Periodista: Trump hizo las paces con Irán. El acuerdo provisional costó, pero se firmó. Y se puso en marcha el período de dos meses – prorrogables – destinado a forjar la paz definitiva. Lo que se buscaba de inmediato era la reapertura de la navegación por el estrecho de Ormuz. ¿Se consiguió? Sí, pero… ¿Cuánto duró? Israel no está de acuerdo con el acuerdo e hizo todo lo posible en El Líbano para torpedearlo. Irán respondió volviendo a cerrar el pasaje. ¿En qué situación estamos hoy? Las dudas que exhibe Wall Street, ¿tienen algo que ver con el conflicto? ¿O la Bolsa ya dio vuelta esa página y no mira hacia atrás?
G.G.: El acuerdo es la regla. Lo demás son excepciones. Muestras de enojo y de impotencia ante una realidad desagradable. O gestos para la tribuna. Da lo mismo. Trump tomó la decisión de terminar con la guerra hace tiempo. Irán lo dilató, se hizo rogar, y extrajo concesiones muy importantes. Las obtuvo del presidente que volteó el acuerdo meticuloso del presidente Obama de 2015. Lo importante: tanto a Trump como al gobierno de Irán el acuerdo les sirve muchísimo y van a cuidarlo. Como hicieron con la tregua frágil, precaria, poco convincente que sellaron antes, el 7 de abril, y que se mantuvo desde entonces más allá de las anécdotas de violencia.
G.G.: Se abrió y se cerró. Está abierto con intermitencias. Y transitarlo supone peligro. Es lógico. El acuerdo contempla una etapa inicial de adecuación. Pero lo más ilustrativo es el precio del crudo Brent. Cayó 20% el último mes. El barril cuesta hoy 77 dólares. En otras palabras, lo que cotiza es el estrecho desbloqueado como si ya no existieran obstáculos.
P.: Se alcanzó un acuerdo en Irán. Los precios de la energía se hundieron. Pero las tasas de interés, no. Y la Bolsa, que desde abril se disparó como un rayo, ahora titubea. ¿Es un coletazo heredado de la crisis? ¿O cambió el guión, y simplemente ya estamos asistiendo a otra película?
G.G.: La Bolsa anticipa. Y descontó hace tiempo el desenlace de la guerra. Con mucho acierto. Las tasas largas de interés son hoy más bajas que cuando se dudaba del acuerdo. Cuando el anuncio fue creíble, comenzaron a bajar. Pero no se olvide que hay una inflación muy alta – 4,2% – que la guerra dejó como un presente, con la que todavía hay que lidiar. Y las tasas de dos años – el tramo corto de la curva del Tesoro – siguen en alza. De manera rotunda.
P.: Por esa misma razón.
G.G.: Tal cual. Cuando empezó la contienda se ubicaban en 3,40%. Hoy están en 4,20% y llegaron a rozar 4,245%. La manera en que debutó Kevin Warsh al frente de la Fed les dio un impulso extra.
P.: Las hizo elevarse 13 o 14 puntos base adicionales.
G.G.: Warsh recordó el halcón que era en los tiempos de Ben Bernanke.
P.: Aunque habló muy poco.
G.G.: Y se apoyó en las estimaciones que hicieron los demás para confeccionar el mapa de puntos. Donde en marzo había espacio para un recorte de tasas de un cuarto de punto antes de fin de año, ahora surgió la posibilidad de una suba de la misma magnitud. ¿Es otra película, acaso? No. Es el corolario obligado de la guerra. Un residuo que requiere tratamiento.
P.: Warsh descree de la “forward guidance”. Se negó a aventurar una opinión sobre lo que hará la Fed. Pero el comunicado oficial, mucho más escueto que antes, y sus dichos en la conferencia de prensa, machacaron sobre la voluntad de cumplir con el mandato de estabilidad de precios. Y la tasa de dos años se lo tomó muy a pecho.
G.G.: Es el efecto buscado. Un endurecimiento de las condiciones financieras sugerido por una Fed que habla menos, pero que igual comunica.
P.: ¿El verdadero Kevin Warsh levantó la mano? ¿Cómo consiguió el nombramiento de Trump, quién martirizó a su antecesor, Jerome Powell, por no bajar las tasas?
G.G.: Este es el verdadero Warsh: quien se abstuvo de emitir opinión. El mapa de puntos sin la posición de Warsh es el que da a entender que la Fed se inclina ahora por subir las tasas. Pero los opinantes están divididos. Ocho quieren dejar las tasas dónde están por lo que resta del año, nueve quieren subirla (uno de ellos hasta cuatro veces) y el restante quiere bajarlas.
P.: Qué favorece Warsh personalmente, no lo sabemos.
G.G.: Cumplir con el mandato dual de la institución. Punto. Este es el verdadero Warsh, el que consiguió una votación unánime del comité, en su estreno. Y quien construye reputación sobre la base de pocas palabras y las opiniones formuladas por sus colegas. Es un estilo distinto de conducción.
P.: ¿Cree que los mercados cambiarán mucho para amoldarse?
G.G.: Ya lo están haciendo. Con aversión al riesgo, si les falta información, veremos mayores primas y más volatilidad. Pero no tiene por qué ser dramático. No se olvide de la exuberancia irracional que Alan Greenspan no pudo evitar en los años noventa a pesar de su lenguaje críptico. Warsh habló mucho en la campaña para ser elegido, cuando necesitaba concitar el apoyo de Trump. La idea suya era producir una reforma profunda de la Fed. Pero era una idea general, tampoco está definida. Habrá cinco comisiones que se ocuparán de hacer las recomendaciones pertinentes. Ahí se verá se sobreviene una mutación profunda, más allá de los cambios cosméticos que ya vimos que llevan su sello.
P.: La Bolsa comenzó a corregir en las últimas semanas después de un rally que comenzó en abril, en plena guerra, y la catapultó casi 19%. ¿Qué anticipa? ¿Una Fed más dura de lo que pensaba? ¿Warsh la obligó a modificar sus planes?
G.G.: La Bolsa está digiriendo la colocación masiva de SpaceX. Y ello involucra una revisión amplia de la exposición a tecnología, que creció muchísimo en estas últimas semanas. Ese es el principal motivo de estas escaramuzas. Por supuesto, una FED más agresiva que lo previsto contribuye a sacudir la modorra. Ya vimos a principios de mes que la fuerte resurrección en la creación de empleo de mayo – antes que asumiera Warsh – tocó un nervio potencialmente sensible.
P.: Pese a ello el lanzamiento de SpaceX se produjo después con gran algarabía y a una valuación increíble.
G.G.: Un cuarto de punto de tasa más o menos no le hará mella. No es la razón. La Bolsa, como usted dijo, avanzó casi 20% desde abril, durante la guerra y a pesar de que la guerra suprimió toda posibilidad de rebajar las tasas de interés como la Fed insinuaba en marzo. Así que ese no es el problema. Aunque sí pueda usarse como excusa. SpaceX, los semiconductores (incluyendo, la caída de 10% en el Kospi de Seúl), otra oleada de dudas sobre la Inteligencia Artificial y el enorme gasto en infraestructura, esos son los temas que incomodan. Nada nuevo, salvo SpaceX (¿para qué quiere ahora colocar un bono y hacerse de 100 mil millones de dólares de efectivo?). Es un reflejo periódico. Cada tanto, después de cada avance electrizante, el mercado agita el firmamente para cerciorase de que no esconde alguna novedad negativa que pudiera estar agazapada. Hoy mismo, en paralelo, dos bancos de inversión, Barclays y Stifel, aumentaron sus pronósticos para el S&P 500 a fin de año. Ven un techo de 7800 puntos a caballo de una economía firme y ganancias muy robustas.

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