABECEB, Gustavo Pérego, planteó a este medio que Lula va a tener que encarar el problema del déficit porque “ya es insostenible y con muy pocas herramientas”, debido a que aproximadamente el 88% del gasto público en Brasil es “automático”.

Un recorte difícil de aplicar

Además, el titular del Ejecutivo debería gobernar con el Congreso “más a la derecha en la historia de Brasil desde 1998”. Y argumentó: “Sería muy difícil para Lula gobernar en un nuevo mandato porque, primero, va a tener la urgencia económica de la gestión y, segundo, va a tener un Congreso que le va a operar en contra no importa si la propuesta de Lula sea buena o mala”.

El director de ABECEB explicó que con el 88% del presupuesto con gastos fijos, ese 12% restante de dinero disponible se reparte de manera casi equitativa entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, lo que le otorga al Congreso una “autonomía presupuestaria” que le permite fijar su propia agenda, al margen de quien esté en Brasilia.

De manera similar, desde Marex Group plantearon que los «años de gasto obligatorio creciente», dejan «menos del 8%» del presupuesto federal ajustable.

«El gobierno tiene una meta, pero no un plan: apunta a un superávit primario de 1,3% del PBI para 2030, aunque los inversores dicen que no tiene planes concretos de recorte de gasto«, plantearon desde la plataforma de servicios financieros.

«Y Lula no ayuda con el discurso: mandó señales fiscales mixtas, a veces descartando las preocupaciones por la deuda como ‘tonterías’, y argumentando que el crecimiento resolvería el problema», agregaron.

La desaceleración económica y la gestión de un déficit fiscal equivalente al 9% del PBI son los principales desafíos para el nuevo mandato de Lula, quien además tendrá un Congreso en su contra.

La desaceleración económica y la gestión de un déficit fiscal equivalente al 9% del PBI son los principales desafíos para el nuevo mandato de Lula, quien además tendrá un Congreso en su contra.

Desaceleración económica

Zabaleta sostuvo que la moderación fiscal va a dar lugar a una desaceleración de la economía en 2027. “El consenso del mercado espera un crecimiento de 1,8% para este año y de 1,3% para que el que viene”, argumentó.

Por caso, BBVA Research en su análisis previo a las elcciones sostuvo que el crecimiento «sigue moderándose» este año y proyectó que alcance el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, «con riesgos sesgados a la baja».

Y agregó: «La desaceleración estaría impulsada por unas condiciones monetarias restrictivas, pese al descenso gradual de la tasa Selic; el impacto de un El Niño más intenso, principalmente sobre el sector primario; y una eventual consolidación fiscal, todavía incierta, tras las elecciones del cuarto trimestre de 2026″.

Desde el banco Itaú proyectan que el PBI brasileño cierre el año con un crecimiento de 1,7%, que luego bajaría al 1,2% el próximo año, similar a la de Santander: 1,8% para 2026 y 1,3% para 2027. Por su parte, desde Bradesco son aún más pesimistas: calcularon una suba de 1,3% este año y otra de apenas 1% para el próximo.

Real, inflación y Selic: la mirada del mercado

Desde Itaú esperan que el real brasileño cierre el año en 5,30 de dólar, cifra que subiría a 5,50 en 2027. Santander espera lo mismo para el próximo año, aunque en 2026 cerraría en 5,40. Por su parte, Bradesco proyectó que se mantenga en 5,20 tanto en diciembre de este año como de 2027.

Respecto a la inflación, los tres bancos la ubican en el rango de 5,1%-4,9% al cierre de este año, mientras que para el siguiente el panorama es un poco más heterogéneo: Itaú proyecta 4,6%, mientras que Bradesco y Santander la estiman entre 4% y 4,1%.

Algo similar ocurre con la tasa de interés Selic, que terminaría en 13,75% para Itaú y Santander, pero en 13,25% para Bradesco. Para 2027, ese último banco también la tasa de referencia estaría en 11%, muy por debajo de los 12,50% y 12,75% que estimaron Itaú y Santander, respectivamente.

La tasa Selic es una variable sumamente importante para la economía brasileña. Pérego explicó que «más del 50% de la deuda brasileña opera como si fuera una tasa overnight, es decir, a un día». Por lo que si la Selic «baja o sube un poco, impacta directo» sobre los pasivos del país vecino.

En Marex plantearon que a pesar de las tasas actuales en 13,75%, la inflación anual se ubica en 4,6% por encima del rango de tolerancia del banco central (1,5%-4,5%). Por ese motivo, «si el mercado no le cree al plan fiscal, los acreedores podrían exigir tasas más altas, lo que aumenta la deuda del gobierno y encarece el crédito para empresas y hogares».



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