El acuerdo de paz que discuten EEUU e Irán todavía no existe. La guerra continúa. La tregua oficial del 7 de abril, también. Aunque los ataques recrudecieron pari passu con los titulares que presagian la inminencia de un entendimiento. Cuando se gestó la tregua, en la antesala del cese de fuego, ocurrió lo mismo: se desató un pico de hostilidades que luego se apagó. Como si las negociaciones requiriesen, a modo de recordatorio, una muestra extra de rigor para destrabarse. Nadie más activo en ese terreno, entonces y ahora, que Israel, que influye sobre el presidente Trump, pero no participa de las discusiones.
¿Cuán cerca está el acuerdo? Imposible saberlo de antemano. La realidad desmintió ya una catarata de anuncios similares vertidos por la Casa Blanca. ¿Por qué esta vez debería ser diferente? En principio, es la primera vez desde que comenzó la guerra que EEUU e Irán coinciden en la comunicación de avances y, sobre todo, en la intención de llegar a un acuerdo de paz y de reabrir la navegación comercial por el estrecho de Ormuz. Este último punto es vital para la economía global, ya afectada por el encarecimiento de la energía y los fertilizantes y con una primera oleada de alzas en la inflación. Pero de persistir el bloqueo, las subas serán mayores. Es que la demanda de energía deberá destruirse (en el caso del petróleo crudo, aprox. 10%) para ser compatible con la rígida oferta disponible. El shock inflacionario se agravará y se combinará con una fuerte caída de la actividad.
¿Esta vez es diferente? Es la primera vez que Irán difunde un supuesto borrador del memorándum. La Casa Blanca negó su veracidad, calificándolo de “completa fabricación”. Según la televisión iraní, Teherán aceptaría restaurar la navegación por Ormuz en un mes, a cambio de que EEUU levante el bloqueo naval y retire fuerzas militares de zonas sensibles.
El borrador señalaba que Irán y Omán supervisarían las rutas comerciales y el tránsito de buques mercantes por el estrecho. Normalizada la situación en 60 días, el acuerdo sería elevado a Naciones Unidas.
Washington desmiente esos términos, pero despejar Ormuz es la prioridad. “El estrecho de Ormuz debe abrirse de inmediato”, escribió Trump, dejando en claro que EEUU no quiere ceder el control. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, también rechazó cualquier sistema de peajes en el paso marítimo.
¿Cuán cerca entonces está el acuerdo? Este es el principal punto a resolver. La experiencia de Bab el Mandeb muestra los riesgos de acuerdos débiles. Los hutíes representan una amenaza constante y alteraron rutas comerciales. Omán propone un esquema similar al de Turquía en el Bósforo, con libre tránsito pero con tasas por servicios.
El acuerdo debe superar profunda desconfianza entre las partes. Sin embargo, el mercado ya descuenta su concreción. Sin acuerdo, el mundo enfrenta una crisis energética. Aun así, el precio del petróleo Brent cayó 11,9% en la última semana y cerró en 91,89 dólares; el WTI en 87,76, lejos de los picos de marzo.
Los mercados financieros reflejan expectativas: las tasas del Tesoro a 30 años bajaron tras superar el 5%, mientras que la inflación sigue firme. La Fed de Atlanta proyecta un crecimiento del 3,8%, lo que mantiene el foco en los precios.
La Bolsa tampoco duda: apuesta a que el conflicto será contenido. Los índices siguen en alza, impulsados por la inteligencia artificial y resultados corporativos sólidos.
El acuerdo puede demorarse, y la reapertura de Ormuz llevará tiempo. Las probabilidades de normalización en junio no superan el 30%. Irán controla el estrecho y no cederá sin concesiones.
La inflación le ganó de mano a la paz en Irán: +3,8% interanual en abril, duplicando la meta del 2%. ¿Llegará el acuerdo a tiempo para evitar subas de tasas? Las expectativas ayudaron a bajar rendimientos largos, pero la tasa a dos años (4,01%) sigue presionando.
“La inflación es elevada, y ya lo era antes de la guerra”, advirtió Anna Paulson. La Fed, ahora bajo Kevin Warsh, mantiene una postura de “ver y esperar”. La suba de tasas no está prevista para junio, pero sí podría discutirse eliminar el sesgo bajista.
Mientras tanto, otros bancos centrales como el BCE y el de Japón podrían subir tasas. La Fed tiene tiempo hasta julio. Tiempo que depende, en última instancia, de que el acuerdo con Irán se concrete y Ormuz vuelva a operar con normalidad.

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