El futbolista argentino Pourrain, después del encierro y el infierno del ICE: “Trataba de ponerme en la cabeza ‘tengo que ganar’, como si fuese un partido”
La carrera de Matías Pourrain podría pasar desapercibida. Hizo un tramo de inferiores en San Martín de Burzaco, no llegó a Primera y el sueño del futbolista parecía truncado. Despuntaba el vicio en el Club Artigas jugando al futsal y ganándose la vida en una distribuidora de bebidas y estudiando para martillero público. El preparador físico de un todavía ignoto Real Pilar –Leandro Jorge, hoy en la selección de Ecuador– lo vio jugando y le sugirió que se fuera a probar al club recién nacido. Súbitamente, volvió a ser futbolista y en un primer equipo.
Formó parte del plantel que eliminó a Vélez de la Copa Argentina, logró el ascenso y siguió su camino a Sports Boys de Bolivia. Ya era un jugador con una transferencia internacional. Pero el fútbol del país vecino se interrumpió por una crisis institucional sin precedentes y no hubo debut. El siguiente salto fue más alto, surgió la posibilidad de jugar en el fútbol de Estados Unidos y eso fue suficiente para armar las valijas. Todavía no había llegado Lionel Messi para encabezar el furor del fútbol en la tierra en que lo llaman soccer. «El día que a mí se me dio la posibilidad de Real Pilar y pude vivir del fútbol, me prometí jugar hasta el día que pueda, hasta que el físico me dé», le asegura a Clarín y explica por qué la pandemia interrumpió su recorrido, pero tampoco lo detuvo.
Cuando el Covid dejó de ser una amenaza, ya había decidido que Estados Unidos era su lugar en el mundo y pidió la residencia. También el permiso de trabajo que le concedieron. Construyó su vida y su carrera en Florida. Allí conoció a la que terminó siendo su esposa, Stefanía Almandoz, la hija del recordado Héctor Coio Almandoz, hoy entrenador en la segunda división del fútbol de Chile. El derrotero de Pourrain es más grande en la costa Este que en la Argentina: Miami Beach FC, Miami City, Club de Lyon y actualmente en el Miami United DC. En paralelo es instructor de fútbol en una academia en Key Biscayne en las categorías U11 y U12. Así contada, su historia podría agotarse y ser la de cualquiera que no renunció a su sueño y fue amoldando la expectativa para cumplirlo. Pero, no. Un día cualquiera, en el aeropuerto junto al plantel para volar a Los Angeles y jugar por el ascenso estadounidense, tres personas de civil lo interceptaron, uno lo llamó por su nombre y otro le pidió que los acompañara. Y ahí empieza su peor pesadilla.
«Jamás en mi vida me imaginé pasar por algo ni siquiera similar. Yo siento que a mí me secuestraron, me pidieron 20.000 dólares de rescate, que fue la fianza. Estoy libre, pero mi situación es exactamente la misma: mis papeles siguen siendo los mismos, esperando el trámite de residencia. Da mucha impotencia, porque también te hacen vivir cosas que son inhumanas», describe Pourrain por teléfono desde su casa mientras equilibra las emociones. Ya retomó el trabajo en la Academia, pero todavía no volvió a jugar. Tiene que recuperar peso, masa muscular, ponerse en forma. También está endeudado: sus ahorros no alcanzaron para la fianza, que se cubrió en un 25 por ciento con una colecta solidaria. Ahora tiene que devolver el dinero a quienes pagaron por su libertad. No le preocupa demasiado: lo que aprendió en el encierro fue a prestarle atención a las cosas mínimas que antes de estar preso le pasaban de largo. «El día que llego a casa a la mañana, me tomo un mate con un tostado con mi señora y la miraba y decía ‘Qué lindo momento'», cuenta para graficar. Es que 22 días atrás había estado esposado de pies y manos con una cadena que unía los grilletes. Le dieron comida podrida, medio litro de agua por día y lo verdugueaban constantemente para ganarle la batalla mental.
-¿Qué fue lo más te impactó del encierro?
-¡Uf! Son varias cosas. El día que yo llego, al primer lugar, Miramar el centro de procesamiento donde me dejan, es lo peor que me pudo haber pasado en la vida. Llego el jueves a la tarde y hasta el viernes a la noche me tuvieron esposado de manos y pies, encadenado en la cintura a una silla. Estuve literalmente sentado en esa misma silla más de 24 horas. Estuve tres días sin comer, y cuando te daban comida tenía moho, manchas negras… era repugnante, inhumano. Pasé mucho frío y sentí que el hambre duele muchísimo. Te daban medio litro de agua por día nada más. Yo iba tratando de regular, pero llegaba un momento que tenía sed y te decían: ‘Si quieres más agua, cargala del bebedero’, que era un pequeño bebedero donde apenas salía agua y donde todos hacían pis. En una habitación, en un momento éramos 68 personas, no te podías ni siquiera sentar. Te daban papel aluminio como el de la cocina para que supuestamente vos puedas dormir. Todas cosas que en mi vida pensé pasar.
-¿Quienes eran tus compañeros, a qué tipo de gente conociste? Me refiero a que no era una población relacionada con el fútbol.
-Conocí mucha gente, de diferentes profesiones… Había un médico: se han metido en hospitales para llevarse gente con permiso de trabajo, en la misma situación que yo. Había gente de la construcción… Por ejemplo, Víctor es una persona con la cual me tocó compartir desde Miramar hasta Texas, siempre nos han trasladado juntos y él sigue ahí esperando intentar salir, también con su permiso de trabajo vigente, con todo en regla. Él vino a trabajar a una empresa un día llegó y lo estaban esperando en el estacionamiento y se lo llevaron. Había otra de las habitaciones, en un costado, que por la ventanita se veía y era una celda como de mujeres. Cuando viajábamos a Texas vi a una señora muy mayor, muy mayor, en la misma situación que yo: esposada de manos y pies, igual que una chica embarazada. Son cosas increíbles.
Matías Pourrain recuperó la libertad tras el pago de una fianza.-Imagino que habrás tenido mucho más tiempo que el de constumbre para la intimidad de los pensamientos. ¿En qué pensabas?
-Los momentos de estar solo con la cabeza son prácticamente las 24 horas. Salvo algún que otro ratito en que charlás con alguno y por ahí te despejás… Pero después estás todo el día pensando. Es dificilísimo, es durísimo porque ellos además juegan con tu cabeza. Entonces, ya al final, yo trataba de ponerme en la cabeza ‘tengo que ganar’, como si fuese un partido. ‘Lo tengo que ganar, no me pueden ganar ellos, no me tengo que que caer’. Pero bueno, era difícil porque yo tenía tenía corte de fianza el 19 (de agosto) y tres días antes me mandan para Texas, entonces te vuelven a cambiar la fecha, tenés que esperar a que se traslade el expediente a otro Estado. Por eso tuve 10 días más preso. Es duro, es duro. Es duro porque ellos entran y están todo el tiempo fomentando la salida voluntaria, te aconsejan que te vayas, que ahí adentro vas a durar mucho tiempo, que las fianzas no se la gana casi nadie… Yo trataba de mantenerme en mi cabeza, escuchar lo que decía mi señora, mi abogada y seguir para adelante, aguantarme lo que hubiera que aguantar, porque iba a salir. Pero después empezás a pensar en qué hacer cuando saliera. Era pensar en salir fuerte y empezar a disfrutar absolutamente todo, todo, todo, todo.
-¿Qué impresión tenías de Estados Unidos?
-Un país en el cual tenías muchas posibilidades, con el fútbol en desarrollo, en pleno crecimiento. Había mucho por hacer acá. Bah, hay mucho por hacer acá. Sigue en crecimiento hoy. Obviamente con la llegada de Leo (Messi) es furor. Es un país ordenado, lindo para vivir. Ya tenía mi vida armada acá, mi señora, que si bien es argentina, la conocí acá. Me casé acá y ya tenía mi vida acomodada, armada… Esto es un cachetazo. Pero bueno, tocó vivirlo y gracias a Dios pasó. Tengo una gran impresión del país, de mucha gente del país. Obviamente, como en todos lados, hay gente… no quiere insultar, pero hay gente mala y tocan vivir estas situaciones. Ojalá sea un mal recuerdo, que pueda sacar lo positivo y seguir para adelante.
-¿No te cambió el modo de ver a Estados Unidos? ¿Por qué querés seguir viviendo ahí?
-Mi experiencia hasta acá era buena. La gente que hoy está manejando el país, que me hizo pasar por la peor situación que pasé en mi vida, es la peor por lejos. Obviamente es difícil aislar eso de la impresión que tengo. Yo estoy convencido de que esto va a terminar pronto. No se puede hacerle esto a nadie. Así como puedo hablar de mí, puedo hablar de mucha gente que conocí ahí adentro y que algunos siguen adentro y no se lo merecen para nada. Estoy estudiando online para ser director técnico y pienso seguir mi vida pegado al fútbol porque es lo que amo, es lo que me apasiona y es lo que me hace feliz, Y bueno, acá siento también que tengo esa posibilidad. Hasta hace 25 días, con mi señora estábamos muy felices acá.
Matías Pourrain estuvo preso 22 días.-¿Estás endeudado por la fianza?
-Sí. Hubo una colecta con la que se reunieron más o menos 5.000 dólares. Trato de no pensar mucho en eso porque estando adentro era lo que más me estresaba desde que supe el monto (de la fianza, 20.000 dólares). Sé que la familia ha colaborado, hubo gente que puso otro monto y tenemos que devolver. Pero, bueno, vamos a poder y yo estoy totalmente agradecido, sinceramente, con todo el mundo: el que colaboró aportando porque podía, el que no pudo pero compartió… La verdad que estoy agradecido con todos.
-Todavía no. Seguramente me reincorpore la semana que viene. Perdí mucho peso, tengo que recuperar fuerza y un montón de cosas. Me dieron el tiempo para que lo lleve de a poco. Este fin de semana recién se juega la primera fecha… así que a partir de la semana que viene me sumo con regularidad. Pero no sé cuando voy a poder volver a jugar. El estrés y todo lo que me tocó vivir te cansa mentalmente. En mi vida fui de tener calambres y me pasó que los primeros días en la cárcel me levantaba todas las noches con calambres en las piernas, abajo de los gemelos. Debe tener que ver con el estrés, con lo tenso que estaba. Por eso, hay que ver de a poco cómo voy respondiendo físicamente.
Lo primero que hizo el día que la fianza quedó depositada, fue intentar volver de Texas a Florida. Sin vuelos, tomó el primer micro que encontró para hacer los 1600 kilómetros. Sin documentos -se los retuvo el servicio de Migraciones-, pero con un papel que justificaba su libertad se le detuvo el corazón a la media hora de viaje cuando un retén del ICE frenó el micro para inspeccionar a los pasajeros. No se puede separar de ese papel hasta recuperar los documentos, igual que un teléfono que le entregaron que lo geolocaliza en tiempo real. El 14 de septiembre su abogada Regina de Moraes tiene una audiencia en las oficinas de migraciones para solicitar que lo dejen de monitorear, ya que no es un delincuente ni tiene libertad condicional. Mientras, Pourrain intentará volver a la vida que tuvo antes de cargar el estigma del inmigrante ilegal.

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