San Lorenzo pasó de los silbidos al desahogo: un golazo de Rodríguez Pagano le dio aire a Insua ante Riestra
Hay triunfos que valen bastante más que tres puntos. No porque solucionen los problemas, que en San Lorenzo son muchos y vienen de lejos, sino porque permiten recuperar algo de tranquilidad. Eso consiguió el equipo de Rubén Darío Insua en el Nuevo Gasómetro, donde pasó de los silbidos a los aplausos, de la bronca al desahogo y de un cielo gris a otro que terminó regalando un poco de sol. Fue 1-0 contra Deportivo Riestra, cada vez más complicado con el descenso, gracias a un golazo de Teo Rodríguez Pagano, un pibe que este lunes cumple 21 años y que le cambió el humor a una hinchada que había llegado con pocas ganas de festejar.
El clima estaba espeso desde antes del comienzo. La goleada 3-0 sufrida frente a Defensa y Justicia había dejado heridas abiertas y la gente no tuvo contemplaciones. El Pedro Bidegain mostró apenas la mitad de sus tribunas ocupadas y los que fueron hicieron escuchar su malestar. Primero apareció el viejo reclamo de los Camboyanos y los Matadores. Después llegaron los silbidos cuando salió el equipo y el mensaje menos amable, ese que exige transpirar la camiseta y amenaza con mandar a los jugadores a sus casas. No era el escenario ideal para un conjunto necesitado de confianza.
San Lorenzo tuvo que jugar contra Riestra y contra sus propios nervios. El partido fue incómodo, áspero, bastante más peleado que jugado durante largos pasajes. Tampoco ayudó Bruno Amiconi, de arbitraje flojo, que dejó pegar demasiado en el comienzo y permitió que el encuentro se ensuciara. Hubo codazos, protestas y una permisividad que convirtió el trámite en una batalla de fricciones.
Riestra, que necesita puntos como el agua, entendió rápido qué partido le convenía. Con Estudiantes de Río Cuarto ya descendido por los promedios, la otra plaza se define por la tabla anual. Allí Aldosivi aparece como el más comprometido, con apenas 16 unidades, y el Malevo lo sigue seis puntos por encima. Por eso apostó a cerrar espacios, disputar cada pelota y aprovechar los errores de un adversario al que le sobraban urgencias y le faltaba serenidad.
Durante el primer tiempo hubo poco fútbol y algunas situaciones aisladas. Alexander Díaz desperdició una buena oportunidad para los visitantes y San Lorenzo recién encontró profundidad cuando Farías empezó a asumir responsabilidades. De sus pies nació la mejor llegada local, una corrida que terminó con un remate cruzado de Auzmendi y una intervención salvadora de Arce. Antes del descanso, Devecchi también tuvo que aparecer para evitar que Milton Céliz aprovechara una pelota suelta en el área.
San Lorenzo cambió después del descanso. No fue una transformación espectacular, aunque sí apareció una decisión que hasta entonces había faltado. Farías siguió siendo importante, Rodríguez Pagano encontró espacios por la izquierda y el equipo empezó a jugar más cerca de Arce. El arquero paraguayo le tapó una volea al primero y Auzmendi desperdició el rebote. Después, el ingreso de Ladstatter le dio otra dinámica al ataque. El juvenil tuvo una oportunidad clarísima tras una habilitación de Del Prete, pero eligió acomodarse para su zurda y terminó definiendo desviado.
Hasta que apareció Rodríguez Pagano. Ladstatter cambió de frente, Auzmendi bajó la pelota y el pibe hizo el resto. Encaró con decisión, se abrió camino entre los defensores y sacó un puntazo de zurda que dejó sin respuestas a Arce. Fue su primer gol en Primera División y difícilmente lo olvide. No sólo por la calidad de la maniobra, sino por lo que significó. El Nuevo Gasómetro explotó en un festejo que tuvo bastante de descarga emocional. La ciclotimia al poder.
El gol también fue un premio para el mejor futbolista de San Lorenzo. Rodríguez Pagano había sido una amenaza constante por la banda izquierda, había participado de varias de las acciones más peligrosas y nunca dejó de intentar. En un equipo al que muchas veces le cuesta encontrar respuestas colectivas, su desequilibrio individual terminó marcando la diferencia.
Quedaba, de todos modos, un último sufrimiento. Riestra empezó a acumular delanteros y a llenar el área de centros, más por necesidad que por elaboración. Devecchi respondió con una gran volada ante un remate de sobrepique de Almada y San Lorenzo también tuvo alguna oportunidad para liquidarlo, aunque Arce volvió a intervenir frente a Gulli. El resultado siguió abierto hasta el final.
Cuando llegó el último silbatazo, ya no hubo reproches. Hubo alivio. San Lorenzo ganó sin sobrarle nada, pero ganó. Riestra se fue con las manos vacías y la preocupación de una tabla anual que empieza a apretarlo. Insua, en cambio, consiguió un poco de aire gracias a un pibe que encontró la manera de cambiar una tarde que había empezado torcida.

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