Mbappé jugó para el Balón de Oro: con su doblete, Real Madrid frenó al demoledor Barcelona de Yamal en el clásico de España

No hay otra manera de mirar el clásico entre Barcelona y Real Madrid sin poner la lupa en Lamine Yamal y Kylian Mbappé, posiblemente los dos mejores jugadores de la actualidad. El español y el francés aparecen entre los grandes candidatos a quedarse este lunes con el Balón de Oro, por lo que el choque en Cataluña funcionó como el aperitivo perfecto a la ceremonia que se llevará a cabo en Londres. La sensación era que el partido en el Camp Nou se iba a inclinar para el lado del crack que más pudiera pesar sobre el terreno de juego. Y Mbappé fue la figura estelar: marcó dos goles en la victoria del equipo que conduce José Mourinho, que le quitó el invicto al conjunto dirigido por el alemán Hansi Flick.

Yamal y Mbappé salieron a disputar distintos partidos. El zurdo español de 19 años tuvo como premisa principal provocar e imponerse desde la soberbia en el duelo ante Marc Cucurella, su compañero en la Selección. En el inicio, Lamine jugó para la tribuna y para los recortes de las redes sociales. Después, le costó enfocarse y terminó perdiendo casi todos los duelos frente al enrulado lateral izquierdo. Lo peor de su repertorio fue un mano a mano que desperdició sobre el cierre de la etapa inicial.

La cara opuesta fue la de un Mbappé enfocado. El francés soltó su primera sonrisa recién cuando marcó de carambola el 1-0. Antes, había atacado los espacios con la seriedad de quien está concentrado al máximo. Tuvo una dosis de fortuna en el gol que abrió el marcador: la pelota le rebotó tras un mal despeje de Gerard Martín y terminó metiéndose en el arco.

Pero fue merecido que el Real Madrid se fuera al descanso en ventaja. El local asumió el protagonismo, aunque no pudo crecer desde la tenencia ni encontrar en Rodri al conductor que necesitaba. Por eso, el dominio de los catalanes nunca llegó a ser abrumador. Lo de Mourinho, quien siempre tiene un duelo aparte contra el Barça, fue lo de siempre: apostar al contragolpe con muchos jugadores. Es cierto que el punto de partida de los equipos del portugués suele ser retrasado, pero también que llena la cancha de futbolistas de buen pie y vocación ofensiva (por el sancionado Vinicius puso al extremo Diomande y no a un volante). El Real tuvo varias corridas peligrosas durante la etapa inicial y pudo coronar una de las últimas con un blooper. Ni siquiera lo festejó el Special One, a quien en Cataluña rebajan con el apodo de Traductor por su trabajo en el club blaugrana durante las etapas de Bobby Robson y Louis van Gaal (1996-2000).

Lamine se puso un poco más serio en el complemento, aunque jamás logró imponerse en los duelos individuales. En el Barça crecieron Rodri y Pedri, y el caudal de juego del equipo aumentó. El joven volante español inventó un pase imposible para dejar solo a Raphinha, que empató con un zurdazo ajustado que venció a Andriy Lunin, el reemplazante de Thibaut Courtois, afectado por un cuadro gripal.

Con el empate, el clásico se convirtió en un partido de ida y vuelta, siempre con el local llevando el peso del encuentro. Pero los espacios eran una tentación para Mbappé. En la última jugada, Jude Bellingham hizo una de Zidane para limpiar la acción y el ingresado Eduardo Camavinga completó una gran maniobra para servirle el gol a Kylian, que solo tuvo que tocar la pelota al fondo del arco para silenciar el Camp Nou y desatar -ahora sí- el festejo alocado de Mou.

Lo de Mbappé ante Barcelona es descomunal: le convirtió 14 goles en 11 partidos. Y hay más: 11 de esos tantos llegaron en condición de visitante.

Para el Barcelona fue una semana oscura. Primero perdió el invicto ante París Saint Germain y ahora dejó en el camino su racha de 9 victorias consecutivas en el torneo local. Sigue como líder, pero Atlético de Madrid quedó a solo 2 puntos.

En una noche en la que las miradas estaban puestas en dos candidatos al Balón de Oro, Mbappé dio un paso al frente y Yamal quedó en deuda. El francés fue letal cuando tuvo que resolver; el español se perdió entre los duelos personales y las ganas de imponerse. A Kiki le alcanzó con aparecer en los momentos decisivos para convertirse en el dueño del clásico. Y también para quedarse con todas las tapas.

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