El dilema inversor: del riesgo kuka al riesgo libertario

Hay un “riesgo kuka”, del que el oficialismo alerta hasta el hartazgo. Es el riesgo de volver al pasado, a una economía plagada de controles y de ineficiencias. Es el riesgo al que le temen los inversores internacionales, que aprendieron a la fuerza que la Argentina no siempre es buena pagadora de sus promesas. Y poco colaboran a la imagen de los peronistas moderados las recientes declaraciones del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, que amenazó con “revisar absolutamente todo” y “expropiar” lo que sea necesario si el peronismo llega al poder.

Pero también hay un “riesgo libertario”, que los inversores empiezan a mensurar a medida que se multiplica la conversación electoral. Es el riesgo de un oficialismo endogámico, que avanza con anteojeras, sin vocación de consenso, aun cuando las encuestas muestran que el electorado que lo acompañó estoicamente en el proceso de cambio empieza a flaquear. También el de una gestión que perdió el lustre de lo nuevo y que muestra muchos de los vicios que otrora caracterizaron a la vieja política argentina. Y es un riesgo que pesa sobre los inversores de la economía real, que quieren tener la certeza de que eventualmente habrá una continuidad en las políticas implementadas, y que empieza a percibirse en los siempre dispuestos compradores de dólares.

La Universidad Católica Argentina (UCA) lo plasmó en estadísticas. En su Índice de Incertidumbre Económica, difundido esta semana, la política se destacó como la principal preocupación del sondeo; en segundo lugar, se ubicó la inestabilidad económica.

Algo de esto parece haber entendido el Gobierno en las últimas semanas. No hay promesa de blindaje cambiario que pueda hacer el ministro Luis Caputo que sea suficiente. El escenario cambiario y económico solo se terminará de despejar con política. Es una idea que desde las huestes del asesor Santiago Caputo vienen intentando imponer en la conversación de la mesa chica del Gobierno desde hace meses. Pero no parece haber sido tanto su capacidad de presión lo que finalmente hizo que se impusiera, sino más bien el temor al abismo.

Los primeros intentos de acercamiento de La Libertad Avanza (LLA) con el Pro no surgieron esta semana. Fueron, de hecho, pocos días antes de que terminara el Mundial de Fútbol. Las encuestas de mediados de julio ya demostraban algo que a esta altura parece una tendencia: un oficialismo sin poder recuperarse, con una porción cada vez mayor de desencantados. Este jueves, la Universidad de San Andrés difundió los resultados de su sondeo de comienzos de agosto que van en la misma dirección. Ante una eventual elección presidencial, dice, se configura un escenario de paridad técnica liderado por el peronismo (26%) y LLA (24%), con un significativo volumen de indecisos (20%).

Fue en ese momento, con el Mundial todavía dominando las pantallas, que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, comenzó con las gestiones, que terminaron por acelerarse la semana pasada, cuando empezó a incrementarse la presión sobre el mercado de cambios. El precio del dólar es siempre el límite de toda gestión. El resultado fue la foto en Casa Rosada con Santilli, Lule y Martín Menem, en representación de LLA, y Fernando de Andreis y Cristian Ritondo, por el Pro.

Una ausencia evidente es la señal de que las desconfianzas mutuas siguen vigentes. El dueño de la marca Pro, Mauricio Macri, les avisó a los propios que no habrá foto con él hasta no tener certezas de que, esta vez, el acercamiento libertario va en serio. Ya hubo demasiados amagues en el pasado que terminaron en la nada. Es un primer borrador, pero no hay contratos firmados.

Es cierto que dentro del Pro, gobernadores y figuras como las de Santilli y Ritondo pujan por un acuerdo. Quienes administran distritos no quieren que LLA aparezca, una vez más, disputándoles el poder con candidatos propios, como sucedió en las elecciones de medio término.

Pero en algunos ámbitos del Gobierno también reconocen que el “riesgo libertario” venía potenciando la desconfianza en una economía que no termina de dar buenas noticias para todo el mundo. Más allá de que no es el único factor, con desconfianza no hay anabólico que sea suficiente. Economía, no obstante, también hizo su aporte en paralelo para intentar revertir el descontento que se percibe en todas las encuestas: acaba de anunciar que dio luz verde para que los bancos presten parte de los depósitos en dólares a empresas que hasta ahora no podían tomarlos. El cambio apunta sobre todo a darle dinamismo a una de las industrias que más empleo genera y que, pese a que viene poco a poco levantando cabeza, tampoco terminaba de salir a la superficie. Y es la industria de la construcción. También, anticipó Caputo el jueves en conferencia de prensa, siguen las conversaciones con los bancos y la Anses para avanzar en algún esquema que permita extender la vida promedio de los créditos, vía la participación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

Los créditos en dólares tienen por objeto dinamizar la economía, pero también incorporar una nueva oferta de divisas al mercado. A futuro, habrá sobreoferta de divisas, una vez que terminen por desarrollarse la minería y los negocios de petróleo y de gas, pero en el corto plazo toda oferta de divisas es bienvenida. De todas maneras, nadie augura en el sistema bancario que los nuevos créditos tengan un arranque masivo. “Veo poca demanda de estos préstamos; no creo que cambie significativamente el escenario. Con las tasas en dólares bajas como están, se estará subsidiando a algunos de los sectores a los que mejor les está yendo; no tiene sentido”, se sinceró el número uno de un banco de primera línea. “Para reactivar hay que dar fondeo para hipotecarios porque los bancos ya quedamos descalzados con los préstamos que dimos”, advirtió.

En el sistema financiero admiten que, si bien la mora en individuos empieza a controlarse, no sucede lo mismo con las pymes. “El costo de riesgo de pymes dejó de empeorar, solamente”, confía un banquero. “En los balances pega poco, porque la cartera es chica, pero es un indicador de que no hay recupero de la actividad”, reconoce.

Más allá de que se niegue en público, en el Ministerio de Economía lo saben. Cerrar con superávit en agosto se ha vuelto una tarea ciclópea. Por las dudas, la orden es frenar pagos hasta los últimos días del mes. Solo hubo una excepción para la provincia de Santa Fe: este mes se le dieron anticipos de coparticipación por $150.000 millones. Se supone, como viene sucediendo con otras provincias aliadas, que los anticipos son reintegrables. En lo que va del año se otorgaron $3,4 billones, pero hasta ahora ninguna provincia devolvió un peso. Nadie lo espera al final y al cabo. Todo tiene una respuesta contable (y política). El Gobierno encanuta los pesos que debiera coparticipar automáticamente del fondo de los combustibles, que se contabilizan como gasto, pero otorga en cambio adelantos que se consideran contablemente como acreencias. Los pesos del fondo de los combustibles se distribuyen, además, a todas las provincias acorde a la ley de coparticipación; los adelantos, en cambio, son 100% discrecionales. Premios y castigos para los amigos.

En el sector privado también se asienta la expectativa de que el derrame económico de las industrias más beneficiadas hacia los sectores más rezagados no sucederá en los próximos meses. La Cámara de Comercio e Industria Franco Argentina (CCI) le encargó a la consultora Abeceb, de Dante Sica, un sondeo entre todas las empresas francesas que operan en el país. Los resultados, que aún no son públicos, dado que podrían presentarse como parte de la Semana Argentina en París, prevista para los primeros días de octubre, son bien reveladores. El 90% de las compañías –que en el país emplean entre todas unas 42.000 personas y facturan unos US$26.000 millones– dijeron ser optimistas con respecto a la economía argentina. Pero apenas el 20% afirmó tener confianza en que su sector va a crecer. En otras palabras, el negocio pasará por ganar participación en una torta que no va a ampliarse.

La Embajada argentina en París está terminando de definir los detalles de lo que espera será otro de los eventos en agenda con los que el Gobierno espera retomar la iniciativa. La Semana Argentina en París, del 31 de septiembre al 2 de octubre, ya tiene lugar reservado: la espectacular sede de la OCDE, el Château de la Muette. Tal como sucedió en Nueva York, están confirmadas las presencias de los representantes de las empresas de petróleo y gas, de minería y de agro que operan en el país. También está prevista la presencia del presidente, Javier Milei, quien podría reunirse con el presidente francés, Emmanuel Macron. Y habrá anuncios de inversiones. La empresa cerealera Louis Dreyfus Company, que en junio pasado anunció una mega inversión de US$400 millones para construir una planta de procesamiento de soja y girasol en Bahía Blanca, tendría previsto anunciar otra inversión por monto similar. Desde la compañía en la Argentina, sin embargo, dijeron no estar al tanto del tema.

En términos generales, ya los hilos que unen a la geopolítica con el mundo corporativo no se disimulan. Las declaraciones del embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, con respecto a la inclusión de empresas de tecnología chinas, como Huawei, en negocios estratégicos en la Argentina no dan lugar a dudas. “Empresas estadounidenses y del mundo quieren entrar a la Argentina, pero quieren garantías de que sus datos son protegidos y están en redes de confianza”, advirtió en un seminario sobre energía. “¿Por qué en uno de los países más libres del mundo, como es Estados Unidos, no se pueden comprar ni vender equipos Huawei?”, apuntó.

Ya Lamelas, sin hacerlo público, se había garantizado que en la licitación de la Hidrovía, no importa quién fuera el ganador, la tecnología quedaría en manos de empresas amigas. En este caso, fue Indra, la empresa española que en el país suele participar de los procesos electorales. Un acuerdo sellado en silencio, que ayudó a que la licitación de la Hidrovía finalmente quedara en manos de Jan De Nul, pese a los reclamos de la otra interesada, la también belga Deme, que tenía detrás a fondos norteamericanos. Con China fuera de la provisión de tecnología, quién terminará operándola quedó en un segundo plano entre las prioridades del gobierno norteamericano.

También en el vínculo con el gobierno brasileño se juega en el mediano plazo la suerte del Mercosur. El mes pasado, el senador y candidato presidencial Flávio Bolsonaro le envió una carta al representante comercial de Estados Unidos en la que pidió que Brasil “se libere de las ataduras del Mercosur” para poder negociar de manera bilateral con Washington. Citó como precedente el camino de la Argentina de Milei. El dato importa porque, gane quien gane la elección brasileña de octubre, la suerte del bloque queda en duda. Si se impone Lula da Silva, y sigue la tensión con Buenos Aires, difícilmente el bloque pueda avanzar mucho. Si gana Bolsonaro, los dos socios mayores del Mercosur pasarían a empujar juntos contra el arreglo que deberían sostener. Son tiempos turbulentos. No todos los riesgos parecen tan medibles.


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