Gimnasia se aprovechó de un River a la deriva que no juega a nada y que tampoco sabe a qué quiere jugar
River es un desconcierto. Su realidad queda plasmada en la cancha. Visitó el Bosque de La Plata y se volvió con la tercera derrota consecutiva en el inicio de este segundo semestre (la cuarta si se cuenta la final perdida con Belgrano). Fue Caperucita Roja (y blanca) y el Lobo se lo devoró para regalarle a su gente la primera victoria del campeonato y cortar una racha de nueve años sin poder ganarle al Millonario como local
El partido había entrado en zona de gol-gana en el último tramo, con Gimnasia mejor plantado y dando la sensación de que, si se animaba, podía ganarlo. Y se animó nomás. Primero lo tuvo Auzmendi tras una gran jugada y un centro de Miramón. Después llegó el centro al corazón del área que Steimbach cabeceó para desatar el delirio de los triperos. El juvenil podrá contarles a sus hijos y nietos que le ganó en el salto a un campeón del mundo como Nicolás Otamendi. Santiago Beltrán, en cambio, quedó a mitad de camino y no alcanzó a cerrar.
Pero la responsabilidad de este presente de River es mucho más grande que una jugada puntual que terminó en el gol de la derrota. Tiene un plantel en plena reconstrucción, aunque diezmado. De los 14 jugadores apartados todavía quedan nueve entrenándose por separado en el predio de Cantilo, una depuración que incluso le impide completar el banco de suplentes. Además, le faltan perfiles para desarrollar la idea que pretende Eduardo Coudet.
River no juega a nada. Tampoco queda claro a qué quiere jugar. El Chacho, de regreso en el banco tras cumplir la suspensión, cambió el esquema y apostó por un 4-2-3-1. Sin embargo, lo hizo sin extremos naturales. Joaquín Freitas, un centrodelantero, se movió por la derecha, mientras que Tomás Galván, un volante de características más internas, lo hizo por la izquierda. Y aunque el ex Vélez se cerró para facilitar las proyecciones constantes de Marcos Acuña, nunca se sintió cómodo.
Además, River es un equipo demasiado previsible. Monopoliza la pelota, pero abusa de los pases intrascendentes y, si le bloquean una de sus principales vías de ataque, no encuentra demasiadas alternativas. Una de ellas era buscar a Acuña con envíos largos para que desequilibrara por la izquierda. Gimnasia lo dobló en la marca con Bautista Barros Schelotto y Steimbach y, cada vez que pudo, atacó por ese sector.
Para colmo, Acuña debió salir en el segundo tiempo por una lesión muscular. Del otro lado, Jeremías Merlo también aprovechó los espacios que dejaba Gonzalo Montiel cuando se proyectaba. Primero definió con suavidad tras una gran corrida. Después, en una acción en la que dejó sentado a Otamendi y superó en velocidad a Acuña, que había corrido de banda a banda para cruzar, le sirvió el gol a Miramón, cuyo remate pegó en la parte externa de la red.
Gimnasia compensó la diferencia de jerarquía con esfuerzo e intensidad. Con dos líneas de cuatro, Nacho Fernández como nexo y Auzmendi como referencia ofensiva, encontró la manera de incomodar a River y apostó por el contraataque. Ariel Pereyra diseñó un gran planteo y, además, acertó con los cambios: los ingresos de Max y Zalazar le dieron aire al equipo en el tramo final. En cambio, Coudet hizo cambios figurita por figurita, más allá de haberse visto obligado a gastar dos modificaciones por las lesiones.
Lo poco rescatable de River pasó por los pies de Ángel Correa, que ganó segundas pelotas, probó al arco e hilvanó la única situación clara del Millonario en el primer tiempo al dejar a Freitas mano a mano con Insfrán. El remate del juvenil dio en la cara del arquero del Lobo. Freitas acompañó bien en ataque y hasta evitó un gol de Zalazar al incomodarlo después de correrlo de área a área. Pero faltó mucho más de Lucas Beltrán y también del respaldo de los volantes centrales, que ofrecen características muy similares.
Gimnasia jugó el partido como una final, disputó cada pelota como si fuera la última y tuvo varios puntos altos. Sobre el final, Silva Torrejón evitó el empate sobre la línea. Habría sido demasiado premio para un River que volvió a dejar una imagen muy pobre en el Bosque.

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