Compras hormiga, segundas marcas y el regreso del fiado, los almacenes de barrio se adaptan a la caída de consumo
Los clientes llevan menos y el dinero se termina antes
La denominada compra hormiga representa una de las principales transformaciones del consumo barrial. En lugar de realizar una compra grande para varios días, los clientes adquieren únicamente lo necesario para resolver las comidas inmediatas.
Savore lo ejemplificó con una escena habitual en los almacenes: «La compra hormiga es cuando entra un cliente y compra el paquete de fideos, un quesito rallado y un puré de tomate, nada más. Y puede haber alguna oferta de algo y a lo sumo lo tienta, porque no hay más dinero en su bolsillo».
En Parque Avellaneda, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, el comerciante Mario Aquino observa que las ventas se concentran durante los primeros días posteriores al cobro de los salarios. «Acá el consumo está bastante caído, se ve siempre un poquitito entre el 10 y el 15 del mes, pero ya después del 15, el 20 ya no hay más dinero«, señaló a Ámbito.
Según su experiencia, la cantidad de personas que ingresan a su negocio disminuyó aproximadamente un 15%, una caída que también repercute en el volumen de mercadería disponible.
La explicación de los comerciantes apunta principalmente a la relación entre salarios, inflación y gastos fijos. Si bien el ritmo de aumento de los precios se moderó, las familias deben destinar una proporción considerable de sus ingresos a servicios públicos, transporte, cobertura médica y otras obligaciones.
«Lo que veo es que el salario, por más que la inflación haya desacelerado, no le alcanza a la gente. Y estoy hablando de familias que trabajan en blanco», sostuvo Savore, quien estimó que, en algunos hogares, los gastos obligatorios pueden absorber alrededor del 40% del sueldo.
El impacto de los aumentos acumulados también aparece en los productos de consumo cotidiano. Para el representante de la Federación de Almaceneros, incluso las variaciones mensuales relativamente pequeñas terminan afectando a quienes ya tienen presupuestos ajustados.
«La mercadería va cambiando de precio, pasa que tal vez una suba de un producto de un 2%, un 3% no incide tanto, pero en la sumatoria y cuando el bolsillo ya está muy comprimido, implica demasiado«, advirtió. El comerciante mencionó como ejemplo los incrementos sucesivos de los lácteos y su impacto sobre salarios que, según su evaluación, no acompañaron esa evolución.
Desde Punta Alta, en el sur bonaerense, el almacenero Daniel Acuña aportó una mirada diferente sobre el comportamiento de los comercios de proximidad. «La actualidad en los diferentes puntos de nuestro país es totalmente diferente porque hay algunos que la están pasando muy mal, otros que tienen días buenos y días malos y otros que realmente les está yendo muy bien», explicó.
En su localidad, sostuvo que la caída de los grandes mercados favoreció a algunos almacenes, debido a que los consumidores prefieren resolver sus necesidades cerca de sus casas y comprar solamente lo que pueden pagar en el momento.
Las segundas marcas y las pymes ganan espacio en las góndolas
La búsqueda de alternativas más económicas también modificó la composición de las góndolas. Los comerciantes observan una mayor presencia de segundas marcas y productos elaborados por pequeñas y medianas empresas (pymes), que comienzan a disputar espacios tradicionalmente ocupados por fabricantes de mayor reconocimiento. La diferencia de precios resulta determinante para consumidores que necesitan reducir el gasto sin dejar de adquirir productos básicos.
Uno de los ejemplos mencionados por el sector es el pan lactal, cuya presentación de aproximadamente 600 gramos puede alcanzar los $6.000 en un hipermercado, mientras que una alternativa de una empresa más pequeña puede conseguirse por alrededor de $3.000. La brecha del 50% entre ambos valores permite comprender por qué algunos consumidores modifican sus preferencias y se muestran más dispuestos a probar marcas que anteriormente no compraban.
Savore consideró que esta transformación responde tanto a la pérdida del poder adquisitivo como a las diferencias de precios entre fabricantes: «También cabe decir que son muchas las empresas que aumentaron de forma exagerada, que son generalmente los dueños de los grandes monopolios. Pero también se imponen cada vez más las empresas pymes, que en calidad muchas igualan a la primera marca, pero en precios las brechas son muy grandes».
Según explicó, una vez que los consumidores comprueban que las alternativas económicas satisfacen sus necesidades, pueden mantener ese cambio de hábito.
La información de Scentia permite dimensionar el retroceso de distintas categorías. Durante los primeros nueve meses de 2026, las ventas de limpieza de ropa y hogar disminuyeron 6,4%, mientras que los productos perecederos retrocedieron 6,2% y los de desayuno y merienda, 5,6%. También se registraron caídas en productos impulsivos (3,1%), higiene y cosmética (2,1%) y bebidas sin alcohol (1,4%). En contraste, las bebidas alcohólicas crecieron 3,5% y la categoría general de alimentación mostró un avance marginal del 0,1%.
El fiado vuelve a ganar protagonismo y los comerciantes también sienten la falta de dinero
La reducción del dinero disponible revalorizó una práctica histórica de los almacenes argentinos: el fiado. Aunque nunca desapareció completamente, los comerciantes observan que algunos clientes recurren con mayor frecuencia a esta alternativa para completar sus compras antes de cobrar. Sin embargo, la posibilidad de otorgar crédito informal depende de la relación con los vecinos y de la capacidad financiera de cada negocio.
«El tema fiado nunca se fue de nuestros negocios. Hay momentos que se incrementa más, hay momentos que es menos», explicó Savore. El dirigente aclaró que los almacenes no cuentan con recursos suficientes para financiar compras durante períodos prolongados y que, generalmente, se trata de una ayuda de pocos días.
Según señaló, estos acuerdos pueden involucrar entre $40.000 y $50.000, aunque extenderlos demasiado puede comprometer tanto la capacidad de pago del cliente como la continuidad del comercio.
En Parque Avellaneda, Aquino reconoció que el aumento del fiado comenzó a afectar directamente la reposición de productos: «Se nota la falta de liquidez de los clientes, algunos que yo tengo fiados, les está costando llegar a poder pagarlo y han incrementado el fiado, o sea que por ahí cosas que compraban en otro lado ahora las sacan todas de acá por sólo el hecho de que no lo van a poder pagar en el momento que lo compran». El comerciante agregó que mantiene menos mercadería almacenada porque la rotación de los productos es más lenta y parte del dinero de las ventas permanece pendiente de cobro.
La situación presenta matices en localidades más pequeñas, donde las relaciones personales facilitan los acuerdos informales. Acuña explicó que en Punta Alta existe una mayor posibilidad de recuperar el dinero prestado porque los comerciantes conocen a sus clientes y sus circunstancias. «En las pequeñas ciudades el fiado es mucho más cobrable, tenemos mayor tasa de cobrabilidad porque generalmente nos conocemos todos», señaló. Para el almacenero, estos negocios también funcionan como espacios de encuentro entre vecinos, una característica que fortalece su vínculo con la comunidad.
El consumo masivo sigue en rojo y los almacenes enfrentan el desafío de sostener sus negocios
El panorama general del consumo tampoco ofrece señales homogéneas de recuperación. Según Scentia, durante septiembre las ventas mensuales cayeron 5,3% en supermercados, 6,7% en mayoristas y 1,8% en autoservicios independientes, mientras que el comercio electrónico retrocedió 3,9%. En contraste, los kioscos y canales tradicionales registraron un crecimiento del 2,3% y las farmacias avanzaron 2%. En el acumulado anual, sin embargo, los supermercados retrocedieron 3,8%, los autoservicios 3,1% y los mayoristas 3,2%, lo que refleja la persistencia de las dificultades.
El Semáforo de Consumo de la Fundación ECOSUR también mostró un comportamiento dispar entre sectores. En septiembre, los patentamientos de autos y motos crecieron 4,6% y 3,5% mensual, respectivamente, y la confianza del consumidor mejoró. Sin embargo, las ventas minoristas relevadas por CAME disminuyeron 1,2% y los préstamos al consumo retrocedieron 1%, luego de las bajas registradas durante agosto. Estos resultados reflejan que las mejoras en determinados rubros no necesariamente se trasladan a las compras cotidianas de las familias.
La caída de las ventas también obliga a los comerciantes a revisar sus estructuras de costos. Savore graficó: «Los comercios estamos pasando por un momento complicado, como todos. Yo pongo un número, 100, y yo necesito 100 de venta todos los días. Y estoy en 70, me faltan 30 para llegar a 100». El problema se agrava por el peso de los impuestos, las tarifas y la necesidad de mantener suficiente stock para responder a la demanda.
Acuña, por su parte, advirtió que el avance del comercio electrónico y los elevados costos operativos amenazan especialmente a los locales ubicados en los centros comerciales tradicionales. No obstante, aseguró que los relevamientos informales realizados entre dirigentes y proveedores del sector no muestran un cierre generalizado de almacenes. Para el comerciante, los negocios más pequeños pueden conservar ciertas ventajas gracias a sus menores gastos, la cercanía con los consumidores y la posibilidad de ofrecer una atención personalizada.
La situación del consumo en los almacenes de barrio refleja así una transformación que excede la caída de las ventas: las familias compran menos, comparan precios, cambian de marcas y recurren al crédito informal para cubrir necesidades básicas, mientras los comerciantes intentan sostener sus negocios con márgenes cada vez más ajustados.
Aunque existen diferencias entre regiones y formatos comerciales, el principal obstáculo continúa siendo la capacidad de compra de los hogares. Sin una recuperación sostenida de los ingresos disponibles, la desaceleración de la inflación por sí sola no garantiza que vuelvan a llenarse las bolsas de los consumidores ni las cajas de los almacenes.




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