Breve historia del video corto

Cámara fija. Se abren las puertas de una fábrica. Primero se ve salir mujeres, muchas, caminando rápido. Después a algunos hombres. Pasa una bicicleta. Aparece un perro. No hay música, no hay edición. No hay guion. Al final, las puertas se cierran. 46 segundos.

El primer hito de la historia audiovisual, el célebre corto de los hermanos Lumière grabado en la puerta de su fábrica (Lyon, Francia; 1895) tenía aproximadamente la duración de TikTok. La industria audiovisual nació en formato corto y, mas de un siglo después, el short video format es consagrada como la especie mediática definitiva de esta era. Lo que nació como limitación técnica del almacenamiento y la reproducción (se proyectó en un “cine” junto a otros cortos), los desafíos técnicos de aquella época, hoy es una conclusión en la que se basan los algoritmos que interpretan nuestra capacidad atencional cuando la capacidad de registrar, filmar, producir, transmitir y publicar parece ilimitada. Infinita.

La prueba de esta semana fue el polémico gesto de Santiago Siri y su producción de noticiero sintético El primer feca: generó mucha mas cantidad de fragmentos y “videoreacciones” (otro genero breve) que de reproducciones totales. De hecho, el “video corto” es ese formato que cruza TikTok, Reels de Instagram, Shorts de YouTube, pero también microdramas verticales (una tendencia en alza globalmente: guionados, actuados, con narrativas definidas registrada en esta misma columna) al fértil y omnipresente “clipeo” que se desprende de envíos largos, como lo certifica la popular cuenta El Canciller y una legión de usuarios especializados.

El periodista Chiche Gelblung, que murió esta semana, dejó en una entrevista a Jorge Lanata una definición que hoy parece haberse desplazado de plataforma: “La televisión es la vida. Todo pasa en la televisión… Tiene un poder tremendo”. Lo que sucede en TV, hoy, existe si se convierte en clip distribuido en fragmentos a través de plataformas.

De hecho, el “video corto” dejó de referirse apenas a una duración: se convirtió en una lógica de producción, descubrimiento y circulación con identidad propia. La publicidad, como industria y discurso, lo sabe bien y lo probó ya en 1941, con el sponsor Bulova y el primer auspicio a través de un breve clip introductorio, un pre-roll, de diez segundos.

El Primer Feca es un noticiero hecho íntegramente con IA

Los datos más recientes respaldan esa mutación. El informe Social Media Short Video Report 2026, publicado la semana pasada por la consultora Metricool, analizó 6.177.375 videos de 375.462 cuentas. TikTok lidera en visualizaciones promedio y alcance; Instagram, en cambio, se destaca por comentarios y compartidos, un rol social. Siguiendo la metáfora ecológica, la misma especie cumple funciones distintas según el ambiente en el que circula. En TikTok una cuenta pequeña puede conseguir gran visibilidad incluso antes de haber construido una comunidad: el contenido fluye hacia su audiencia mientras se distribuye.

El jueves pasado se entregaron localmente los TikTok Ad Awards Argentina donde se premió a buena parte de la creatividad de agencias y creadores. Astrid Mirkin, general manager de TikTok para South LatAm & Miami, aporta la escala local: en la Argentina, el 76% de los usuarios declara descubrir nuevas marcas o productos en la plataforma, el 65% la utiliza para buscar información sobre compras que considera hacer y el 60% compró algo que vio allí. “Los argentinos pasan en promedio en la plataforma el tiempo de una película por día y abren la app unas once veces”, detalla. El video corto dejó de ser una interrupción del consumo: empieza a funcionar como interfaz del descubrimiento. Cada mes, se registran unas 150.000 millones reproducciones en el país. Los reels de Instagram, destaca también Metricool a nivel global, son su pieza más potente en la actualidad y los shorts de YouTube, menos masivos aún, funcionan como puerta de entrada a videos largos de la misma plataforma. El video corto funciona como espacio de descubrimiento.

Astrid Mirkin: “Los argentinos pasan en promedio en la plataforma el tiempo de una película por día y abren la app unas once veces”

El analista y académico español Jorge Carrión apunta a otro cambio decisivo: “Lo más interesante del triunfo del vídeo corto es que ha creado su propia retórica, sus propios géneros, su propia dinámica de expansión”. No se trata, ya, de cine acortado ni televisión comprimida o fragmentada. El short video desarrolló una sintaxis propia: selfie o primera persona, hook inmediato, subtítulos, loop, reacción o comentarios que se convierten en otro video. Un género que nace del remix: combina elementos narrativos del tráiler, el meme, el resumen pero también las mejores novelas. De hecho, los microdramas funcionan como potente novedad basada en rasgos (features) ya probados durante siglos: episodios verticales de uno a tres minutos, con hook inmediato y cliffhanger basados en géneros populares, protagonistas nítidos, conflictos atávicos (amor, sexo, tradición, venganza) y producción veloz.

Y con la IA generativa, como observa Carrión, hasta puede reaparecer miniaturizada y protagonizada por gatitos sintéticos. El video corto parece así menos una moda que una especie particularmente bien adaptada al ecosistema mediático actual: smartphone, verticalidad, scroll infinito, recomendación algorítmica, abundancia de oferta, producción accesible y una capacidad casi perfecta para desprenderse de un formato largo y viajar en minutos en busca de millones “eyeballs”.


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