Boca hizo pie ante el Vélez de Guillermo y volvió a dejar buenas señales, pero se tuvo que conformar con el empate
Los hinchas se sienten en su propia casa, más allá de que el cemento es rojo. El Ducó está tapizado de azul y oro y en el banco visitante hay un ídolo de la época dorada, Guillermo Barros Schelotto, nada menos. El estadio prestado no late como la Bombonera, pero entrega buenas vibras en las tribunas. Y tiene que ver con el contagio de un equipo que juega como nunca antes en el breve ciclo de Rodolfo Arruabarrena. Sí, Boca evoluciona en su fútbol, pero esta vez no pasa del reparto de puntos. Mereció más ante Vélez, es cierto. Aunque a la hora del análisis, y muy a pesar de la victoria que se hizo esquiva en la noche de Parque Patricios, su gente deberá aferrarse al volumen del juego.
Si después de superar por penales a O’Higgins en la Sudamericana el Vasco había dicho que con aquel nivel era difícil conseguir buenos resultados, por este camino tendrá más triunfos, sin dudas. Vélez llegaba con puntaje ideal. Lo abrió rápido, pero no lo pudo sostener y sufrió el segundo tiempo. Por eso este empate tiene un sabor más gratificante en el regreso a Liniers.
Sobre todo fue un gran primer tiempo de Boca, que había mostrado virtudes para ganar incluso cuando estaba en desventaja. Porque el impacto de Vélez, a fin de cuentas, llegó a través de una pelota parada que tuvo complicidad de Alvaro Montero. El colombiano armó mal la barrera, muy flaca con dos futbolistas, y Diego Valdés expuso toda su categoría. Con un remate impecable, bien direccionado, el chileno clavó su disparo con un gol fuera de contexto.
Hasta ese momento, el dominio había sido azul y oro a partir de la buena circulación que ofrecía Leandro Paredes en la salida, pero sobre todo Tomás Aranda. Al pibe de Ciudadela le queda pintada la “10” en la espalda. Suelto, moviéndose por todo el frente de ataque, armó el circuito en el que Milton Delgado y Santiago Ascacibar -especialmente- se mostraron disruptivos y Leonel Flores, desequilibrante, muy a pesar de los cuidados que tuvieron Elías Gómez y Emmanuel Mammana.
Previo al grito del trasandino, Delgado había llegado bien pisado para sacudir el palo izquierdo de Tomás Marchiori en una jugada que construyeron Flores y Ascacibar. Ya en desventaja, y a excepción de unos momentos de zozobras que incluyeron un mano a mano de Rodrigo Aliendro que Paredes salvó en la línea de sentencia, Boca siempre tuvo más tenencia, fue más profundo y trianguló con superioridad numérica.
El rombo que formó en el 4-3-1-2 con Paredes en el inicio y Aranda en la gestación puede ser un esquema antiguo, pero efectivo cuando se despliega. Vélez tuvo un pico de buena elaboración cuando se juntaron Valdés, Manuel Lanzini y Matías Pellegrini, pero Boca se impuso por su notable rendimiento. Y el “10” avisó con un tiro de media distancia que tapó Marchiori con esfuerzo.
Hasta que logró el empate con una gran construcción, propia de lo que se estaba advirtiendo en el campo de juego. Una doble pared en la que participaron Flores y Miguel Merentiel y derivó en el gol de Ascacibar, otra vez presente en la red. Marchiori tapó el remate del juvenil, pero no pudo bloquear en el rebote que aprovechó el ex volante de Estudiantes.
Y en tiempo adicional, casi marca el segundo el Ruso. Aranda volvió a exhibir su magia con un pase extraordinario, Ascacibar la bajó, Merentiel le pegó mordido, pero la pelota volvió a la posición del rubio mediocampista, quien cabeceó en el palo. Sí, Boca a esa altura hubiera justificado viajar al descanso con el triunfo.
En el segundo tiempo, hubo dos cambios para la partida, uno de cada lado. El chico Escobar reemplazó a Valdés en Vélez y Marco Pellegrino a Ayrton Costa, que estaba amonestado, en Boca. Hubo dos situaciones de entrada, una de Blanco y otro de Flores. Después, se pinchó un buen rato hasta que los xeneizes volvieron a tomar el control del partido.
Barros Schelotto intentó ajustar con sus modificaciones y limpiar de amarillas al equipo. Sin embargo, Claudio Baeza nunca pudo imponer condiciones en el mediocampo. Y como Aranda ya estaba casando, entró Alan Velasco. Arruabarrena también cambió la referencia del área: salió Merentiel y entró Milton Giménez.
Y justamente, combinó Velasco con Paredes y el remate de Ascacibar se perdió apenas afuera. Después, volvió a aparecer el Ruso en posición de remate y su disparo también pasó muy cerca. Hubo otra intervención del volante platense y un tiro de Paredes que tapó Marchiori. No fue la única de atajada del arquero en esos minutos agresivos de Boca. Además, le tapó un remate cruzado a Flores.
Luego de esa jugada, el chico dejó la cancha y lo reemplazó Sebastián Villa. El colombiano buscó siempre el desborde, pero Giménez no encontró ninguna pelota clara en el mano a mano con Thiago Silvero. Y hubo otra de Ascacibar, una mediachilena, que controló el número uno mendocino.
Boca lo buscó siempre, Vélez lo aguantó. Y casi lo gana en el final, con una jugada individual del pibe Luca Feler -caño incluido- que terminó en las manos de Montero. Hubiera sido un premio demasiado gordo para el conjunto de Liniers, un castigo impropio del juego de los xeneizes, que ahora pondrán el foco en la Sudamericana, aquí mismo ante Recoleta.

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