Hay que limitar la flexibilidad para emitir, pero esta no es la reforma del BCRA que necesita el país


P.: Es lo que se reclama respecto del oro enviado al exterior…

M.G.: No debería poder pasar que un día saquen el oro, que es un activo –es decir, no es deuda-, y no sepamos qué está ocurriendo hasta tanto se le dé la gana a una autoridad de contarlo.

P.: ¿Cuál es el otro elemento que le parece importante reformar?

M.G.: Limitar el espacio para el financiamiento monetario al Tesoro nacional. Esta es una discusión clásica entre reglas versus discrecionalidad. Un país que tiene problemas de credibilidad tiende a querer más reglas y un país que tiene problemas de mucha volatilidad tiende a querer más flexibilidad para lidiar con esa volatilidad. Argentina tiene los dos problemas. Pero tener las dos cosas no se puede: si uno pone una regla dura, pierde flexibilidad; si uno quiere ganar flexibilidad, puede abusar de esa flexibilidad y perder credibilidad. Con la emisión monetaria se ha ido más allá de lo que el uso racional de la flexibilidad sugiere. Y lo digo habiendo usado esa flexibilidad en 2020, cuando no había otra porque la pandemia nos agarró sin acceso al crédito, como tenía la gran mayoría de los países del mundo. Ahora, en 2021 hubiera sido deseable bajar el déficit más rápidamente, principalmente, el subsidio al consumo de la energía. Pero la disputa que hubo dentro del Gobierno implicó que no se pudieran actualizar las tarifas y se terminó financiando vía el Banco Central. Y eso genera inflación en un contexto donde no aumenta proporcionalmente la demanda por el dinero local.

P.: Es decir, ¿resignaría la flexibilidad con la que contó en 2020 para implementar esas políticas?

M.G.: Con el diario del lunes, habiendo visto toda la película, hubiera preferido contar con menos flexibilidad, pero siempre con la posibilidad de ir al Congreso y pedirle autorización para emitir por una razón extraordinaria. Que no pueda el Banco Central por sí mismo hacerlo, pero el Ejecutivo tendría que mantener la posibilidad de ir al Congreso en una situación de emergencia para poder contar con el instrumento. No es que el instrumento hay que prohibirlo para siempre como plantea el Gobierno, sino que hay que limitarlo por el uso excesivo de esa flexibilidad. Obviamente que tiene un costo perder esa flexibilidad, pero ha sido por tanto tiempo tal el abuso que se dio de esa facultad que pienso que sí termina siendo mejor limitarla.

P.: ¿Limitarla en qué medida?

M.G.: Limitarla al punto de que no puedan financiarse los déficits públicos, pero sí que el BCRA mantenga la capacidad de intervenir en las cuestiones de liquidez. Eso me parece muy importante preservarlo. El Presidente había sacado una nota en un periódico diciendo que iba a estar prohibida la emisión de todo tipo, pero el proyecto de reforma de la carta orgánica termina permitiendo que el Banco Central opere comprando y vendiendo títulos públicos en el mercado secundario, lo cual es una necesidad de cualquier banco central para la administración de la liquidez. Pero el proyecto del Gobierno plantea muchas otras cosas con las que no estoy de acuerdo, no es la reforma que necesita la Argentina.

Las críticas de Martín Guzmán al proyecto de reforma del BCRA

P.: ¿Cuáles son esas cosas? ¿El uso de activos de las reservas como garantía para tomar deuda?

M.G.: Primero, lo que creo que está haciendo el Gobierno con esta reforma es contar con más respaldo para cosas que posiblemente ya esté haciendo, como operaciones de crédito público vía el Banco Central respaldadas por sus activos como colateral. Y si se va en esa dirección es aún más necesaria la transparencia, para la cual no hacen nada. En un artículo de la reforma dice: “Las reservas son inembargables”. Y párrafo siguiente: “El Banco Central podrá usar sus activos como garantía o colateral para operaciones”. Eso significa que lo que es puesto como colateral para operaciones de crédito público deja de ser una reserva, porque una reserva por definición es un activo que está libre de los riesgos que tiene un activo que es utilizado como garantía y, por lo tanto, es ejecutable. Porque no puede ser usado como garantía si fuese inembargable.

P.: ¿Considera que ya, efectivamente, están haciendo operaciones de ese tipo con, por ejemplo, el oro que forma parte de las reservas?

M.G.: No sé qué usan como colateral cuando hacen REPOs. Que no lo sepamos es parte del problema. Hay una opacidad que no debería haber.

P.: ¿Está de acuerdo con ir a un mandato único de “defender el valor de la moneda”, como plantea el proyecto?

M.G.: Nunca nadie justificó emisión monetaria para financiar el déficit por cualquier objetivo incluido en la carta orgánica actual, ya sea empleo, estabilidad financiera o desarrollo económico con equidad social. No pasa por ahí el problema, nunca pasó por ahí. Al contrario, cuanto más independiente es un Banco Central, más sentido tiene que tenga objetivos múltiples porque tiene que administrar situaciones en donde va a haber claramente disyuntivas entre objetivos como bajar el desempleo y objetivos de inflación. Por ejemplo, la Fed tiene tres objetivos: el de inflación, el de empleo y mantener tasas de interés moderadas en el mediano plazo. Esto último también es muy importante para el funcionamiento de la economía en su conjunto. Hoy hay un problema importante porque aproximadamente 6 millones de personas que no están pudiendo pagar sus deudas. Pero aun habiendo mandato múltiple no se ha hecho nada para evitar este problema. Y es claramente una consecuencia de lo que fue el esquema de política macroeconómica, incluyendo la política monetaria. Más grave aún sería el problema si hubiera un mandato único.

P.: Y con el endurecimiento de los requisitos para para remover a las autoridades del BCRA, ¿qué cree que busca el Gobierno?

M.G.: Hace algo que le resulta conveniente porque hoy es gobierno. Lo lógico sería que fuese simétrico: igual dificultad para nombrar que para remover. Pero el proceso para el nombramiento no se modifica y el proceso para la remoción se modifica de una forma muy fuerte, que requiere la aprobación de dos cámaras del Congreso con ciertas causales definidas y dos tercios de cada cámara. El Gobierno puede tener sus razones políticas. Como está gobernando hoy, de esta forma tiene más chances de que los directores que nombra se sostengan por años, pero eso no está bien para el funcionamiento de la estructura institucional argentina.

Morosidad, elecciones en EEUU y las perspectivas para la economía argentina

P.: El problema de la morosidad de las familias creció y la discusión llegó al Congreso. El Gobierno decide no actuar. ¿Cómo considera que se debería resolver?

M.G.: En Argentina la usura está prohibida y eso hay que operacionalizarlo. No puede ser que las tasas de interés sean lo que son. Eso no lo puede permitir el Banco Central. Un spread de 40 puntos de tasa no puede terminar bien nunca. Y la gente no es que no quiera pagar. El problema es que cuando, la tasa es 65%, 100%, 150%, no puede pagar. Alguien que sería solvente, se vuelve insolvente a esa tasa. Es muy importante llevar los spreads a valores razonables.

P.: ¿Cómo?

M.G.: Hay una combinación de políticas que se puede hacer. Una la acaban de tomar, tarde, que fue no permitir la refinanciación implícita que se hace sobre las tarjetas cuando se paga solo una parte del vencimiento. Segundo, hay que bajar la tasa no solamente sobre los nuevos créditos que se tome, sino también sobre los créditos existentes que están pendientes de repago. Eso es parte del problema. Alguien me podría plantear que estoy diciendo que el Estado ponga recursos. Pero no. El Estado podría coordinar con los bancos una reducción de tasas también sobre lo preexistente, pero a cambio de que haya el uso de un fondo de garantías. El Estado tiene fondos de garantías. Al ser mucho más baja la probabilidad de no repago, el nivel de crédito sería mayor y, por lo tanto, el nivel de actividad sería mayor. Y el Estado argentino tributa sobre la actividad. Si, además, la probabilidad de pagar es muchísimo más alta, no se terminarían usando los recursos prácticamente. O sea, esto inclusive le podría llevar a hasta una ganancia al Estado. Técnicamente es llevar la economía de un equilibrio malo de tasa de interés alta y tasa de default de las personas altas a un equilibrio bueno de tasa de interés más baja y tasa de default mucho más baja.

P.: En el camino hacia un 2027 electoral en Argentina, aparecen las elecciones de noviembre en EEUU. Y el año pasado, la intervención del secretario del Tesoro, Scott Bessent, jugó un papel clave…

M.G.: El año pasado, hubo mucha volatilidad cambiaria y el Gobierno y el BCRA terminan tomando dos salvatajes: primero, con el FMI y después con el Tesoro de los EEUU. La percepción de que eso existe es lo que hoy hace que el tipo de cambio se mantenga bien contenido dentro de la banda de flotación cambiaria.

P.: ¿Y cuánto cree se juega para la estabilidad cambiaria local y la percepción del mercado en esos comicios norteamericanos? ¿Una derrota del oficialismo de Donald Trump podría afectar la mirada sobre esa amenaza latente de intervención de EEUU o no tanto?

M.G.: Hay que ver qué tipo de derrota. Si el oficialismo pierde las dos cámaras, ahí se puede abrir otro panorama. Y también hay que ver cómo es la relación entre el Senado y el Departamento del Tesoro, aunque eso no se ve inmediatamente. Si de pronto vemos que el Congreso está llamando a declarar a funcionarios del Departamento del Tesoro a dar explicaciones todo el tiempo y va a limitar más el accionar de los funcionarios, eso implicaría que para cualquier apoyo directo a la Argentina la decisión política termine teniendo menos respaldo operativo por parte del staff del Departamento del Tesoro y eso significaría una mayor toma de riesgo para las autoridades políticas. O sea, el resultado es relevante para la Argentina, pero cómo se dirimen las posibilidades de sostenimiento del apoyo del Tesoro y del gobierno de Estados Unidos al gobierno de Milei no es algo que se ve de un día para otro.

P.: ¿Qué proyecta para la economía argentina de los próximos meses, del próximo año?

M.G.: Va a ser parecido a lo que estamos viendo. Vamos a ver una reducción muy lenta, pero que se va a ir dando, en la tasa de inflación. Y vamos a ver una imposibilidad de despegue de la economía, porque no hay motor para eso con este modelo económico. El Presidente dijo que esperaba un boom del consumo. Para que haya un boom del consumo tiene que pasar al menos una de dos: o que aumente el salario real de la gente o que aumente el crédito. Para que aumente el salario, tiene que haber un aumento de la demanda y no en cualquier lado, sino en las zonas donde se genera empleo, en las zonas urbanas. Para eso, dado que el sector público está haciendo muy poco al respecto, tendría que haber un aumento de la inversión privada. Pero ¿por qué un empresario que no vende habría de invertir más? Entonces, desde ese lado no la veo. Desde el lado del crédito, justamente tenemos un problema de muy alta morosidad. Por eso, resolver el problema de los spreads de tasas también es muy importante para que se reactive un poco el crédito. Por lo tanto, al no haber un motor de la recuperación de la actividad, es muy difícil que esto cambie. Por ende, es muy difícil que cambie de una forma marcadamente positiva la situación de los trabajadores y trabajadoras en la Argentina, que se está convirtiendo en la principal preocupación económica. Con este modelo, veo más tiempo más de lo mismo.

P.: ¿Qué oferta debería tener la oposición de cara a las futuras elecciones?

M.G.: El plan que tiene que presentar la oposición, es uno que le muestre a la gente que hay una forma de recuperar la actividad económica sin aumentar la inflación. El impulso hoy, en las áreas urbanas, no va a venir del lado de la inversión privada. En las zonas de Vaca Muerta, agro y minería, es otra historia. Pero en las zonas urbanas hay una necesidad de aumentar la inversión pública tanto por una cuestión de productividad -en lo que nos estamos rezagando- como por la cuestión de la recuperación económica en el corto plazo. Ahora la situación es muy diferente que en 2019, cuando el país gastaba más de 4 puntos del producto en el servicio de la deuda; hoy gastan menos que la mitad. Para la oposición, el tema va a ser cómo aumentar entre medio punto y un punto del producto la inversión pública de forma muy rápida, sin empeorar las cuentas públicas. El tema es que el gobierno actual tomó medidas fiscales e impositivas que hoy terminan debilitando el propio gobierno: la reducción de Bienes Personales o el RIGI, que hace que la tasa efectiva de impuesto a las Ganancias en sectores que están creciendo mucho sea bajísima, pese a que muchos de esos proyectos se hubieran dado de cualquier manera. Entonces, la clave es cómo podemos hacer una política donde el Estado dé un impulso que después dispare la inversión privada, a través de la obra pública estratégica y del conocimiento en general, sin aumentar el déficit. Ahí es donde un plan tiene que mirar qué gastos son menos primordiales y reasignar partidas, y qué espacio hay para una mejora de la capacidad contributiva sin dañar a los incentivos a la inversión.

P.: ¿Cuán cerca o lejos cree que están otras miradas dentro del peronismo o del espacio opositor?

M.G.: Francamente, no lo sé. Porque no todo el mundo habla con todo el mundo hoy en día, en parte producto de lo que fue la situación política previa, incluido durante el gobierno del que yo fui parte. Todavía hay tiempo para poder confluir a una posición, eso es lo que le haría bien a Argentina.

P.: ¿Se imagina participando el año que viene en términos políticos?

M.G.: A nivel electoral, no es para lo que hoy estoy trabajando. Para nada. Sí dialogando con referentes, eso sin dudas.



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